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Jubilados en Bolivia denuncian pensiones insuficientes y exigen reformas al sistema de aportes

Llegar a la altura de los sesenta años es cuando ... Leer más

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Jubilados en Bolivia denuncian pensiones insuficientes y exigen reformas al sistema de aportes
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El sistema de jubilación en Bolivia atraviesa una crisis profunda debido a pensiones insuficientes que no garantizan una vejez digna. Mientras miles de trabajadores civiles enfrentan montos reducidos que contrastan con el alto costo de vida, el sector militar mantiene privilegios significativos, percibiendo sueldos completos al retirarse, lo que ha generado un fuerte sentimiento de injusticia estructural. Esta precariedad económica ha provocado que numerosos profesionales mayores de 65 años se resistan a jubilarse por temor a caer en la pobreza. Ante este escenario, diversas organizaciones exigen la devolución de sus aportes y una reforma legal que ajuste el cálculo de la esperanza de vida a 80 años para incrementar el monto de las pensiones mensuales.

El sistema de jubilación en Bolivia se encuentra en el centro de un intenso debate debido a la insatisfacción de miles de trabajadores que, al alcanzar la edad de retiro, se enfrentan a montos pensionarios que consideran insuficientes para garantizar una vejez digna. La transición de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) hacia la actual Gestora Pública no ha logrado mitigar la brecha entre las expectativas de los aportantes y la realidad económica de sus beneficios.

Durante décadas, los trabajadores bolivianos, ya sea en el sector público, privado, medianas actividades o como emprendedores, han cumplido con aportes obligatorios mensuales que oscilaron entre los 400 y 3.000 bolivianos, dependiendo de sus escalas salariales. Este esfuerzo financiero se realizó bajo la premisa de que la Constitución Política del Estado garantizaría una pensión acorde a las necesidades básicas del momento del retiro. Sin embargo, la realidad administrativa actual muestra un panorama distinto.

Se han reportado casos donde los jubilados, tras completar sus trámites, reciben notificaciones de pensiones que rondan los 2.800 bolivianos, una cifra que resulta insuficiente frente al costo de vida actual. Esta situación ha generado una sensación de engaño entre la clase trabajadora y profesional, quienes sienten que las promesas de justicia social y vejez digna no se han materializado.

Uno de los puntos más críticos de la controversia es la marcada desigualdad en el sistema. Mientras que el trabajador promedio percibe montos reducidos, el sector militar mantiene privilegios significativos, percibiendo el 100 por ciento de sus sueldos al jubilarse, con desembolsos que varían entre los 8.000 y 20.000 bolivianos. Esta disparidad es señalada como una injusticia estructural que ha persistido a través de diferentes modelos económicos.

Desde una perspectiva histórica, se critica tanto al periodo neoliberal, que permitió que transnacionales manejaran los recursos de los aportes generando ganancias económicas, como a los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce. Se argumenta que, bajo la bandera del socialismo, se prometió la mejora de estas rentas, pero en la práctica se mantuvieron los privilegios militares mientras se descuidaba la economía de los jubilados civiles.

Este escenario ha provocado que miles de personas mayores de 65 años se resistan a jubilarse. En sectores como la salud, el magisterio, el ámbito universitario y diversas empresas privadas, persiste una cantidad considerable de profesionales adultos mayores que continúan trabajando. Esta decisión no responde únicamente al deseo de mantenerse activos o útiles, sino al temor real de sufrir una caída drástica en su nivel de vida, lo que podría derivar en situaciones de pobreza o la necesidad de recurrir a actividades informales de supervivencia en la vejez.

Ante esta crisis, diversas organizaciones de jubilados y aportantes en las ciudades de Bolivia han reabierto el debate sobre posibles soluciones legales y administrativas. Una de las demandas principales es la devolución de los aportes realizados durante los años de actividad laboral. Asimismo, se discute un proyecto de ley que propone modificar el cálculo de la esperanza de vida utilizada para determinar el monto de las pensiones.

Actualmente, el sistema parece calcular los beneficios basándose en una expectativa de vida de entre 100 y 120 años, lo que reduce drásticamente el monto mensual. La propuesta ciudadana plantea ajustar estos cálculos a los 80 años, cifra considerada como la esperanza de vida real de la mayoría de la población boliviana, lo que permitiría incrementar el monto de las pensiones actuales.

El análisis de expertos, como la especialista Silvia Mune, sugiere que la jubilación no debe verse como un final, sino como una etapa de vida que puede durar hasta 20 años más, requiriendo planificación y proyectos para evitar la incertidumbre. Mientras tanto, los sectores afectados hacen un llamado al gobierno de Rodrigo Paz y a la Asamblea Legislativa Plurinacional para que revisen la situación normativa, recordando que los actuales legisladores también enfrentarán el proceso de jubilación en el futuro.

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