El panorama energético para Venezuela ha experimentado un giro significativo tras el cese del conflicto armado entre Estados Unidos e Irán y la consecuente reapertura del Estrecho de Ormuz. Esta resolución geopolítica generó una reacción inmediata en los mercados internacionales, provocando que el precio del petróleo Brent cayera cerca de un 5% este lunes, situándose en torno a los 83 dólares por barril, su nivel más bajo desde que comenzaron las hostilidades a finales de febrero.
Para la economía venezolana, este descenso en los precios marca el final de una "prima extraordinaria" que permitió sostener los ingresos petroleros por encima de los niveles que habrían sido posibles en condiciones normales de mercado. Según el analista energético y exdiputado a la Asamblea Nacional, Elías Matta, Venezuela se benefició desde marzo hasta la fecha de un encarecimiento del crudo que no fue resultado de una gestión interna, sino de la tensión bélica que llegó a bloquear el paso del 20% del petróleo mundial, impulsando el Brent por encima de los 110 dólares por barril en el punto más crítico del conflicto.
Matta detalla que el crudo venezolano, el cual se exporta con un descuento estructural de entre 8 y 12 dólares respecto al marcador internacional debido a su naturaleza extrapesada, logró alcanzar precios de realización de entre 80 y 85 dólares durante la crisis. En un escenario de normalidad, estos precios no habrían superado los 62 o 65 dólares. El análisis técnico indica que, durante los 105 días de conflicto activo, el país exportó aproximadamente 115 millones de barriles, capturando una prima extraordinaria de unos 20 dólares por barril. Esto se traduce en ingresos adicionales estimados entre 2.000 y 2.500 millones de dólares.
Este flujo de recursos ocurrió simultáneamente con el repunte exportador más importante de los últimos siete años. Venezuela superó la barrera del millón de barriles diarios de producción por primera vez desde 2019, alcanzando exportaciones de hasta 1,25 millones de barriles diarios, cifra que ha sido confirmada por la Embajada de Estados Unidos en Caracas.
De cara a la segunda mitad del año, el analista proyecta un escenario de normalización. Matta estima que el marcador Brent se ubicará en un promedio de entre 76 y 80 dólares por barril, lo que situaría el precio de realización para el Merey 16 entre los 66 y 70 dólares. En este contexto, advierte sobre la reentrada de Irán al mercado, país que tiene capacidad para colocar más de 3 millones de barriles diarios que estuvieron bloqueados, lo que representará una oferta adicional que competirá directamente con Venezuela en los mercados asiáticos.
Sin embargo, el experto subraya que existe un mercado donde el Merey venezolano no enfrenta una competencia real: las refinerías de la Costa del Golfo de México. Estas instalaciones fueron diseñadas y configuradas específicamente durante décadas para procesar crudo pesado venezolano y no pueden sustituirlo fácilmente por crudo saudita o iraní. El Merey, que es una mezcla de crudo extrapesado de la Faja del Orinoco con los diluentes necesarios para su transporte, sigue siendo altamente valorado en refinerías complejas que cuentan con unidades de conversión profunda, las cuales solo resultan rentables al procesar crudos pesados.
En este punto, Matta plantea una paradoja económica y política: el mismo tutelaje que limita la soberanía de Venezuela sobre sus ingresos petroleros es el que garantiza su acceso al mercado. Mientras los ingresos de PDVSA permanezcan bajo la supervisión del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y se mantengan como operadores autorizados empresas como Chevron, Vitol y Trafigura, el petróleo venezolano tendrá asegurado su espacio en el mercado norteamericano. Según el analista, se trata de una dependencia que incomoda en el plano político, pero que sostiene económicamente la recuperación del sector.
Finalmente, el analista advierte que, a pesar de que Venezuela podría cerrar el año 2026 con ingresos petroleros de entre 24.000 y 25.000 millones de dólares —superando los 22.000 millones proyectados previamente por Naciones Unidas—, el riesgo principal no es la caída de los precios. El verdadero peligro reside en la deuda externa, que supera los 170.000 millones de dólares pendientes de reestructuración. Matta enfatiza que cada dólar adicional ingresado por exportaciones puede convertirse en un objetivo para los acreedores, ya que la libre disposición de estos recursos sigue siendo un problema no resuelto para el país.


