Durante su discurso sobre el Estado de la Unión realizado en febrero, el presidente Donald Trump utilizó una de sus habituales improvisaciones para describir su gestión. "Por favor, por favor, por favor, señor presidente, estamos ganando demasiado, no podemos soportarlo más", manifestó el mandatario, sugiriendo que la magnitud de los éxitos alcanzados por su administración habría dejado desconcertados a algunos ciudadanos. En este marco, y tras atravesar un periodo marcado por una guerra, sentencias clave de la Corte Suprema y una actividad constante en redes sociales, Trump se atribuye su mayor victoria hasta la fecha: haber devuelto la grandeza a Estados Unidos en el marco de su 250 aniversario.
Sin embargo, el análisis de su gestión revela una mezcla de realidades objetivas y dosis de hipérbole. Mientras el presidente se enfoca en dejar un legado tangible a través de construcciones de cemento y mármol, que incluyen un arco triunfal y un salón de baile en la Casa Blanca, persiste la duda sobre si sus logros serán verdaderamente trascendentales o si se desvanecerán tras su mandato.
Uno de los ámbitos donde se refleja esta dualidad es el judicial. Recientemente, la Corte Suprema concluyó una serie de veredictos emitidos durante el verano. En términos generales, la mayoría conservadora del tribunal ha ampliado la autoridad presidencial, compartiendo la aspiración de una presidencia más fuerte. En materia de inmigración, Trump ha obtenido victorias políticas significativas, como la decisión de los magistrados de limitar la intervención de tribunales inferiores en casos de personas procedentes de países devastados por la guerra, como Siria y Haití, quienes poseen estatus de protección temporal. Asimismo, se le ha permitido reactivar una política para limitar las solicitudes de asilo en los puertos de entrada.
No obstante, la Corte Suprema también ha actuado como un freno al poder ilimitado del presidente cuando el texto de la Constitución es claro. El tribunal ha derribado dos pilares fundamentales de la agenda MAGA. En febrero, se frustró la guerra comercial de Trump al dictaminar que la ley no permite al presidente imponer aranceles de manera unilateral. Más recientemente, el tribunal anuló el decreto presidencial que buscaba acabar con la ciudadanía por derecho de nacimiento. El presidente de la Corte Suprema, John Roberts, subrayó que la intención de los autores de la 14.ª Enmienda era inequívoca, afirmando que el tribunal simplemente cumple esa promesa.
En el plano político interno, Trump mantiene un dominio considerable sobre el Partido Republicano, regodeándose especialmente en la derrota de legisladores disidentes durante las primarias. A pesar de esto, hay señales de que su control podría estar menguando. El caos registrado recientemente en la mayoría republicana de la Cámara de Representantes ha amenazado sus esfuerzos por mejorar un historial legislativo estancado. Paralelamente, una facción anti-Trump en el Senado está bloqueando la aprobación de una ley destinada a reducir el número de votantes en las elecciones de mitad de mandato.
A nivel internacional, el presidente afirma vivir una racha de victorias, asegurando que Estados Unidos ya no es el "hazmerreír" y que es el país más poderoso del mundo. Como ejemplo de este poder, destaca la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por fuerzas especiales. Sin embargo, críticos y expertos señalan que este enfoque ha dejado al país aislado y ha generado desconfianza global. Un ejemplo es la guerra con Irán, que tras éxitos militares iniciales ha degenerado en un punto muerto. El memorando de entendimiento para finalizar el conflicto otorgaría a Teherán beneficios considerables, y el éxito final dependerá de que la República Islámica renuncie permanentemente a las armas nucleares.
En relación con la OTAN, Trump podrá presumir del aumento del gasto en defensa de los aliados, lo que el secretario general Mark Rutte denominó "El billón de Trump". A pesar de esto, la alianza transatlántica se muestra tambaleante y las relaciones con líderes aliados, incluida la primera ministra italiana Giorgia Meloni, se han fracturado.
Dentro de la administración, el esfuerzo de Elon Musk por desmantelar el aparato administrativo estatal a través de DOGE y la eliminación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) son vistos por sus seguidores como victorias contra las élites. No obstante, la desaparición de USAID implica la pérdida de una herramienta de poder blando que salvó millones de vidas en el mundo en desarrollo.
Finalmente, el balance económico presenta una contradicción. Mientras el gabinete celebra que el Dow Jones supere los 50.000 puntos y que los indicadores de desempleo y PIB sean sólidos, los votantes expresan preocupación por el costo de la vivienda, la salud y los alimentos. Si estas preocupaciones derivan en una derrota republicana en noviembre, la percepción de triunfo de Trump podría verse seriamente cuestionada. La posteridad, según se analiza, no lo juzgará por sus propias métricas, sino comparándolo con figuras como Lincoln o Roosevelt, evaluando si sus victorias perduran más allá de la expansión de la autoridad presidencial.


