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De la Espriella gana la segunda vuelta en Colombia en una elección marcada por la polarización

El ultraderechista De la Espriella ganó de acuerdo con los resultados preliminares. Hay cuatro conclusiones claras: hay un país completamente dividido, Cepeda casi roza la remontada, el escrutinio será la palabra más usada en las próximas horas y la gente en Colombia cada vez vota más.

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Abelardo de la Espriella se posiciona como el ganador de las elecciones presidenciales en Colombia tras una segunda vuelta marcada por una polarización extrema y la votación más alta de la historia del país. Con una diferencia mínima de 250 mil votos, el candidato de ultraderecha se encamina a la presidencia en el proceso más reñido desde 1991, aunque el número de votos en blanco superó la brecha entre los contendientes, evidenciando un fuerte descontento ciudadano. El nuevo mandatario enfrenta el reto crítico de la gobernabilidad ante un Congreso fragmentado y una nación dividida. Para lograr mayorías, deberá transitar de su tono bélico de campaña hacia la conciliación y la unión nacional, compromisos que ya adelantó en su discurso de victoria mientras el país aguarda el cierre oficial del escrutinio. Por su parte, Iván Cepeda logró un crecimiento electoral significativo gracias a un giro en su estrategia, pero no fue suficiente para superar la apuesta por la seguridad implacable de De la Espriella. La jornada cerró con una participación récord del 63 por ciento, demostrando un renovado compromiso ciudadano con las instituciones pese a la crisis fiscal heredada.

Colombia ha culminado su jornada de segunda vuelta electoral en un escenario de profunda polarización, donde la ciudadanía acudió a las urnas en cifras nunca vistas. De acuerdo con los resultados del preconteo, los cuales se consideran claros y difícilmente reversibles, Abelardo de la Espriella se posiciona como el ganador de los comicios. Si bien el resultado preliminar ha sido "reconocido" por su rival, Iván Cepeda, este último ha aclarado que el reconocimiento real solo ocurrirá una vez finalice el proceso oficial de escrutinio.

El candidato de ultraderecha, De la Espriella, quien celebró los resultados con un tono conciliador, se encamina a la presidencia aunque formalmente aún no puede ser llamado presidente electo. Los datos preliminares permiten extraer conclusiones determinantes: el país se encuentra completamente dividido, el escrutinio será el eje del debate en las próximas horas y la participación ciudadana ha experimentado un crecimiento notable. La diferencia entre ambos candidatos es mínima, aproximadamente 250.000 votos, lo que indica que el ganador no contará con un poder absoluto para gobernar.

Un dato revelador de este proceso es el número de votos en blanco, que alcanzó los 420.000, superando la diferencia de votos entre los dos candidatos. Esto evidencia que existe un sector significativo de la población que aún no se siente convencido por ninguna de las propuestas, un factor que los políticos deberán considerar tanto para la gobernabilidad como para futuros ciclos electorales.

El reto principal para De la Espriella, de confirmarse su victoria, será la gobernabilidad. El analista Andrés Flórez ha señalado que, ante un Congreso fragmentado, lograr mayorías será una tarea compleja que obligará al mandatario a buscar consensos. Sobre su capacidad para ello, existen opiniones divididas. Mientras el estratega Ángel Beccassino sugiere que De la Espriella podría abandonar su tono bélico de campaña, apelando a su experiencia como litigante habituado a la dramaturgia judicial, Catalina Valencia, de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), advirtió que su talante autoritario mostrado en campaña podría limitar su capacidad de diálogo. No obstante, en su discurso de victoria, De la Espriella apeló a la unión nacional, afirmando que no habrá vencedores ni vencidos y que respetará los derechos de quienes no votaron por él.

Por su parte, Iván Cepeda, candidato oficialista, logró un crecimiento electoral significativo. Pasó de 9,6 millones de votos en la primera vuelta a 12,6 millones en la segunda, un incremento de tres millones de sufragios. De la Espriella también creció, pasando de 10,3 a 12,9 millones de votos. El avance de Cepeda se atribuye a un cambio de estrategia: descartó la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, matizó su propuesta económica, redujo el protagonismo de su candidata a la vicepresidencia, Aída Quilcué, y fortaleció su comunicación digital con un mensaje centrado en el diálogo y la defensa de la vida.

A pesar de estos ajustes, el enfoque de seguridad y la promesa de medidas implacables de De la Espriella fueron los factores que finalmente inclinaron la balanza. Tras la jornada, Cepeda adoptó un discurso más cercano al de un líder opositor, defendiendo los logros del gobierno de Gustavo Petro, a quien agradeció públicamente. Según el analista Miguel Andrés Jaramillo Luján, Cepeda ya podría estar proyectando su liderazgo hacia el año 2030.

En términos procesales, esta elección es la más reñida desde que se implementó la segunda vuelta en la Constitución de 1991, con una diferencia inferior al punto porcentual. Aunque Cepeda ha anunciado impugnaciones, el registrador Hernán Penagos ha asegurado que es prácticamente imposible que el escrutinio cambie el resultado del preconteo, gracias a las garantías del software y la vigilancia de más de 1.600 observadores internacionales.

Finalmente, destaca la movilización ciudadana. Con una participación del 63%, la abstención bajó del 40% por primera vez desde 1998, representando un aumento del 15% frente a 2022. Esta es la mayor votación de la historia en Colombia, lo que demuestra que, a pesar de la indignación y la polarización, la ciudadanía está comprometida con la política y las instituciones colombianas se mantienen fuertes. El próximo mandatario deberá apoyarse en esta institucionalidad para enfrentar el considerable déficit fiscal heredado del gobierno de Petro.

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