La actividad empresarial en la zona euro ha mostrado señales contradictorias durante el cierre del primer semestre del año. Según los datos más recientes de la lectura adelantada del índice PMI compuesto, el deterioro de la actividad económica continuó durante el mes de junio, aunque lo hizo a un ritmo considerablemente menos intenso que en los tres meses anteriores. El índice compuesto ascendió a 49,5 puntos, situándose por encima de los 48,5 puntos registrados en el mes de mayo.
Este incremento en el índice PMI sugiere un escenario fundamental para la estabilidad macroeconómica de la región: el Producto Interior Bruto (PIB) de la zona euro no habría experimentado cambios significativos durante el segundo trimestre del año. Este estancamiento, aunque no representa un crecimiento positivo, es suficiente para evitar que la región entre en una recesión técnica, especialmente tras haber sufrido una contracción del 0,2% durante el primer trimestre.
El análisis detallado por sectores revela matices importantes sobre la salud económica del bloque. El sector servicios, que suele ser un motor crítico para el crecimiento, alcanzó en junio los 48,9 puntos, frente a los 47,7 puntos de mayo. A pesar de que esta lectura sigue indicando una contracción de la actividad, se trata de la caída menos pronunciada de los últimos tres meses, lo que indica una tendencia hacia la estabilización. Por otro lado, el sector manufacturero logró mantenerse en terreno de expansión, registrando una lectura de 51,3 puntos en junio, una ligera disminución respecto a los 51,6 puntos alcanzados en mayo, pero manteniendo su capacidad de crecimiento.
Chris Williamson, economista jefe de S&P Global Market Intelligence, ha señalado que la economía de la zona euro está demostrando una resiliencia suficiente como para evitar, por un margen estrecho, la caída en recesión. Según el experto, los datos del PMI de junio son el indicador clave que sugiere que el PIB se ha mantenido sin cambios durante el segundo trimestre, equilibrando la balanza tras el desempeño negativo del inicio del año.
Sin embargo, el panorama no está exento de riesgos y debilidades. La reducción de la actividad total del sector privado en junio ha sido impulsada por una caída persistente en la llegada de nuevos pedidos. A esto se suma una ligera destrucción de empleo en la región, lo que refleja que la recuperación sigue siendo frágil y no se ha traducido aún en una creación neta de puestos de trabajo.
Un punto positivo dentro del informe es la moderación de las presiones inflacionistas. Se han observado indicios claros de que los costos operativos están bajando; los precios de los insumos aumentaron al ritmo más lento desde que comenzó el conflicto en Oriente Próximo. Paralelamente, los precios de venta mostraron un incremento a la tasa más débil de los últimos tres meses.
Sobre este punto, Williamson destacó que es alentador ver cómo el descenso en los precios de las energías está empezando a filtrarse hacia las empresas. Esta dinámica ha provocado que tanto las tasas de inflación de los costes de los insumos como las de los precios de venta hayan bajado en junio, sugiriendo que los precios podrían haber superado ya su punto álgido más reciente.
En cuanto a la percepción de los empresarios, la confianza empresarial aumentó por segundo mes consecutivo en junio, recuperándose tras haber tocado un mínimo de 31 meses en abril. Esta mejora en el optimismo fue generalizada, afectando tanto al sector manufacturero como al de servicios. No obstante, el sentimiento varió según la geografía: mientras que en Alemania se registró una ligera caída del optimismo, este sentimiento fue contrarrestado por una visión más positiva en Francia y en el resto de los países de la zona euro.
Finalmente, aunque las empresas de la zona euro mantienen la expectativa de que la actividad empresarial aumente durante los próximos doce meses, el sentimiento general sigue siendo relativamente decaído al proyectar la situación hacia el ecuador del año 2026.

