La ciudad de Brest, en Belarús, fue el escenario del cierre del segundo foro internacional del Estado de la Unión este martes 23 de junio de 2026. El encuentro, que se desarrolló bajo el lema «Gran legado-futuro común», concluyó con la emisión de mensajes fundamentales por parte de los mandatarios de Rusia y Belarús, Vladímir Putin y Aleksandr Lukashenko, respectivamente.
El evento destacó por su amplia convocatoria, reuniendo a más de mil delegados provenientes de 16 naciones distintas. Entre los países representados en la sesión plenaria se encontraron Rusia, Belarús, Vietnam, Serbia, China, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, Venezuela, Azerbaiyán, Myanmar y Cuba, lo que refleja la diversidad geográfica y política de los asistentes al foro organizado por los parlamentos de Rusia y Belarús.
Durante el desarrollo de las intervenciones, los participantes pusieron un énfasis central en la preservación de la memoria histórica. Se resaltó la importancia del legado dejado por los pueblos que formaron parte de la nación soviética, subrayando especialmente su papel determinante en la derrota del fascismo. En este contexto, se recordó el altísimo costo humano de dicha lucha, que resultó en el sacrificio de aproximadamente 27 millones de vidas.
La coincidencia temporal del foro no fue casual, ya que las actividades culminaron en el marco del aniversario 85 del inicio de la Gran Guerra Patria. Según los datos históricos compartidos durante el evento, la Alemania nazi inició su ataque contra la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 a las 4:00 de la madrugada, dando inicio a un conflicto que se prolongó durante cuatro años.
Uno de los puntos más críticos de la jornada fue la intervención de Viacheslav Volodin, presidente de la Duma Estatal de Rusia. Volodin manifestó su asombro ante las acciones de algunos países que, según sus palabras, intentan reescribir la historia. El funcionario ruso subrayó que no existe el derecho a olvidar las proezas alcanzadas por las generaciones anteriores y lanzó una advertencia clara sobre la necesidad de impedir cualquier intento de destrucción de los monumentos dedicados a los soldados soviéticos libertadores.
Por su parte, el jefe de la delegación cubana, Santiago Pérez, aportó una perspectiva contemporánea al debate sobre el fascismo. Pérez señaló que el neofascismo está resurgiendo actualmente en Europa y en otras regiones del mundo. Para ejemplificar esta tendencia, el representante cubano mencionó el caso del «secuestro del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro», vinculando este hecho con el contexto global de tensiones políticas.
Asimismo, la intervención de Pérez incluyó referencias a otros conflictos internacionales, mencionando específicamente los ataques dirigidos contra Irán y la situación actual en Palestina. En relación con su propio país, el delegado calificó el bloqueo impuesto contra Cuba como «otro acto de genocidio», integrando estas denuncias dentro del marco de la lucha contra las manifestaciones modernas del fascismo.
El foro, que comenzó la víspera con diversos paneles de debate, finalizó con la sesión plenaria, consolidando el mensaje de unidad y memoria histórica entre las naciones participantes. La estructura del evento permitió que los delegados discutieran no solo el pasado, sino la construcción de un futuro común basado en el legado de quienes combatieron el fascismo hace ocho décadas y media.
En resumen, el segundo foro internacional del Estado de la Unión en Brest se posicionó como un espacio de reafirmación ideológica y diplomática, donde la lucha contra la reescritura de la historia y la condena al neofascismo fueron los ejes vertebradores de todas las discusiones y declaraciones oficiales.

