En un emotivo acto de homenaje y despedida celebrado en la Plaza José Martí, ubicada en la avenida Las Américas de la capital, un grupo de profesionales de la salud cubanos marcó el cierre de su misión médica en Guatemala. Durante la ceremonia, los especialistas compartieron sus reflexiones sobre los retos enfrentados, los logros alcanzados y el impacto humano de su labor en diversas regiones del país centroamericano.
Entre los colaboradores destacados se encontró una profesional oriunda del municipio Colombia, en la provincia oriental de Las Tunas. Para ella, la culminación de esta misión representa el cierre satisfactorio de un ciclo de trabajo intenso. Con una trayectoria internacional que incluye servicios previos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, la especialista centró su labor más reciente en el departamento suroccidental de San Marcos, desempeñándose específicamente en las localidades de San Marcos, San Lorenzo y San Pedro.
Al analizar su paso por estas comunidades, la profesional Suárez describió una realidad marcada por contrastes, donde coexistieron experiencias gratificantes con situaciones profundamente dolorosas. En su relato, enfatizó la crítica situación de salud que encontró en las zonas más vulnerables, señalando con preocupación la prevalencia de niños con cuadros de desnutrición y la llegada de mujeres embarazadas al momento del parto sin haber recibido atención prenatal previa.
Según explicó la especialista, la falta de control prenatal conlleva complicaciones graves tanto para el recién nacido como para la madre. Uno de los problemas más recurrentes que identificó fue la hipertensión arterial en mujeres gestantes; describió que muchas pacientes arribaban a la consulta con la presión alta, una condición que persistía desde el inicio del embarazo pero que nunca había sido detectada por falta de acceso a servicios médicos. Esta situación se agravaba en las comunidades más remotas, donde la profesional Suárez observó con tristeza a personas que, en el transcurso de toda su vida, jamás habían recibido atención médica, padeciendo enfermedades crónicas y transmisibles sin tratamiento.
En el mismo sentido, el doctor Rubén Merino, proveniente de Holguín, compartió su experiencia en el departamento de Alta Verapaz, específicamente en el municipio Fray Bartolomé de las Casas y la aldea Tuilá. Merino, quien cuenta con misiones previas en Gambia, Venezuela y Guinea Ecuatorial, resaltó la importancia de la integración exitosa en los colectivos locales y la adaptación a los sistemas y planes de trabajo establecidos, reconociendo que este proceso de inserción no siempre es sencillo de lograr. Durante su estancia, participó activamente en jornadas de salud y diversas actividades comunitarias. Asimismo, destacó la presencia de la leishmaniasis, una enfermedad infecciosa parasitaria que llamó su atención debido a que no existe en Cuba.
Por su parte, el doctor Milder Miguel Álvarez, originario del municipio Jiguaní en la provincia de Granma, también brindó servicios en Fray Bartolomé de las Casas, específicamente en la aldea Chal. Álvarez describió sus casi tres años de labor como un periodo largo y arduo, justificado por la alta necesidad de asistencia sanitaria en la zona. Definío a la población atendida como personas muy humildes y de escasos recursos, con un nivel sociocultural bajo, pero que manifestaron un profundo y descriptible amor hacia la misión médica cubana.
El médico, quien anteriormente había servido en dos misiones en Venezuela, subrayó que la despedida estuvo marcada por el llanto y el sentimiento sincero de sus pacientes, compañeras de labor y mujeres embarazadas. Álvarez confesó experimentar sentimientos encontrados en este momento de partida: la alegría de regresar a su patria para reencontrarse con sus hijos y su familia después de mucho tiempo, contra el dolor de dejar atrás a personas que ya consideraba como amigos y familia en la aldea de Chal.
El acto de despedida reflejó el balance general de los colaboradores, quienes, a pesar de la satisfacción del deber cumplido y el deseo de retorno, manifestaron la tristeza de dejar diagnósticos pendientes o tratamientos que no pudieron concluirse totalmente debido al fin de su periodo de servicio en el territorio guatemalteco.


