La segunda vuelta electoral celebrada el pasado domingo 7 de junio estuvo marcada por un notable nivel de ausentismo ciudadano. De acuerdo con las cifras proporcionadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el 24.28% de los ciudadanos convocados no asistió a las urnas para elegir al próximo presidente de la República. En términos numéricos, hasta la tarde del lunes, se registró que 6'636.280 peruanos, de un padrón total de 27'325.432, no ejercieron su derecho al sufragio.
Este resultado representa la cifra más elevada de electores ausentes en los balotajes de los últimos 20 años, con excepción del periodo afectado por la pandemia. Para poner estas cifras en contexto, antes de la crisis sanitaria por la Covid-19, el ausentismo en las segundas vueltas presidenciales se había mantenido generalmente por debajo del 20%. El registro histórico muestra que en 1990 la inasistencia fue del 20.1%, en el año 2000 fue del 19%, mientras que en 2001 se situó en 18.6%. Posteriormente, en 2006 se alcanzó el punto más bajo con un 12.3%, subiendo a 17.5% en 2011 y llegando al 19.9% en 2016. El pico máximo se registró en 2021, cuando la emergencia sanitaria elevó el ausentismo al 25.4%, la cifra más alta en la historia de los balotajes en el país. Asimismo, cabe precisar que en la primera vuelta de las elecciones generales de 2026, el número de ausentes fue de 7'157,687.
El análisis geográfico de la participación revela contrastes significativos. En Lima Metropolitana, el ausentismo fue particularmente visible en distritos como Miraflores, con una participación del 70.188%; San Isidro, con 71.690%; Santiago de Surco, con 73.413%; Barranco, con 73.514%; y San Borja, con 74.073%.
A nivel nacional, Loreto registró el nivel de participación más bajo de todo el país, con apenas un 47.318% de asistencia. Otras regiones con baja afluencia fueron Amazonas (56.597%), Ucayali (60.069%), Huancavelica (61.483%), Pasco (61.891%), Huánuco (62.991%) y Ayacucho (63.387%). También se ubicaron en niveles reducidos de participación Cajamarca (66.114%), Cusco (66.928%) y Apurímac (67.300%), seguidos por Áncash con un 69.192%.
En el extremo opuesto, la región de Ica lideró la participación con una asistencia del 79.971%, seguida muy de cerca por Tacna con 79.785% y Arequipa con 79.331%. Otras regiones que superaron el umbral del 70% fueron Moquegua (78.292%), Puno (76.835%), Lima (76.478%), Tumbes (76.178%) y Lambayeque (76.157%), además de Callao, La Libertad, Piura, San Martín y Junín.
Este proceso electoral, donde se eligió entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, estuvo precedido por una primera vuelta compleja, caracterizada por una cifra inédita de 35 candidatos presidenciales y el uso de la cédula de votación más grande y costosa de la historia. La gestión de la ONPE fue cuestionada por su ineficiencia, lo que derivó en la salida de Piero Corvetto de la jefatura del organismo, siendo reemplazado por Bernardo Pachas para la conducción de esta segunda vuelta.
A pesar de que el voto es obligatorio para los ciudadanos entre 18 y 70 años, y que la inasistencia conlleva multas que pueden llegar hasta los S/110 (2% de una UIT) según el distrito, el nivel de ausentismo ha generado preocupación entre expertos. Alejandro Rospigliosi calificó esta situación como un reflejo de "apatía, indiferencia e irresponsabilidad", sugiriendo que la ONPE evalúe la ubicación de las mesas y coordine mejor con la cancillería para los votantes en el extranjero, además de considerar la implementación del voto digital.
Por su parte, Enzo Elguera señaló que existe un grupo de personas, especialmente en la capital, que prefiere pagar la multa antes que participar, mencionando que algunos aprovecharon el fin de semana para vacacionar. Finalmente, Fernando Rodríguez Patrón subrayó que el ausentismo es un problema que trasciende lo electoral, vinculándolo a la falta de confianza institucional, la desigual integración territorial y la calidad de la representación democrática.


