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Abelardo de la Espriella gana recuento preliminar de elecciones en Colombia con apoyo de Donald Trump

Un populista de extrema derecha respaldado por Donald Trump ganó el conteo preliminar de las elecciones presidenciales de Colombia con promesas de combatir la delincuencia y el conflicto armado.

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Abelardo de la Espriella gana recuento preliminar de elecciones en Colombia con apoyo de Donald Trump
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Abelardo de la Espriella, conocido como el Tigre, se impone en las elecciones presidenciales de Colombia con una propuesta de derecha populista. Respaldado por líderes como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, el exabogado penalista promete implementar megaprisiones y un recorte drástico del gasto público para transformar el país. El nuevo mandatario plantea dar un giro radical a la estrategia de Paz Total de Gustavo Petro, impulsando el Plan Colombia 2.0 mediante una ofensiva militar coordinada con Estados Unidos. Esta apuesta por la mano dura busca responder al resurgimiento de la violencia y al reclutamiento forzado en las zonas rurales. A pesar de su victoria, De la Espriella enfrenta retos críticos de gobernabilidad al carecer de representación en el Congreso y poseer una polémica situación migratoria. Su ascenso marca un hito en la tendencia regional hacia liderazgos disruptivos que priorizan la seguridad contundente sobre los procesos de negociación.

Abelardo de la Espriella, exabogado penalista y figura de la derecha populista, se ha impuesto en el recuento preliminar de las elecciones presidenciales de Colombia celebradas este domingo. Con el 99,91 % de los votos ya escrutados en una reñida segunda vuelta, el candidato de 47 años mantiene una estrecha ventaja que lo posiciona como el próximo mandatario del país. Su victoria ha sido celebrada rápidamente por el expresidente estadounidense Donald Trump, quien publicó en su plataforma Truth Social que De la Espriella "ganó a lo grande", acompañando el mensaje con un artículo sobre los resultados electorales.

El candidato, quien se hace llamar “el Tigre” y es reconocido por su retórica contundente, basó su campaña en la promesa de lanzar una ofensiva definitiva contra la delincuencia y el conflicto armado que ha azotado a Colombia durante décadas. Durante su proceso electoral, De la Espriella captó la atención del electorado al proponer soluciones rápidas a problemáticas complejas, incluyendo el legado del acuerdo de paz de 2016, el cual califica como descuidado. Esta propuesta surge en un contexto de resurgimiento de la violencia, donde grupos armados han vuelto a utilizar minas antipersona, obligando incluso a estudiantes de quinto grado en zonas rurales a recibir instrucción sobre cómo reaccionar ante municiones sin explotar.

La ascensión de De la Espriella se alinea con la tendencia de populismos de derecha observada en América Latina. El candidato ha recibido el respaldo explícito de figuras como Donald Trump, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y el presidente argentino, Javier Milei. De esta influencia se desprenden sus principales ejes de seguridad y economía: la implementación de megaprisiones, siguiendo el modelo de Bukele, y una reducción drástica del gasto público, inspirada en la retórica de la “motosierra” de Milei. Además, ha contado con el apoyo de la primera ministra italiana Giorgia Meloni y la familia del expresidente brasileño Jair Bolsonaro.

A pesar de su falta de experiencia en la gestión pública, sus seguidores no han visto esto como un impedimento. Antes de su salto a la política, De la Espriella desarrolló una carrera como abogado en casos de alta repercusión. Entre ellos destaca su representación en un escándalo de prostitución que involucró a agentes del Servicio Secreto de EE. UU. durante la visita de Barack Obama a Cartagena en 2012, así como la defensa de Alex Saab, presunto financista de Nicolás Maduro y recientemente extraditado a Estados Unidos por lavado de dinero. Sobre su relación con clientes polémicos, el ahora presidente electo afirmó en el pasado que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.

El camino hacia la gobernabilidad presenta retos significativos. El movimiento político de De la Espriella, “Defensores de la Patria”, no posee representación en la Cámara de Representantes ni en el Senado, lo que obligará al nuevo mandatario a negociar con partidos tradicionales de derecha para aprobar leyes. Asimismo, sus planes de gobierno detallados siguen siendo una incógnita, ya que no ha publicado un programa formal, aunque la elección de José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, como vicepresidente, sugiere un acercamiento a sectores del establecimiento conservador.

Otro punto de controversia es su situación migratoria. De la Espriella posee pasaportes colombiano, estadounidense e italiano. Si bien él sostiene que la ciudadanía estadounidense le brinda mayor protección contra amenazas internas, esto podría generar un conflicto legal debido al juramento de lealtad que prestan los ciudadanos naturalizados de EE. UU., el cual podría chocar con sus deberes como jefe de Estado extranjero.

El desafío más crítico será enfrentar el ciclo de violencia crónica. Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo, ha visto cómo los planes de paz se debilitan diez años después del acuerdo de 2016. La Fundación Ideas para la Paz reportó que solo el año pasado los grupos criminales que ocuparon el vacío dejado por las FARC reclutaron a 5.000 nuevos miembros. El coronel (r) Luis Villamarín advirtió que se están perdiendo en pocos meses diez años de trabajo de desminado, con un aumento del 20 % en muertes y lesiones por minas antipersona.

Mientras que el presidente saliente, Gustavo Petro, implementó la estrategia de “Paz Total” basada en la negociación con insurgentes y la reducción de cultivos de coca, De la Espriella propone el camino opuesto. El líder de “la manada” ha prometido terminar con la “Paz Total” y ejecutar una ofensiva frontal coordinada con las fuerzas armadas de Estados Unidos, bajo un esquema denominado “Plan Colombia 2.0”. A pesar de que estas estrategias de mano dura han sido aplicadas en el pasado sin resolver los problemas persistentes, parecen haber convencido a una mayoría de votantes que anhelan un retorno a la seguridad contundente.

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