Elon Musk ha alcanzado una posición financiera sin precedentes al convertirse en el primer billonario en dólares del mundo —término que equivale a "trillonario" bajo el sistema de cifrado utilizado en Estados Unidos—. Este salto en su patrimonio neto se produjo este viernes, coincidiendo con el debut de las acciones de SpaceX en la comercialización de Wall Street, un evento que ha redefinido la valoración de sus activos personales.
La salida a bolsa de la compañía de cohetes y satélites permitió que la participación de Musk en la empresa fuera valorada, sobre el papel, en una cifra próxima a los 900.000 millones de dólares, sin contabilizar otros activos adicionales. Es fundamental señalar que este patrimonio no se traduce en dinero líquido, sino que está compuesto principalmente por participaciones clave en las empresas que dirige, lo que implica que su valor fluctúa diariamente según el comportamiento del mercado bursátil y las valuaciones corporativas.
En cuanto a los detalles técnicos de la operación, SpaceX fijó el precio de su salida a bolsa el jueves por la noche en 135 dólares por acción, antes de iniciar sus cotizaciones en el Nasdaq bajo el símbolo SPCX. Durante la jornada, la compañía ofreció 555,6 millones de acciones, lo que resultó en una recaudación récord de 75.000 millones de dólares. Asimismo, los suscriptores cuentan con una opción de compra, conocida técnicamente como greenshoe, que permite la venta de acciones adicionales si la demanda supera la asignación inicial. Esta operatoria abarca aproximadamente 83 millones de acciones, valoradas en unos 11.200 millones de dólares.
Los términos iniciales de la oferta situaron la valoración de SpaceX en el mercado bursátil en torno a los 1,78 billones de dólares. Sin embargo, la recepción del mercado fue sumamente positiva; hacia las 13 horas, las acciones de SpaceX se disparaban más de un 20%, alcanzando los 166 dólares. Este incremento impulsó la capitalización de mercado (market cap) de la empresa por encima de los 2 billones de dólares.
La estructura de propiedad de Musk en SpaceX es particular, ya que posee aproximadamente el 42% del capital. No obstante, a través de un sistema de acciones de doble clase, cuenta con acciones de Clase B que le otorgan cerca del 82% del control de voto, asegurando así el mando sobre las decisiones estratégicas de la firma.
Para dimensionar la riqueza total del empresario, es necesario sumar sus participaciones en otras compañías. Según los últimos documentos regulatorios, Musk posee aproximadamente 717 millones de acciones de Tesla, sin incluir las opciones sobre acciones ya adquiridas. Con el precio actual del fabricante de automóviles eléctricos situado en aproximadamente 400 dólares por acción, esta posición tiene un valor estimado de 286.800 millones de dólares.
Al combinar los 903.000 millones de dólares provenientes de SpaceX (calculados a la hora del reporte) con los 286.800 millones de dólares de Tesla, las participaciones de Musk en estas dos entidades ascienden a aproximadamente 1,19 billones de dólares. Esta cifra es conservadora, ya que no incluye sus participaciones en otras empresas como Neuralink y The Boring Company, ni otros activos e inversiones personales.
Por su parte, el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, que aplica ajustes específicos por restricciones de bloqueo y limitaciones en la capacidad de liquidar acciones, situaba inicialmente el patrimonio neto de Musk en unos 988.000 millones de dólares, tomando como base el precio de salida de 135 dólares. Bajo este indicador, cualquier apreciación de las acciones de SpaceX por encima de ese nivel inicial era suficiente para que Musk superara el umbral del billón de dólares.
El rápido crecimiento de SpaceX ha estado impulsado principalmente por Starlink, su servicio de internet por satélite. Esta división actualmente presta servicio a millones de suscriptores de pago en todo el mundo y representa la mayor parte de los ingresos de la empresa.
A pesar del éxito bursátil, la compañía ha seguido registrando pérdidas anuales. Estos resultados financieros se deben a las fuertes inversiones en Starship, el cohete de carga pesada de última generación, y a sus incursiones en inteligencia artificial tras la fusión con xAI, la empresa de Musk. Los gastos de capital se han incrementado drásticamente en el último año debido a la inversión en centros de datos como Colossus y Colossus II.
No obstante, los inversores parecen haber decidido ignorar las señales de alerta, tales como el consumo excesivo de efectivo y los cuestionamientos sobre el gobierno corporativo —especialmente la estructura de acciones de doble clase que prioriza la visión de Musk—, apostando en su lugar por la recompensa potencial que promete el liderazgo del empresario.
