El presidente Donald Trump tiene previsto centrar su próximo discurso nacional, programado para el jueves por la noche, en una cuestión que sus críticos califican de obsesión personal: su afirmación de que ganó las elecciones de 2020. Esta decisión ocurre en un momento en que el mandatario ha desaprovechado múltiples oportunidades para explicar a la ciudadanía estadounidense cómo su reciente escalada en la guerra contra Irán logrará la victoria o de qué manera planea aliviar los precios persistentemente altos de la vivienda, los alimentos y el combustible.
La retórica del presidente ha generado inquietud entre diversos sectores, quienes temen que este enfoque sea parte de un esfuerzo acelerado para minar la confianza en los sistemas electorales y establecer un pretexto para utilizar el poder federal con el fin de influir en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. El miércoles, al presentar un adelanto de su intervención, Trump declaró que "no hay nada más importante, porque sin elecciones libres y justas, no hay país", asegurando que, aunque tocará otros temas, se trata de un anuncio muy importante.
No es la primera vez que el presidente cuestiona la integridad de los comicios. Analistas señalan que en 2016, 2020 y 2024, a medida que se acercaban las votaciones, Trump intensificó sus esfuerzos por sembrar dudas sobre la imparcialidad del proceso. En 2020, esto derivó en una injerencia activa al negarse a reconocer la victoria de Joe Biden, culminando en los disturbios del 6 de enero de 2021, donde el Capitolio fue profanado y agentes de policía fueron agredidos. Al inicio de su segundo mandato, Trump indultó o conmutó las penas de cientos de personas condenadas por esos sucesos, lo que fue interpretado como un mensaje de aceptación hacia la violencia electoral en su nombre.
La preocupación actual se ve alimentada por el papel de Bill Pulte, director interino de inteligencia nacional, a quien el presidente habría insinuado que enviara a la agencia de espionaje para buscar pruebas de "elecciones fraudulentas". Simultáneamente, el FBI investiga las elecciones de 2020 en Georgia, estado que Trump perdió, mediante la incautación de material electoral, a pesar de que funcionarios republicanos estatales ya habían declarado dichos comicios como libres y justas tras auditorías forenses.
A nivel legislativo, la administración presiona a los republicanos para aprobar la “Ley para Salvar a Estados Unidos”. Si bien incluye reformas sobre la identificación del votante, la ley también amenaza con restringir el registro, dificultar el voto y limitar el derecho de las minorías, otorgando además mayor poder a Trump para interferir en las elecciones nacionales. Ben Berwick, del grupo Protect Democracy, sostiene que estas acciones son un intento de sembrar dudas sobre las elecciones de 2026.
Desde el Gobierno, Todd Blanche, designado secretario de Justicia, ha defendido estas medidas afirmando que el único objetivo es garantizar que "solo voten las personas con derecho a voto y que cada una vote solo una vez". Sin embargo, la lealtad al círculo íntimo de Trump parece exigir la aceptación de la creencia de que ganó en 2020. Un ejemplo de esto fue la audiencia de Jay Clayton para director de inteligencia nacional, quien evitó una declaración inequívoca sobre la legitimidad de Biden, limitándose a decir que "obtuvo la mayor cantidad de votos electorales".
Mientras tanto, algunos republicanos muestran incomodidad. El senador John Cornyn expresó que no ve sentido en reabrir el debate sobre unas elecciones ocurridas hace seis años, enfocándose más en la integridad de las próximas elecciones de mitad de mandato.
Paralelamente, el presidente parece distanciarse de sus prioridades nacionales. Ha ignorado la promoción de leyes de política interna que otorgaron reembolsos de impuestos o sus esfuerzos para abaratar medicamentos a través de TrumpRX. Incluso en viajes destinados a hablar sobre la asequibilidad, Trump suele desviarse del guion para hablar sobre su legado arquitectónico en la Casa Blanca.
La situación política de Trump se ve presionada por encuestas desfavorables. Según Reuters/Ipsos, el 79 % de los encuestados cree que la guerra contra Irán se prolongará. Asimismo, una encuesta de PBS/NPR/Marist indica que solo el 33 % aprueba su gestión económica. A esto se suma el rechazo al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), con una opinión desfavorable del 61 %, y la controversia por el incremento de su fortuna personal en 2.000 millones de dólares desde su regreso al cargo.
Finalmente, el senador demócrata Jon Ossoff ha señalado que muchos republicanos electos consideran que el presidente ha perdido el rumbo, lo que podría condenarlos a derrotas desastrosas en otoño. Ossoff criticó duramente a figuras como Mike Collins, quien basa su campaña en la negación de los resultados de 2020, teorías que, según el senador, los votantes de Georgia han rechazado repetidamente.


