Los hogares en Estados Unidos atraviesan un periodo de marcada incertidumbre económica. Según los datos más recientes de una encuesta mensual realizada por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, un indicador fundamental para comprender las percepciones y expectativas económicas, los ciudadanos no se han sentido tan preocupados por sus finanzas domésticas en varios años y mantienen la expectativa de que la situación continúe deteriorándose.
Los resultados de la encuesta de mayo revelan que la proporción de estadounidenses que calificó su situación financiera actual como “algo peor” o “mucho peor” en comparación con el año anterior ha alcanzado su nivel más alto desde enero de 2023. Esta tendencia negativa no se limita solo a la percepción del presente, sino que se extiende hacia el futuro. La Encuesta de Expectativas del Consumidor de mayo indica que el porcentaje de personas que cree que sus finanzas estarán “algo mejor” o “mucho mejor” ha sufrido una reducción por quinto mes consecutivo, cayendo a niveles que no se registraban desde octubre de 2022.
Aunque las encuestas mensuales de la Fed de Nueva York no proporcionan comentarios detallados ni explicaciones cualitativas detrás de las cifras, el contexto actual sugiere factores determinantes. Este clima de pesimismo coincide con un momento de tensión geopolítica, específicamente la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha provocado un incremento en los costos de vida. Los consumidores están sintiendo el impacto principalmente en el precio de la gasolina y en ciertos productos alimenticios, lo que agrava los temores generales sobre la asequibilidad de los productos básicos.
En cuanto a la inflación, la encuesta de mayo muestra que las expectativas a un año de los estadounidenses se mantienen elevadas en un 3,5%. Si bien esta cifra representa una ligera moderación frente al máximo del 3,6% alcanzado en abril, sigue siendo una presión constante para el consumidor. El aumento significativo en los precios de la gasolina ha impulsado la inflación en los últimos meses. De hecho, el Índice de Precios al Consumidor, que es la medida de inflación más utilizada, comenzó el año en un 2,4% y ascendió hasta el 3,8% en abril, un incremento que ha terminado por borrar las ganancias salariales obtenidas por los trabajadores.
La Reserva Federal monitorea estas expectativas de inflación con rigor, ya que actúan como predictores de comportamientos futuros que podrían convertirse en una realidad autocumplida. La preocupación reside en que, si la población percibe que los precios seguirán subiendo constantemente, podría reaccionar aumentando su gasto inmediato o exigiendo salarios más altos, lo que a su vez presionaría los precios al alza, creando un ciclo difícil de romper. En este sentido, se prevé que los datos de mayo, cuya publicación está prevista para el próximo miércoles, muestren un ritmo anual de aumento de precios superior al 4% por primera vez en tres años, lo que erosionaría aún más el poder adquisitivo de los cheques de pago.
Por otro lado, el mercado laboral presenta una dualidad contradictoria. Mientras que los informes oficiales de mayo muestran una estabilización con una ganancia neta estimada de 172.000 puestos de trabajo, la percepción de los ciudadanos es mucho más sombría. La probabilidad media percibida de perder el empleo en el transcurso del próximo año ha subido al 15,1%, alcanzando un máximo de seis meses. Paralelamente, la probabilidad percibida de conseguir un nuevo empleo en un plazo de tres meses tras quedar desempleado cayó al 43,7%, el nivel más bajo en cinco meses y una cifra significativamente inferior al 60% que se registraba antes de la pandemia de covid-19.
Elizabeth Renter, economista sénior de NerdWallet, ha señalado que la probabilidad de encontrar empleo en un corto periodo es un indicador clave de cómo se percibe el mercado laboral en general, y advierte que a los estadounidenses no les agrada el panorama actual. Según Renter, el mercado se encuentra en un estado de estancamiento caracterizado por pocas contrataciones y pocos despidos, lo que resulta en una rotación mínima. Esta falta de oportunidades lleva a que los trabajadores se aferren a sus puestos actuales, mientras que quienes buscan empleo enfrentan serias dificultades para ingresar al mercado.
A pesar de este estancamiento, la encuesta indica un dato curioso: la probabilidad media de renunciar voluntariamente al empleo ha aumentado al nivel más alto en más de tres años. Renter explica que, cuando las ofertas de trabajo escasean y los empleadores no contratan masivamente, los trabajadores pueden sentirse atrapados, lo que ralentiza el desarrollo profesional típico. La economista concluye que solo cuando se produzca un repunte en la contratación generalizada se verá una mejora en el sentimiento de los consumidores, permitiendo que los trabajadores vuelvan a escalar en su trayectoria profesional.


