El exministro de Educación, Raúl Figueroa, quien se desempeñó en el cargo durante el segundo periodo presidencial de Sebastián Piñera, ha emitido una serie de declaraciones respecto a la gestión de los cobros a los deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE). A través de una intervención en T13 Radio, el profesional analizó las acciones que ha estado llevando a cabo la Tesorería General de la República (TGR) en relación con la recaudación de estas obligaciones financieras.
En su análisis, Figueroa sostuvo que existe una necesidad de equilibrar la firmeza en la gestión de cobro con una apertura en las modalidades de pago. Según el exministro, la Tesorería General de la República debería mantener una postura insistente en el cobro de las deudas, pero, al mismo tiempo, debería mostrarse muy flexible en la manera de recaudar dichos fondos. Esta visión sugiere que, si bien el Estado debe velar por la recuperación de los recursos, el proceso debe adaptarse a la realidad de los contribuyentes.
El actual director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello profundizó en las características técnicas del CAE, calificándolo como uno de los créditos más blandos a los que una persona puede acceder en el sistema financiero. Para respaldar esta afirmación, Figueroa detalló datos específicos sobre la carga financiera de los beneficiarios, señalando que es relevante observar que el 75% de los deudores realiza pagos mensuales inferiores a dos Unidades de Fomento (UF), lo que equivale aproximadamente a 82 mil pesos chilenos.
En cuanto a las condiciones del crédito, el abogado resaltó que el CAE posee una tasa de interés del 2% anual, con una cuota promedio que se sitúa en el orden de los sesenta mil pesos. Explicó que el interés se indexa al capital prestado, siguiendo la lógica de cualquier otro instrumento crediticio. Sin embargo, enfatizó que no existe en Chile otro crédito que pueda competir en condiciones tan favorables como las del CAE, asegurando que ni siquiera un crédito hipotecario proyectado a treinta años ofrece una tasa tan beneficiosa como la de este sistema de financiamiento educativo.
Ante el escenario de morosidad, Raúl Figueroa propuso una estrategia basada en la convocatoria y la regularización. Sugirió que el camino a seguir consiste en convocar a quienes mantienen deudas pendientes para, posteriormente, repactar las cuotas. De acuerdo con su planteamiento, esto permitiría que los deudores vuelvan a integrarse al sistema de pagos, demostrando que es posible reducir la morosidad con rapidez siempre que las cuotas se pacten dentro de márgenes razonables.
Un punto crítico de su intervención fue el análisis de la evolución de la morosidad del crédito. Figueroa señaló que, antes de la campaña electoral en la que el expresidente Gabriel Boric fue enfático respecto a la condonación de las deudas universitarias, la morosidad ya se encontraba en niveles altos, situándose en torno al 40%. Según el exministro, este porcentaje inicial respondía principalmente a problemas financieros reales de los deudores.
No obstante, el profesional advirtió un incremento significativo en el incumplimiento de los pagos tras las promesas políticas. Indicó que, una vez que el candidato Boric realizó dicha promesa y posteriormente la reiteró en su primera Cuenta Pública al asumir el poder, los deudores comenzaron a incorporar la expectativa de condonación dentro de su patrimonio personal.
Como consecuencia de este fenómeno, Figueroa afirmó que la morosidad aumentó drásticamente, pasando del 40% al 71%. Para el exministro de Educación, resulta imposible desconectar el aumento de la morosidad de la promesa efectuada por el candidato y ratificada posteriormente por el Presidente Boric, sugiriendo que la expectativa de no tener que pagar la deuda incentivó el cese de los pagos por parte de los beneficiarios del crédito.


