Wall Street protagonizó una jornada de fuerte corrección este viernes, marcada por un desplome significativo de las acciones tecnológicas, que registraron su peor desempeño en más de un año. Este movimiento se produjo en un contexto donde los inversores se vieron obligados a recalibrar sus expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal, tras la publicación de indicadores económicos que sugieren una economía estadounidense más resistente de lo previsto.
El detonante principal de la caída fue el sólido informe de empleo correspondiente al mes de mayo, emitido por la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. Según el documento, las nóminas no agrícolas aumentaron en 172.000 puestos de trabajo, una cifra que superó ampliamente las expectativas del mercado, que preveía un incremento de 85.000 empleos. A este dato se sumó que la tasa de desempleo se mantuvo estable en un 4,3% y que las cifras de marzo y abril fueron revisadas al alza, incorporando un total de 93.000 empleos adicionales.
La solidez del mercado laboral ha reavivado los temores de que la Reserva Federal mantenga las tasas de interés elevadas durante un periodo más prolongado. Incluso, ha surgido la posibilidad de que la entidad monetaria vuelva a subir las tasas para combatir las presiones inflacionarias. De hecho, los contratos de futuros ya reflejan la probabilidad de una nueva suba de tasas antes de que finalice el año 2026.
En consecuencia, el impacto en los índices bursátiles fue severo. El Nasdaq Composite, el índice más expuesto al sector tecnológico, se desplomó un 4,18%, cerrando en los 25.709,43 puntos, lo que representó su peor jornada desde abril de 2025. Por su parte, el S&P 500 perdió un 2,63% para situarse en las 7.384,59 unidades, mientras que el índice Dow Jones registró una caída del 1,35%, cerrando en los 50.866,78 puntos.
El sector de los semiconductores fue uno de los más castigados, con el índice de Filadelfia registrando pérdidas cercanas al 10%. Este movimiento refleja una fuerte toma de ganancias en las empresas estrechamente vinculadas al auge de la inteligencia artificial (IA), que había sido el motor principal del rally bursátil en los últimos meses. Los inversores han comenzado a cuestionar si las elevadas valuaciones alcanzadas por estas compañías son sostenibles en un escenario de tasas altas.
Analistas de Morgan Stanley Wealth Management señalaron que, si bien el dato de empleo confirma la resiliencia de la economía estadounidense, también mantiene el foco puesto sobre las presiones inflacionarias. Otros estrategas sugieren que la reacción negativa del mercado responde a una rápida revaluación de lo que se espera de la Reserva Federal, cuya próxima reunión se llevará a cabo los días 16 y 17 de junio, siendo la primera bajo la dirección de su nuevo presidente, Kevin Warsh.
La sostenibilidad del rally impulsado por la inteligencia artificial también está bajo escrutinio. A pesar de los resultados sólidos presentados por las grandes tecnológicas en la última temporada de balances, el mercado se pregunta si el crecimiento futuro ya ha sido descontado en los precios actuales. El índice MSCI World Semiconductors ha acumulado una subida cercana al 50% en solo dos meses, una de las trayectorias más pronunciadas desde principios de siglo.
Desde Barclays, los estrategas advirtieron que el posicionamiento extremadamente elevado de los inversores, sumado a la aparición de nuevas ofertas públicas de acciones (OPV) y un entorno macroeconómico menos favorable, podría provocar una pausa en el rally. Según la entidad, tras un comportamiento tan parabólico, no resultaría sorprendente una corrección o una rotación de capital hacia sectores menos expuestos a la tecnología.
La corrección no se limitó a las acciones. Otros activos de riesgo también se vieron afectados: el dólar se fortaleció frente a las principales divisas, el Bitcoin operó a la baja y los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron con fuerza, destacando el avance del bono a dos años inmediatamente después de la publicación del informe laboral.
En el plano geopolítico, la incertidumbre persistió debido al rechazo de Hezbolá al acuerdo de alto el fuego entre Israel y Líbano, así como las preocupaciones sobre la seguridad del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, punto crítico para el comercio global de petróleo. No obstante, los analistas coincidieron en que el factor determinante de la jornada fue el cambio en las expectativas monetarias y no el frente geopolítico.
Finalmente, el mercado de materias primas también reflejó la tendencia negativa. Los futuros del crudo Brent retrocedieron un 1,6%, cerrando en 92,97 dólares por barril, mientras que el WTI cayó un 2,4%, situándose en los 90,80 dólares. La jornada dejó una señal clara: la euforia por la inteligencia artificial ha dado paso a un cuestionamiento sobre la compatibilidad de las valuaciones tecnológicas con un escenario de tasas restrictivas.


