El Comando Sur de los Estados Unidos ha implementado una estrategia sistemática de ataques e interceptaciones de lanchas rápidas en el Pacífico ecuatoriano, bajo la premisa de combatir el tráfico ilícito de estupefacientes, específicamente la cocaína y el fentanilo. De acuerdo con datos proporcionados por personal del Comando Sur y reportados por la agencia Reuters, estas operaciones han resultado en la interceptación de 46 embarcaciones en las proximidades de la Zona Económica Exclusiva del Ecuador. De este total, 38 lanchas fueron hundidas, basándose en la justificación de que representaban un peligro para la navegación.
A pesar de la visibilidad de estas operaciones, analistas y expertos señalan que la estrategia conlleva un elevado costo político y que su capacidad para producir resultados significativos es limitada. El núcleo del problema reside en que las embarcaciones rápidas, conocidas técnicamente como "go-fast boats", no representan la vía principal de transporte de la droga. Según los datos analizados, estas lanchas transportan apenas el 20 % de la cocaína que es traficada. La gran mayoría del cargamento, correspondiente al 80 % restante, es ocultado en contenedores de comercio internacional legal, utilizando la infraestructura de grandes navieras para su traslado.
Esta disparidad en los métodos de transporte responde a una lógica económica estrictamente ligada a la rentabilidad del negocio ilícito. En el mercado europeo, donde el precio de la cocaína puede alcanzar los 80 dólares por gramo, el uso de contenedores permite reducir drásticamente los costos logísticos. Si las organizaciones criminales dependieran predominantemente de las lanchas rápidas, los costos operativos aumentarían significativamente, lo que reduciría el margen de ganancia de los traficantes. Por lo tanto, el flujo principal de la droga evita las rutas vulnerables a los ataques navales, optando por la integración en el comercio global legal.
En cuanto al fentanilo, la situación presenta una dinámica distinta que hace que las operaciones navales sean aún menos efectivas. Actualmente, la producción de esta droga se concentra en México y Centroamérica. En estas regiones, las organizaciones criminales ya cuentan con acceso a los precursores químicos necesarios, eliminando la dependencia de la adquisición de estos insumos desde China. Una vez producido, el fentanilo ingresa a los Estados Unidos principalmente por vía terrestre. Esta realidad logística limita severamente la eficacia de las operaciones del Comando Sur en el mar, ya que la cadena de suministro del fentanilo no depende de las rutas marítimas interceptadas en el Pacífico.
A este panorama se suma una transformación preocupante en el mercado interno de consumo en Estados Unidos. Se ha detectado que el fentanilo está siendo mezclado con frecuencia con xilazina, una combinación conocida como "Tranq Dope". Lo más crítico de este fenómeno es que la producción de esta mezcla ocurre mayoritariamente dentro del territorio estadounidense. Además, los efectos de la xilazina no pueden revertirse mediante el uso de Narcan, el fármaco estándar utilizado para combatir las sobredosis de opioides, lo que agrava la crisis de salud pública.
En conclusión, el enfoque actual de los Estados Unidos, basado en respuestas militares convencionales y ataques a embarcaciones rápidas, es percibido como una medida que combate únicamente la manifestación más visible del problema. Al centrar los recursos en la interceptación de un porcentaje menor del tráfico marítimo, se ignoran las cadenas de valor reales: el transporte masivo en contenedores legales para la cocaína y las rutas terrestres para el fentanilo, así como la producción química interna de sustancias sintéticas letales.


