¿Es posible conservar tejidos blandos después de 452 millones de años? Un equipo de la Universidad de Oklahoma lo ha logrado al analizar un fósil de Dendrocrinus simcoensis, un crinoideo hallado en Canadá.
Este descubrimiento es extraordinario porque la preservación de partes blandas en estos animales, parientes de las estrellas de mar y los erizos, es casi imposible. Según la paleontóloga Lena Cole, se requirió un "refrigerador natural": un enterramiento rápido, baja actividad bacteriana y condiciones químicas específicas. En este caso, la mineralización en pirita, el mineral conocido como el "oro de los tontos", permitió conservar detalles anatómicos que usualmente desaparecen con el tiempo.
El estudio, publicado en Royal Society Open Science, identificó la preservación de pies ambulacrales. Estas pequeñas prolongaciones flexibles, que miden en promedio 0,41 milímetros, no servían para caminar, sino para capturar partículas de alimento en suspensión y llevarlas hacia la boca.
El paleontólogo David Wright señala que la forma y disposición de estos pies son claves para entender la dieta y el entorno del animal. La estructura sugiere que el Dendrocrinus simcoensis pudo haber adoptado una postura de alimentación multidireccional o cónica, diferente a la de muchos crinoideos actuales.
Un dato relevante es que el fósil no provino de una excavación reciente, sino de una revisión de ejemplares en el Musée de paléontologie et de l’évolution de Montreal. El ejemplar, originario de la cantera Saint-Joachim en Québec, funciona como una cápsula del tiempo que revela cómo funcionaban las estructuras más delicadas de los océanos primitivos, millones de años antes de los primeros dinosaurios.
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