En los últimos meses, una gran parte de los analistas de la industria petrolera y diversos medios de comunicación han tenido que rectificar sus predicciones. Mientras que las proyecciones más alarmistas sugerían que el precio del crudo podría alcanzar los 200 dólares por barril y que la gasolina rompería todos los récords históricos, la realidad del mercado ha seguido un camino muy distinto. A pesar de enfrentar uno de los mayores shocks de suministro en la historia, los precios nunca se acercaron al récord establecido en 2008, ni la gasolina y el diésel superaron sus máximos de 2022. De hecho, tras el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán, los precios del petróleo experimentaron una caída abrupta, describiéndola el presidente Donald Trump como un descenso "como una roca".
El análisis de este fenómeno revela que el mercado del petróleo es significativamente más flexible y complejo de lo que anticipaban los expertos. Según Peter Taylor, jefe de estrategia de materias primas en Macquarie Group, los mercados tienden a resolver los problemas de manera más eficiente de lo esperado. El shock de suministro fue, en efecto, masivo: el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán interrumpió aproximadamente 13 millones de barriles diarios, lo que representa una quinta parte del suministro mundial. JPMorgan estima que, entre febrero y agosto, la economía global habrá perdido un total de 1.600 millones de barriles.
A pesar de este escenario, el Brent nunca superó los 115 dólares y el petróleo estadounidense no alcanzó los 113 dólares por barril. Este comportamiento se explica por varios factores amortiguadores. Primero, el mundo inició el conflicto con 407 millones de barriles de petróleo utilizable en almacenamiento, según datos de JPMorgan. A esto se sumó una liberación récord de 400 millones de barriles provenientes de las reservas estratégicas de la Agencia Internacional de Energía (AIE) y la decisión del gobierno de Donald Trump de levantar las sanciones al petróleo ruso e iraní, lo que inyectó cientos de millones de barriles adicionales al mercado.
Además, existieron factores imprevistos que ayudaron a estabilizar la oferta. Natasha Kaneva, jefa de estrategia global de materias primas de JPMorgan, señaló la sorprendente cantidad de suministro que logró salir del estrecho de Ormuz a pesar del bloqueo. Aproximadamente 2 millones de barriles por día fueron transportados por barcos que apagaron sus transpondedores para salir furtivamente del golfo Pérsico.
Por otro lado, la demanda de petróleo cayó mucho más de lo previsto. JPMorgan estima que las consecuencias de la guerra de Irán destruyeron la demanda de 800 millones de barriles entre febrero y agosto. China fue el actor principal en esta reducción: gracias a sus reservas previas, un cambio masivo hacia plantas de energía a carbón y el impulso a los vehículos eléctricos, la demanda china disminuyó en 3,6 millones de barriles por día (2,6 millones por el cambio energético y 1 millón por la movilidad eléctrica, según la AIE y Kpler).
En cuanto a la producción, Brasil y Venezuela incrementaron su actividad, mientras que Estados Unidos actuó como proveedor de último recurso, mitigando la escasez de diésel en Australia y de combustible para aviones en Europa.
Hacia el futuro, el mercado anticipa que la reapertura del estrecho de Ormuz liberará unos 93 millones de barriles varados. Además, se espera que la producción no regrese a niveles anteriores, sino que aumente. Jason Tuvey, de Capital Economics, prevé que Arabia Saudita impulse su producción para su recuperación económica y que los Emiratos Árabes Unidos, tras salir de la OPEP, aumenten considerablemente su oferta. La AIE estima que esto podría generar un excedente mundial de 5 millones de barriles por día el próximo año.
Sin embargo, persisten riesgos operativos. Los inventarios en Cushing, Oklahoma, cayeron por debajo de los 19 millones de barriles, el nivel más bajo desde 2014, situándose por debajo de los niveles de estrés operativo. Alan Gelder, de Wood Mackenzie, advierte que, aunque el 90% de la producción previa a la guerra podría regresar en seis meses, volver a la normalidad total tomará más tiempo. Asimismo, la necesidad de China y otros países de rellenar sus inventarios podría restaurar la demanda hasta el año 2027, sugiriendo que los precios podrían no tener mucho más margen para caer.


