La vida de Alberto "Beto" Solano, un ingeniero costarricense de 40 años, estuvo siempre definida por el rigor, la disciplina y el alto rendimiento deportivo. Para quien ha completado maratones, triatlones y ha superado la exigencia de un Ironman, el cuerpo era su herramienta de superación. Sin embargo, una caminata rutinaria en noviembre de 2024 se convirtió en la señal de alarma que daría inicio a una de las batallas más complejas de su existencia: un diagnóstico de cáncer en etapa 4.
El inicio de este proceso ocurrió durante la celebración de su cumpleaños en Monteverde, donde Solano y su esposa realizaron recorridos por senderos y puentes. A pesar de que estas caminatas son consideradas sencillas, el ingeniero notó que su cuerpo no respondía; se sentía extremadamente agitado y con el corazón acelerado. Esta anomalía, impropia de su condición física, lo llevó a buscar ayuda médica al regresar a San José. Tras una revisión de su suegro, quien es cardiólogo, se solicitó un hemograma de urgencia que reveló niveles muy bajos de glóbulos rojos, explicando así su fatiga y falta de aire.
La situación escaló rápidamente al ingresar al Servicio de Emergencias del Hospital San Juan de Dios. Tras recibir transfusiones de sangre, los médicos detectaron una úlcera estomacal. No obstante, estudios más profundos, incluyendo un TAC, revelaron una realidad devastadora: el cáncer ya había hecho metástasis en el hígado. En aquel momento, Solano presentaba un tumor en el estómago y 14 lesiones hepáticas. Aunque posteriormente el tumor gástrico fue eliminado, el hígado continúa comprometido.
El impacto emocional fue inmediato y profundo. El diagnóstico llegó primero a través de su suegro, quien notificó a la pareja. Solano recuerda con dolor el momento de contarle la noticia a su madre, describiéndolo como una escena muy dura, enfatizando que lo más difícil de enfrentar no es solo la enfermedad, sino el sufrimiento de las personas cercanas. A pesar del shock inicial, el ingeniero se encontró con una ola de apoyo masiva de familiares, hermanos y amigos, algunos de los cuales habían perdido contacto con él hace tiempo.
Uno de los momentos más críticos en su proceso fue la primera cita en Oncología. En ella, la doctora fue tajante al informarle que el cáncer con metástasis en estadio cuatro no se cura, sino que el tratamiento sería paliativo. Solano explica que, aunque el término suele asociarse con la etapa final de la vida, la medicina paliativa es en realidad una especialidad enfocada en eliminar el dolor, independientemente de la enfermedad. Con el tiempo, el paciente comprendió que, si bien algunos tumores desaparecen, los médicos prefieren el término "sin enfermedad aparente" debido al riesgo constante de recaída.
En este trayecto, Solano ha encontrado apoyo en personas que atraviesan situaciones similares, como Carolina Jaikel, esposa del exfutbolista Bryan Ruiz, quien también se encuentra en tratamiento y ha ayudado a visibilizar la historia de Alberto para ampliar la red de ayuda. Asimismo, el paciente destacó la labor humanitaria de las Damas Voluntarias del Hospital San Juan de Dios, quienes dedican su tiempo a mejorar la calidad de vida de los internos.
A pesar de recibir quimioterapia y radioterapia a través de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la agresividad del cáncer obligó a Solano a buscar alternativas privadas. Un TAC realizado en marzo reveló que los tumores en el hígado habían duplicado su tamaño en solo tres meses. Ante la velocidad de la enfermedad y la complejidad de aprobar ciertos tratamientos en la CCSS, Solano optó por un esquema de inmunoterapia combinado con radioterapia hepática en el sector privado, asumiendo los riesgos y los altos costos económicos que esto conlleva.
El tratamiento es por tiempo indefinido y se aplica cada tres semanas. Ante la necesidad financiera, y motivado por su esposa, Solano inició una campaña de recaudación de fondos. El ingeniero, quien siempre se consideró una persona privada, admitió que pedir ayuda fue un paso difícil, pero que se ha transformado en una experiencia humana donde ha podido conectar con otros jóvenes que luchan contra el cáncer.
Más allá del daño físico, Solano ha enfrentado una batalla mental. El esfuerzo por mantenerse fuerte para su entorno le provocó colapsos de ansiedad y ataques de pánico meses después del diagnóstico, lo que lo llevó a buscar ayuda profesional. Hoy, enfatiza la importancia de reconocer la vulnerabilidad y hablar sobre los sentimientos. "Creo que la actitud es el 50% de la batalla, el que se echa a morir se muere y el que decide caminar, camina", reflexionó.
Actualmente, Alberto Solano busca dejar un mensaje de esperanza y aprendizaje para los demás. Para quienes deseen apoyar su tratamiento, la información detallada se encuentra en la página betosolano.com, y se han habilitado donaciones vía Sinpe Móvil al número 7247-6987, a nombre de Alberto Solano.

