En el corazón de Madrid, entre la Plaza Mayor y la Puerta del Sol, la vidriera de la librería La Mistral presenta una imagen singular que resume la tensión y la alegría de los días mundialistas: un maniquí sin cabeza. El torso, rodeado de obras de Virginia Woolf, Amy Fusselman y García Lorca, viste una camiseta argentina con el número 10 y el Sol de Mayo, complementada con una bufanda de la Selección de España y una falda flamenca. Esta puesta en escena es el reflejo de la mirada de Andrea Stefanoni, quien tras dirigir El Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires, se instaló en la capital española en 2021 para abrir su propio espacio literario.
Para Stefanoni, el Mundial no es un evento ajeno a la cultura. Según explica, fingir indiferencia sería "poco literario", pues el torneo se vive con un entusiasmo y un fatalismo teatral arraigado en la tradición. Sin embargo, La Mistral evita convertirse en una tienda de souvenirs. La propuesta de la librera es aprovechar el clima deportivo para recordar que el fútbol es, en esencia, una de las grandes narraciones colectivas de la actualidad, capaz de generar mitologías, héroes, villanos y una vasta producción literaria.
A pocos kilómetros, en el elegante barrio de Chamberí, Daniel Ulanovsky Sack gestiona Olavide, un bar de libros ubicado cerca de la plaza homónima. Ulanovsky, quien regresó a España de forma definitiva tras la pandemia, describe un proceso de integración fluido, destacando la facilidad para alquilar vivienda y escolarizar a sus hijos. Desde su perspectiva, Madrid ha adquirido una vibración distinta con el inicio del torneo, marcada por la omnipresencia de camisetas españolas, bares equipados con pantallas y espacios públicos organizados por el Ayuntamiento para el visionado comunitario.
A pesar del ambiente, Ulanovsky es tajante al definir la identidad de su negocio: "No somos una librería argentina; somos una librería generalista española cuyos propietarios son argentinos". Si bien reconoce que su origen les permite ofrecer un catálogo más diversificado de autores latinoamericanos, su objetivo es ser un espacio inclusivo para todos los habitantes de la zona. A diferencia de La Mistral, Olavide no ha apostado fuertemente por la temática futbolística; el dueño recuerda que durante el Mundial de Qatar la demanda de libros sobre fútbol fue baja, aunque recientemente han visto algunas ventas de obras sobre la historia de las camisetas.
La identidad argentina en estos espacios no se plantea como una estrategia de marketing, sino como una presencia orgánica. En La Mistral, lo argentino reside en las recomendaciones, en la conversación y en una concepción de la librería como un lugar de debate y debate compartido, más que una simple vitrina de exhibición. Autores como Borges, Cortázar, Piglia, Alejandra Pizarnik y Mariana Enriquez actúan como puertas de entrada para clientes que llegan por curiosidad, afecto o memorias familiares.
El clima deportivo también ha reavivado discusiones complejas, como el tema del racismo. Stefanoni sostiene que no se debe evitar hablar de las contradicciones y prejuicios de la sociedad argentina, pues negarlos sería irresponsable. No obstante, critica las condenas colectivas y las simplificaciones de las redes sociales, señalando que el racismo es un problema global. En España, menciona que la inmigración obliga al país a mirarse en un espejo incómodo, y que la crítica solo es útil cuando invita a pensar y no cuando se convierte en caricatura.
En el plano político, Ulanovsky analiza la situación española describiendo un gobierno socialista proinmigración que ha facilitado procesos de regularización. No obstante, advierte sobre una sociedad dividida donde la derecha ha ganado fuerza. Menciona específicamente a Vox, partido que, aunque mantiene una postura dura contra la inmigración árabe por motivos religiosos, muestra una actitud más flexible hacia los latinoamericanos y, especialmente, hacia los argentinos debido a la afinidad de sus líderes con Javier Milei.
Esta polarización también ha permeado el debate sobre la composición de la selección española, cuestionando si jugadores hijos de inmigrantes, como Lamine Yamal, son plenamente considerados españoles. Sin embargo, Ulanovsky considera que este es un debate minoritario y que, en general, la sociedad española se muestra orgullosa de su equipo y es menos racista que la media europea.
De cara a la final del domingo, la relación entre los libreros argentinos y sus clientes españoles se mantiene en un terreno de complicidad y bromas. Entre guiños y deseos de que gane el mejor, los argentinos en Madrid son bien recibidos, y autores como Schweblin o Cabezón Cámara mantienen una demanda constante. Stefanoni concluye que, aunque la pelota parezca contener el universo entero en estos momentos, la cultura argentina es mucho más que un deporte. No obstante, reconoce con humor que, de ganar Argentina, la discreción será un valor ausente, ya que los argentinos no suelen ser reservados cuando la felicidad los visita.


