El presidente Donald Trump dio inicio el pasado miércoles por la noche a las celebraciones del 250 aniversario de Estados Unidos mediante un discurso en el que sugirió que la grandeza actual de la nación en este momento histórico se debe, en gran medida, a su propia gestión. El evento, desarrollado en el National Mall, comenzó con el sobrevuelo de aviones militares y la interpretación de éxitos patrióticos por parte de la banda de la Infantería de Marina, agrupación que el propio mandatario apadrina. Trump subió al escenario mientras era recibido con la canción “God Bless the USA” de Lee Greenwood, el himno habitual de sus campañas.
En circunstancias habituales, un mandatario podría haber utilizado este hito para reflexionar sobre los esfuerzos de Estados Unidos por cumplir su promesa fundacional, analizar sus fracasos, sus procesos de redención y el camino pendiente. Sin embargo, el presidente, quien ha manifestado su intención de reformar la narrativa histórica en algunos de los museos más importantes del país, pareció priorizar su propio lugar en la historia. Esta actitud resultó discordante para diversos sectores, especialmente considerando que su índice de aprobación se situaba en el 36 % según la última encuesta de CNN, lo que indica que la mayoría de los ciudadanos se oponían a él en una fecha trascendental.
Durante su intervención, Trump hizo una breve referencia a los valores de la Declaración de Independencia para luego centrarse en la actualidad. Declaró que “Estados Unidos ha vuelto” y aseguró haber rescatado a un “país muerto” en un periodo inferior a dos años. En su discurso, enumeró una serie de logros, algunos reales y otros exagerados, estableciendo una comparación directa con lo que calificó como el “desastre total” de la administración de Joe Biden, llegando a afirmar que el país se encuentra actualmente en una “edad de oro”.
El tono partidista del evento no pasó desapercibido. Trump reaccionó con furia ante la renuncia de varios artistas que decidieron no participar en el acto inaugural de la Gran Feria Estatal Americana por considerar que el evento se había politizado. Ante esto, el presidente prometió redoblar sus esfuerzos mediante la organización de un mitin de campaña. Esta decisión reforzó las críticas de sus detractores, quienes sostienen que el mandatario pretende transformar el 250 aniversario de la nación en una celebración personal.
Ken Martin, presidente del Comité Nacional Demócrata, expresó su malestar a través de un comunicado, señalando que mientras los ciudadanos se reúnen para conmemorar la fundación del país, Donald Trump se dedica a gastar dinero en eventos ostentosos con temática personal, trasladando el costo a los contribuyentes. La falta de respuesta del presidente ante estas críticas es vista por analistas como un reflejo de su método político, basado más en el dominio que en la búsqueda de consensos.
A pesar de las críticas, el discurso fue recibido con entusiasmo por una multitud compuesta mayoritariamente por sus seguidores. El presidente, elegido en dos ocasiones, representa a millones de personas que sienten que la economía y el sistema político los han abandonado, y que perciben un desplazamiento social y cultural excesivo hacia la izquierda. Entre los logros destacados que gozan de apoyo entre sus bases se encuentran la seguridad en la frontera sur y la ley de reducción de impuestos. Asimismo, gran parte de la población coincide en el elogio a las fuerzas armadas, independientemente de su postura sobre la guerra en Irán.
En Washington, ciudad de tendencia liberal, algunos residentes valoran la limpieza de estatuas y la mejora de la seguridad en las calles, aunque critican la renovación del Estanque Reflectante en el National Mall y la propuesta de construir un arco triunfal. No obstante, persisten las dudas sobre si un ciudadano que no sea un ferviente admirador de Trump se sentiría bienvenido en estas celebraciones. La autoexaltación del mandatario y su defensa de políticas como las redadas de agentes del ICE, el desmantelamiento de programas de diversidad, equidad e inclusión y la guerra en Irán, sugieren una división profunda.
El contraste con administraciones previas es evidente. En el bicentenario de 1976, el presidente Gerald Ford mantuvo una postura alejada de la política. David Gergen, su asesor principal en aquel momento, había recomendado evitar cualquier insinuación partidista o eufemismo de campaña en los actos conmemorativos. En cambio, Trump ha vinculado su figura con la de los patriotas de 1776, afirmando que en los últimos 17 meses ha recuperado el poder de manos de la “lejana clase política”, reclamando la soberanía y prosperidad del país.
Este enfoque se produce en un contexto donde el mandatario ejerce el poder ejecutivo de manera agresiva. Horas antes del discurso, Trump mantuvo una reunión tensa con senadores republicanos, recriminando a quienes votaron a favor de limitar sus poderes bélicos tras el conflicto con Irán. Además, ha solicitado al Congreso una ley de registro de votantes que, según sus críticos, podría restringir libertades democráticas fundamentales.
La Gran Feria Estatal Americana, aunque busca mostrar la riqueza del país, ha visto la retirada de algunos estados gobernados por demócratas. El discurso de Trump mantuvo un enfoque cerrado, presentando únicamente a miembros de su gabinete —caracterizados por su lealtad personal— y al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, omitiendo la diversidad racial, religiosa y política de la nación. El evento concluyó sin citar a los padres fundadores, sino con los eslóganes de sus mítines: hacer que Estados Unidos vuelva a ser fuerte, orgulloso, seguro y grande, cerrando finalmente con un “Feliz cumpleaños, Estados Unidos”.


