El deporte posee una capacidad singular para transformar el mundo, inspirar y unir a las personas. Como señaló Nelson Mandela, esta disciplina tiene incluso más capacidad que los gobiernos para derribar barreras raciales. En sintonía con esta visión, el Papa Francisco ha destacado la importancia del "hoy" como un momento de disciplina y oportunidad, donde el esfuerzo compartido, reflejado en el acto de "sudar la camiseta", permite experimentar la pertenencia a una familia de hermanos.
La trayectoria del fútbol es un hilo conductor que une diversas culturas y épocas. Sus orígenes se remontan a prácticas como el Tsu Chu en China y el Kemari en Japón, pasando por las competencias del episkiros o epikoinos en la Antigua Grecia y la esferomaquia en Roma. Esta evolución culminó en el football inglés, que posteriormente se expandió desde España y Gran Bretaña hacia el Río de la Plata, transformando un deporte de potrero en la dimensión masiva que posee hoy.
Inicialmente, la práctica de juegos con pelota se intensificó durante el tiempo de ocio de los trabajadores, extendiéndose a las esquinas y barriadas periféricas de las ciudades, lo que le otorgó su carácter popular. En España, la institucionalización formal llegó en 1902, cuando el rey Alfonso XIII organizó la "Copa de la Corona", torneo ganado por el Barcelona. Desde Europa, el deporte navegó hacia Uruguay y Argentina, impulsado principalmente por la cultura británica y los empleados de los ferrocarriles.
En el Cono Sur, hitos clave marcaron su implantación. En 1867, los hermanos Thomas y James Hogg organizaron el primer partido en Palermo y fundaron el Buenos Aires Football Club, mientras que Alexander Watson Hutton fundó el Buenos Aires English High School. En Uruguay, el Albion Football Club nació a finales del siglo XIX. A este proceso se sumaron inmigrantes españoles e italianos, y la Iglesia Católica, que utilizó la incorporación de canchas en parroquias y colegios como una herramienta de evangelización en sectores periféricos.
La influencia de la Iglesia Católica fue determinante. Jules Rimet, católico practicante y primer presidente de la FIFA en la década de 1920, lideró la entidad durante 33 años y fue el impulsor del Mundial. Para Rimet, el torneo no era solo una competencia, sino una oportunidad para fortalecer la paz, fomentar la solidaridad y superar divisiones entre naciones.
En Argentina, el cura salesiano Lorenzo Massa promovió el deporte en el Oratorio San Antonio de Padua en Almagro para alejar a los jóvenes de los peligros de la calle, fundando en 1908 el club San Lorenzo. Este modelo de "parroquia, colegio y canchita" se replicó en clubes como San Telmo, San Miguel y el Patronato de la Acción Católica en Paraná, fundado en 1914 por el padre Bartolomé Grella. Esta labor misionera se extendió por gran parte de Latinoamérica. Incluso los pontífices han compartido esta pasión: Juan Pablo II fue arquero del KS Cracovia y el Papa Francisco es un conocido hincha de San Lorenzo, destacando que el fútbol conduce al respeto, la disciplina y la amistad fraterna.
El primer Mundial se celebró en 1930 en Uruguay, con 13 selecciones; Uruguay resultó campeón y Argentina subcampeón. Tras suspensiones en 1942 y 1946 por la Segunda Guerra Mundial, el torneo ha mantenido su periodicidad. La 23ª edición concluye actualmente con la participación de 48 selecciones.
Más allá de lo deportivo, el fútbol es un factor de cohesión social e identidad nacional. El uso de este espectáculo para visibilizar causas trascendentes, como la recuperación de las Malvinas, es considerado un acto patriótico que no debe ser descalificado como una transgresión a las reglas deportivas. Esta capacidad de unificación fue ejemplificada por Nelson Mandela en Sudáfrica, logrando que personas de distintas razas convivan con respeto.
En la actualidad, el deporte se ha convertido en la industria más grande del mundo, con una economía que supera a la de muchas naciones. Mueve anualmente entre 200.000 y 300.000 millones de dólares y genera más de 2 millones de empleos. Con más de 5.000 millones de aficionados, su impacto en el PIB mundial es de 41.000 millones de dólares.
El Mundial 2026 representa un giro financiero significativo. Con la expansión a 48 selecciones, la FIFA ha incrementado los premios a un total de 727 millones de dólares, de los cuales 655 millones corresponden al rendimiento de las selecciones. Además, cada federación recibió 1,5 millones de dólares para gastos logísticos, impulsado por el crecimiento de los derechos de televisión, plataformas digitales y patrocinadores.


