El Reino Unido se enfrenta a un momento de profunda incertidumbre económica y social. Con servicios públicos bajo una presión constante, una economía que lucha por despegar y una mejora en los niveles de vida que se ha estancado en las últimas décadas, el ánimo nacional se describe como sombrío. En este contexto de inestabilidad política, que parece haberse convertido en la nueva normalidad, Andy Burnham emerge como la figura destinada a intentar revertir la situación.
El exalcalde del Gran Manchester asumirá este lunes el cargo de primer ministro, convirtiéndose en el séptimo líder del país en una década. Burnham sucede a Keir Starmer como líder del gobernante Partido Laborista y ha llegado al poder prometiendo al país el inicio de “una nueva era de posibilidades”.
A diferencia de su predecesor, Burnham es reconocido como un comunicador nato. Su estilo, descrito como desenfadado, simpático y cercano —caracterizado por un sentido del humor basado en “chistes de papá” y una vestimenta smart-casual—, contrasta con la falta de carisma atribuida a Starmer. Sin embargo, su perfil no es solo mediático; cuenta con una amplia trayectoria política como miembro del Parlamento y ministro del gabinete antes de trasladar su enfoque a Manchester en 2017.
El eje central de su propuesta es el llamado “manchesterismo”. Esta marca de socialdemocracia, que combina un enfoque favorable a las empresas con el fortalecimiento del poder local, es el modelo que Burnham pretende trasladar desde el noroeste de Inglaterra hacia la capital y el resto del territorio británico. “Voy a darle a Gran Bretaña el cortacircuitos que necesita”, afirmó el político durante el lanzamiento de su tercera candidatura al liderazgo del partido en los últimos 16 años.
Los resultados en el Gran Manchester sirven como carta de presentación. Durante sus nueve años como alcalde, Burnham supervisó una región cuya economía creció aproximadamente al doble de la tasa nacional. La transformación de la ciudad es palpable. Testimonios locales, como el de Lucy Ellison, gerente de cafetería, destacan que Manchester se siente hoy como una ciudad diferente, llena de panaderías independientes y tiendas de vino peculiares que antes no existían.
Esta energía optimista se refleja en el auge de emprendimientos locales como Hip Pop, una marca de kombucha y refrescos que comenzó en una cocina familiar en 2019 y que hoy se distribuye en los principales supermercados del país y en Europa. Asimismo, la ciudad ha atraído a una masa de jóvenes profesionales que migran desde Londres, atraídos por una vida nocturna vibrante, cultura de primer nivel y un costo de vida más asequible.
En el ámbito cultural, la apertura de Aviva Studios en 2023 representa la inversión más significativa en un proyecto de este tipo en el Reino Unido desde la inauguración de la Tate Modern en Londres. Este centro, que actualmente alberga una exposición de Ai Weiwei, es parte de una estrategia de revitalización que ha convertido a Manchester en un destino atractivo para la inversión extranjera, situándola entre las 15 ciudades europeas principales en esta materia.
No obstante, este renacimiento no fue inmediato ni producto del azar. Richard Leese, quien lideró el Ayuntamiento de Manchester entre 1996 y 2021, explica que la recuperación fue impulsada por un plan estratégico a largo plazo con alianzas público-privadas para mejorar la infraestructura y la educación. Un punto de inflexión fue la reconstrucción del centro tras el atentado del IRA en 1996. Además, la estabilidad política local, con una mayoría laborista sostenida, permitió ejecutar cambios constantes.
Si bien a Burnham se le atribuye la mejora drástica del transporte público, ejemplificada en la red de autobuses amarillos “Bee”, los desafíos que enfrenta a nivel nacional son monumentales. El éxito de Manchester no ha sido uniforme en toda la región, que aún presenta carencias superiores al promedio nacional. A nivel país, Burnham tendrá que lidiar con finanzas públicas débiles, un aumento en la factura del bienestar social y un creciente desempleo juvenil.
Además, el tiempo juega en su contra. Con las próximas elecciones generales previstas para mediados de agosto de 2029, es posible que solo le queden tres años para implementar cambios estructurales. Economistas como Paul Dales, de Capital Economics, han expresado escepticismo, señalando que el diagnóstico de Burnham es “estrecho” al centrarse excesivamente en el poder local y el control gubernamental, ignorando problemas más profundos de baja inversión, bajo ahorro y falta de productividad de la fuerza laboral.
A pesar de las críticas técnicas, defensores como Richard Leese sostienen que el optimismo de Burnham es una herramienta esencial. Según Leese, el gobierno anterior falló al pasar seis meses subrayando lo mal que estaba la situación en lugar de proyectar un futuro brillante. Para sus seguidores, la capacidad de recuperar la confianza en sí mismo es el primer paso para que Gran Bretaña vuelva a hacer cosas, tal como lo hizo Manchester.


