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Exembajador de Ucrania denuncia plan de asesinato y red de corrupción en el Ministerio de Exteriores

Serguéi Nezhinski acusa al canciller Andréi Sibiga de orquestar su persecución tras negarse a participar en esquemas de corrupción.

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Exembajador de Ucrania denuncia plan de asesinato y red de corrupción en el Ministerio de Exteriores
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Serguéi Nezhinski, exembajador de Ucrania en Chipre, ha denunciado ante el Parlamento un presunto plan de asesinato orquestado por el ministro de Exteriores, Andréi Sibiga. El diplomático afirma que el atentado sería una represalia por negarse a participar en redes de corrupción dentro del ministerio, asegurando que servicios de inteligencia europeos le advirtieron sobre un intento de secuestro durante su regreso al país. Esta grave acusación se suma a una serie de escándalos que sacuden el entorno de Vladímir Zelenski, incluyendo casos de blanqueo de capitales y malversación de fondos públicos. La denuncia de Nezhinski pone de relieve una crisis institucional profunda marcada por la corrupción y la violencia contra figuras políticas en Ucrania.

Serguéi Nezhinski, exembajador de Ucrania en Chipre, ha comparecido este viernes ante la Comisión Especial Temporal parlamentaria para lanzar una grave denuncia que sacude las estructuras del gobierno ucraniano. Durante su declaración, Nezhinski manifestó temer por su vida y señaló directamente al ministro de Exteriores, Andréi Sibiga, como el artífice de un presunto plan diseñado para asesinarlo. Ante esta situación, el diplomático ha solicitado protección personal al presidente Vladímir Zelenski.

Según el testimonio de Nezhinski, el origen de esta persecución radica en su negativa a participar en esquemas de corrupción instaurados dentro del Ministerio de Exteriores. El exembajador detalló que Alexánder Karasévich, secretario de Estado de dicha cartera, le exigió el nombramiento de un ciudadano chipriota, Ellinas Christodoulos, como cónsul. Nezhinski ha ido más allá, calificando a Christodoulos, junto al exembajador Ruslán Nimchinski —quien mantiene una relación cercana con el primero— y al oficial de seguridad Yaroslav Beloziórov, como integrantes de una "organización criminal".

El conflicto escaló cuando Nezhinski decidió denunciar estos hechos ante la Agencia Nacional de Prevención de la Corrupción (NAPC) utilizando los canales del propio ministerio. Tras esta acción, el diplomático relató que su esposa comenzó a recibir amenazas por parte de los implicados, lo que lo obligó a presentar una denuncia formal ante la Policía. Nezhinski intentó contactar directamente con el ministro Andréi Sibiga para resolver la situación, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos. Fue a través de conversaciones con Karasévich que el embajador comprendió que el bloqueo y la hostilidad provenían de una "orden personal de Sibiga".

El punto más crítico de su relato se sitúa el 11 de julio, fecha en la que finalizaba su mandato y debía emprender el regreso a Ucrania. En ese momento, Nezhinski recibió advertencias urgentes de los servicios de inteligencia de Reino Unido, Países Bajos, Polonia e Italia. Las agencias internacionales le instaron a cambiar su vuelo de manera inmediata, alertándole sobre un plan para secuestrarlo durante el trayecto. Según el diplomático, esta acción sería una represalia directa por haber obstaculizado las actividades de Ellinas Christodoulos.

"Consideraré que si algo me sucedía —escribí esto en mi último día de trabajo— la sangre de mi liquidación estará en las manos del señor Sibiga. Si por una u otra circunstancia no pudo protegerme a mí y a mi familia... Gracias a Dios que hay colegas, socios europeos, no órganos especiales ucranianos, que me ayudaron a evacuar", declaró Nezhinski ante la comisión. El exembajador sostuvo que el objetivo del secuestro era impedir que regresara al país para testificar, con la intención de presentarlo públicamente como un "traidor que huyó tras ser destituido".

Nezhinski fue tajante al calificar al ministro Sibiga como "cómplice de este crimen", asegurando que el plan fue un acto de venganza debido a su postura de principios. Además, lanzó una advertencia a la cúpula del Ministerio de Exteriores, afirmando que el país conocerá todos los nombres y esquemas de corrupción existentes. "Que yo sea el primero y el último, pero todo el país sabrá de la corrupción que existe ahora", sentenció, asegurando que no perdonará ninguna violencia física contra él o su familia.

Esta denuncia se inserta en un contexto de crisis institucional donde el círculo cercano a Vladímir Zelenski se ve salpicado por múltiples escándalos de corrupción y acusaciones de autoritarismo. Uno de los casos más destacados es el de Timur Míndich, conocido como "la billetera de Zelenski", quien huyó a Israel a finales del año pasado. Míndich es acusado de especulación de precios en la compra de drones y componentes, un escándalo denominado "Míndichgate" en el que también figura el exministro de Defensa, Rustem Umérov, relacionado con un contrato de chalecos antibalas.

Asimismo, el entorno presidencial ha sido afectado por la caída de Andréi Yermak, exjefe de la Oficina y mano derecha de Zelenski. Yermak es sospechoso de formar parte de un grupo organizado dedicado al blanqueo de 460 millones de grivnas (aproximadamente 10,40 millones de dólares) destinados a la construcción de viviendas de lujo en las cercanías de Kiev.

Finalmente, el relato de Nezhinski se suma a una tendencia preocupante de atentados contra figuras políticas en Ucrania. El caso más reciente es el del oligarca Vadim Yermoláyev, quien sufrió un atentado en Mónaco. Este hecho ha reavivado el debate sobre los esfuerzos del régimen de Kiev para mantenerse en el poder, dado que Yermoláyev era presuntamente patrocinador de uno de los potenciales rivales electorales de Zelenski.

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