La confirmación de un nuevo ciclo del fenómeno climático El Niño para el segundo semestre de 2026 ha comenzado a generar inquietud y ha entrado formalmente en el radar de los mercados globales de materias primas agrícolas. Según un análisis detallado realizado por la firma Hedgepoint Global Markets, este evento meteorológico tiene el potencial de ampliar significativamente la volatilidad en los precios de dos cadenas productivas especialmente sensibles a las variaciones de temperatura y los patrones de precipitación: el trigo y el aceite de palma.
En el caso del trigo, la atención de los analistas y operadores de mercado se centra primordialmente en Australia, que se consolida como uno de los exportadores más relevantes a nivel mundial. Históricamente, los eventos de El Niño tienden a reducir la cantidad de lluvias y a elevar las temperaturas en las regiones productoras del oeste y el sudeste del país australiano. Esta combinación de factores incrementa drásticamente el riesgo de estrés hídrico para los cultivos, lo que puede derivar en una pérdida notable de la productividad y una degradación en la calidad de los granos recolectados. Debido a la importancia estratégica de Australia en el comercio internacional de cereales, cualquier reducción significativa en su cosecha tiende a ser reflejada y precificada con rapidez por los mercados globales.
No obstante, el impacto de El Niño no se manifiesta de manera uniforme en todas las regiones productoras. Mientras que Australia enfrenta riesgos, en los Estados Unidos el fenómeno suele resultar favorable para el trigo de invierno cultivado en las Planícies. Específicamente, estados como Kansas, Oklahoma y Texas suelen experimentar una mayor regularidad en las lluvias durante estos periodos. De manera similar, en Argentina, el fenómeno de El Niño tiende a mejorar las condiciones generales de plantio y el desarrollo de la safra, especialmente cuando se produce después de ciclos caracterizados por sequías o climas neutros. Por lo tanto, el resultado final sobre la oferta global de trigo dependerá estrictamente del equilibrio entre las pérdidas proyectadas en Australia y las posibles ganancias en las Américas.
Por otro lado, la situación del aceite de palma presenta una dinámica temporal distinta, donde los efectos más severos podrían manifestarse con mayor fuerza hacia el año 2027. Indonesia y Malasia, que concentran aproximadamente el 80% de la producción mundial de este insumo, son las zonas más vulnerables. El Niño suele provocar una disminución de las lluvias y un aumento de las temperaturas en el Sudeste Asiático, generando un estrés hídrico considerable en las plantaciones. A diferencia de otros cultivos, la palma no es una cultura anual, lo que implica que los impactos más relevantes sobre la producción no son inmediatos, sino que suelen surgir entre seis y doce meses después del pico del fenómeno climático.
La preocupación de los expertos no se limita únicamente al aceite de palma, sino que se extiende a todo el complejo global de aceites vegetales. Una reducción en la oferta de palma podría desplazar la demanda hacia sustitutos directos, como el aceite de soja, el de canola y el de girasol. Este desplazamiento generaría una presión adicional sobre los precios de estos productos, intensificando la disputa por el suministro entre los sectores de alimentación humana, la producción de biocombustibles y diversos usos industriales.
Sobre este escenario, Luiz Fernando Gutierrez Roque, coordinador de Inteligencia de Mercado de Hedgepoint, ha señalado que el fenómeno El Niño puede traer problemas para el desarrollo de la safra de trigo de Australia, al mismo tiempo que puede resultar benéfico para las cosechas del cereal en Estados Unidos y Argentina. El especialista enfatiza que el efecto neto sobre el mercado global dependerá del equilibrio final entre las pérdidas australianas y las mejoras observadas en las Américas.


