La apicultura en Nicaragua enfrenta una crisis profunda debido a los efectos del cambio climático y el fenómeno meteorológico “El Niño”. Esta situación ha provocado una caída drástica tanto en el acopio interno como en las exportaciones de miel, impactando directamente la economía de aproximadamente 1,000 familias que dependen de esta actividad en los departamentos de Managua, León, Chinandega, Matagalpa, Madriz y Boaco.
De acuerdo con las proyecciones del Ministerio de Agricultura (MAG), el panorama para el año 2026 es alarmante. Mientras que en el ciclo productivo 2024-2025 se logró una producción de 1,593.1 toneladas de miel —cifra que representaba un incremento del 9.8% respecto a las 1,450.4 toneladas del ciclo anterior—, las autoridades estiman que para 2026 la producción descendirá a tan solo 668.3 toneladas. Esto supone una contracción del 58.1% en el volumen de producción nacional.
Este desplome productivo tiene una repercusión inmediata en los ingresos por exportaciones. Según el Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio, se proyecta exportar 400.8 toneladas métricas de miel de abejas con un valor estimado de 1.3 millones de dólares. Esta cifra representa una disminución del 53.4%, tanto en volumen como en valor monetario, si se compara con el año 2025, periodo en el cual Nicaragua colocó 859.7 toneladas en los mercados internacionales, generando ingresos por 2.8 millones de dólares.
Un dato particular es que los precios internacionales se han mantenido estables, situándose en 3,300.9 dólares la tonelada en 2025 y 3,300 dólares para 2026. Sin embargo, la estabilidad de los precios no ha sido suficiente para mitigar la angustia de los productores, quienes han visto cómo sus cosechas se evaporan debido a la inestabilidad climática.
El testimonio de los apicultores refleja la gravedad de la situación. Un productor identificado como Pancho, quien opera en el norte del país, relata que entre 2024 y 2025 logró producir 2,000 litros de miel, obteniendo un ingreso bruto de aproximadamente 400,000 córdobas mediante la venta a cooperativas y comerciantes locales. No obstante, en el presente ciclo, a pesar de haber trasladado sus colmenas a zonas con climas más favorables y extender el periodo de acopio hasta junio, solo consiguió obtener 300 litros.
Por su parte, Uriel Jarquín, productor de Muy Muy, Matagalpa, confirmó que sus rendimientos fueron "sumamente bajos", reduciéndose en más de un 50%. Jarquín explicó que el proceso productivo fue afectado por dos extremos climáticos: un exceso de lluvias al inicio de la temporada de floración, seguido de una sequía severa al final del periodo.
Este desequilibrio climático altera la fecha de floración de las plantas o interrumpe el proceso por completo. Cuando esto ocurre, las abejas dejan de producir miel y comienzan a consumir las reservas que tenían almacenadas, lo que reduce drásticamente la cantidad de producto disponible para el consumo interno y la exportación.
Ante esta crisis, el Instituto de Protección y Sanidad Animal (IPSA) ha brindado apoyo técnico a los productores. Las recomendaciones incluyen la formación en manejo de plagas y estrategias de adaptación al cambio climático, tales como el traslado estratégico de las colmenas: llevarlas a zonas montañosas durante el verano y bajarlas a zonas más cálidas en el tiempo frío. Asimismo, se ha sugerido la alimentación artificial de las abejas con miel mezclada con azúcar para sostener la producción.
A pesar de estos esfuerzos, el riesgo persiste. Los productores han observado un aumento en la migración de las abejas en busca de mejores climas, lo que podría llevar a una caída aún mayor de la producción. Además, la escasez de agua derivada de la variación climática amenaza no solo la apicultura, sino también otros rubros esenciales como el café, el ganado, el maíz, los frijoles, el arroz y la caña de azúcar, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y económica de la región.


