El mercado laboral se enfrenta a un desafío creciente que ha dejado de ser un fenómeno puntual para transformarse en un problema estructural. Según un reciente estudio publicado por la consultora KPMG, el absentismo laboral no deja de aumentar, reflejando una realidad compleja que afecta tanto a la productividad de las empresas como a la organización del trabajo en el país. La magnitud de esta situación se traduce en una cifra impactante: cada día, un total de 1,6 millones de personas están ausentes de sus puestos de trabajo.
El análisis detallado de la consultora revela que el primer trimestre del año comenzó con un repunte significativo de las bajas de corta duración. Un dato particularmente relevante es la concentración de estas ausencias, que tienden a producirse principalmente los lunes y los viernes. Esta tendencia, que ha ganado fuerza en los últimos años, muestra un patrón claro al afectar mayoritariamente a los trabajadores menores de 35 años. Según el informe, este comportamiento se ha mantenido y continuado durante el inicio del año 2026, consolidando una tendencia preocupante entre las generaciones más jóvenes de la fuerza laboral.
A pesar de la visibilidad de estas ausencias puntuales, la raíz del problema reside en la denominada "enfermedad común". Los expertos de KPMG señalan que ocho de cada diez ausencias laborales no previstas —aquellas que se categorizan estrictamente como absentismo— se deben a procesos de incapacidad temporal por contingencias comunes. En términos técnicos, esto implica que se trata de bajas prescritas por un médico debido a una enfermedad o lesión que no guarda relación alguna con el desempeño del puesto de trabajo o el entorno laboral del empleado.
Desde la perspectiva empresarial, no todas las bajas tienen el mismo impacto. Francisco Fernández Díez, socio responsable del área laboral de KPMG Abogados, ha advertido que las bajas por enfermedad común son las más dañinas para las organizaciones. De manera más específica, el mayor impacto negativo se genera con aquellas ausencias que duran menos de tres días. Estas interrupciones breves, aunque parezcan menores, dificultan la planificación operativa y afectan la eficiencia de las compañías de forma más severa que las bajas prolongadas.
El estudio también pone el foco en la estructura económica de estas ausencias y cómo afectan la remuneración del trabajador. En el sistema actual, cuando un empleado se encuentra de baja por enfermedad común, lo habitual es que no perciba ninguna prestación económica entre el primer y el tercer día de ausencia. No obstante, existen excepciones dependiendo de lo que establezca el convenio colectivo de cada sector, ya que muchos acuerdos incluyen mejoras que cubren estos días iniciales. Una vez superado este periodo, la prestación se ajusta: del cuarto al vigésimo día, el trabajador cobra el 60% de la base reguladora, mientras que a partir del día 21, la prestación asciende al 75%.
Para comprender por qué el absentismo sigue creciendo, KPMG identifica diversos factores determinantes. Entre ellos destaca el envejecimiento de la población activa, que conlleva una mayor incidencia de problemas de salud, y el aumento de las patologías vinculadas a la salud mental, que generan incapacidades temporales. Asimismo, la duración de ciertos procesos médicos y las dificultades existentes para agilizar el proceso de reincorporación al trabajo contribuyen a elevar las cifras de absentismo.
El informe subraya que la falta de coordinación entre la sanidad pública y la privada es uno de los obstáculos principales para una vuelta rápida al trabajo. En este sentido, se sugiere que el papel de las mutuas en la gestión de las altas médicas podría reforzarse para mejorar la eficiencia del proceso. Finalmente, la consultora critica la rigidez del modelo español de bajas y altas médicas, proponiendo una transformación hacia un sistema de reincorporación gradual. Esta propuesta contempla la implementación de bajas parciales, permitiendo que el trabajador regrese a su puesto de manera progresiva, adaptándose a su estado de salud y reduciendo el impacto del absentismo estructural.


