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Estados Unidos e Irán firman tregua para detener la guerra y reaperturar el Estrecho de Ormuz

El memorando de entendimiento, un marco de 14 puntos para las conversaciones sobre una paz permanente, también ha sobrevivido a las sospechas de muchos legisladores estadounidenses de que consagra una derrota para su país.

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Estados Unidos e Irán firman tregua para detener la guerra y reaperturar el Estrecho de Ormuz
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Estados Unidos e Irán han firmado un memorando de entendimiento en Francia para detener sus hostilidades y establecer una hoja de ruta hacia la paz permanente. Motivados por los costos económicos prohibitivos y la presión política interna, ambos países han logrado una tregua que ya permite la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz, aliviando una crisis petrolera global que amenazaba con desestabilizar la economía estadounidense. A pesar del optimismo, el acuerdo es frágil y limitado. Incluye el levantamiento de sanciones petroleras y la posible liberación de activos congelados, pero enfrenta obstáculos críticos como la disputa sobre las inspecciones nucleares y el rechazo de Israel a someterse a los términos del pacto. Con un plazo de solo 60 días para el tránsito gratuito de buques, Irán mantiene el control del estrecho como su principal moneda de cambio en las negociaciones.

Estados Unidos e Irán han dejado de estar abiertamente en guerra tras la firma de un memorando de entendimiento en Francia por parte del presidente Donald Trump. Este documento, que establece un marco de 14 puntos para iniciar conversaciones hacia una paz permanente, ha logrado detener los combates, una pausa que no estaba garantizada debido a medio siglo de hostilidad entre Washington y Teherán, así como a un historial de acuerdos de paz fallidos en la región.

A pesar de que diversos legisladores estadounidenses sospechan que este acuerdo consagra una derrota para su país, el memorando ha sobrevivido porque los costos de retomar el conflicto resultan prohibitivos para ambas naciones. Este escenario se ve agravado por la agitación política interna en Estados Unidos ante las próximas elecciones de mitad de mandato. El presidente Trump ha manifestado que no está dispuesto a asumir el precio económico de continuar la guerra, mientras que Irán encuentra beneficios inmediatos en la tregua sin haber renunciado a su posición negociadora fundamental.

Uno de los beneficios más tangibles para Estados Unidos es la reapertura del Estrecho de Ormuz. Según datos de Kpler, el tráfico marítimo aumentó drásticamente, registrando 70 cruces el miércoles, más del doble de lo observado el martes, aunque la cifra sigue siendo inferior a los 100 cruces habituales previos al conflicto. No obstante, la reapertura es parcial: Irán mantiene la exigencia de permisos para navegar por el corredor norte del canal y la presencia de minas en el centro restringe el tráfico a una única ruta que bordea la costa omaní.

La fragilidad de la situación quedó evidenciada el pasado jueves, cuando un funcionario estadounidense informó a CNN que un buque de carga fue alcanzado por un dron iraní en el estrecho. Este incidente interrumpió las operaciones para evacuar a miles de marineros que permanecían atrapados en el Golfo Pérsico desde el inicio de las hostilidades. A pesar de esto, el incremento en el flujo de buques cisterna es visto como un paso hacia la normalización del mercado petrolero mundial.

El cierre previo del estrecho provocó la mayor crisis petrolera de la historia, con un costo estimado por JPMorgan de 1.600 millones de barriles de petróleo. Esta situación derivó en precios elevados y una reducción de reservas que afectó la confianza del consumidor y amenazó la economía estadounidense. El propio Trump admitió que esto podría haber causado una “catástrofe económica” comparable a la Gran Depresión bajo el mandato de Herbert Hoover.

Sin embargo, el acuerdo actual es limitado. El pacto para permitir el paso de buques sin peaje tiene una duración de solo 60 días. Tras este periodo, Irán y posiblemente Omán podrían comenzar a cobrar peajes de entre 1 y 2 dólares por barril, lo que generaría millones de dólares diarios para Teherán. Asimismo, el levantamiento de sanciones por parte del Tesoro estadounidense permite a Irán volver a vender petróleo. TankerTrackers reportó que Teherán exportó 3,8 millones de barriles inmediatamente después de que Estados Unidos levantara el bloqueo naval, principalmente hacia China. Se estima que Irán podría vender unos 2 millones de barriles diarios, un tercio más que antes de la guerra, sin necesidad de ofrecer descuentos.

En el ámbito financiero, Irán exige el acceso a más de 100.000 millones de dólares en activos congelados en bancos globales para aceptar un acuerdo a largo plazo. Aunque el memorando indica que estos fondos estarán “totalmente disponibles” para el banco central iraní, no se han definido plazos ni alcances. Además, se menciona la posible creación de un fondo de inversión de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán, financiado por capital privado y no por contribuyentes estadounidenses.

En cuanto a la cuestión nuclear, Donald Trump afirmó que se permitiría el acceso de inspectores de la ONU a Irán “¡¡¡para siempre!!!”, una medida celebrada por el vicepresidente J.D. Vance. No obstante, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, sugirió que Teherán solo reconoce sus obligaciones con el Tratado de No Proliferación Nuclear, sosteniendo que cualquier inspección debe esperar a un acuerdo definitivo. La OIEA, por su parte, sostiene que el memorando le otorga un papel fundamental.

Finalmente, el acuerdo exige el cese de operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano. Este punto es el más vulnerable, ya que Israel no se considera obligado por el pacto y el gobierno de Benjamin Netanyahu mantiene el resentimiento por el fin de la guerra, insistiendo en su libertad para proteger su seguridad. Mientras tanto, Irán utiliza la amenaza de volver a cerrar el estrecho como una nueva baza en las negociaciones.

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