Los principales indicadores de Wall Street cerraron la sesión de este viernes registrando pérdidas, consolidando una tendencia negativa a lo largo de toda la semana. El desplome fue especialmente pronunciado en el Nasdaq, el selectivo más vinculado a la tecnología, el cual se vio afectado por una combinación de factores que incluyeron la inestabilidad en las valoraciones de las empresas de semiconductores y la creciente tensión geopolítica entre Estados Unidos e Irán.
Al cierre de la jornada del viernes, el Dow Jones de Industriales experimentó un retroceso del 0,77%, situándose en los 52.146 puntos. Por su parte, el índice S&P 500 bajó un 1,01%, cerrando en las 7.457 unidades. El impacto más severo se registró en el Nasdaq, que perdió un 1,40%, finalizando la sesión en los 25.520 enteros.
Al analizar el balance acumulado de la semana, la tendencia a la baja es evidente en los tres índices. El Dow Jones cerró con una caída del 0,9%, el S&P 500 retrocedió un 1,6% y el Nasdaq sufrió la pérdida más significativa con un descenso del 2,9%. El sector tecnológico, en particular, ha estado bajo una presión constante, cerrando la semana con una bajada acumulada del 2,1%.
Dentro del ecosistema tecnológico, los resultados fueron heterogéneos según el subsector. De acuerdo con los datos proporcionados por Fidelity, se registraron caídas drásticas en los servicios tecnológicos, que se desplomaron un 15%, y en el área de componentes, con una baja del 8,7%. Los semiconductores también mostraron debilidad, cayendo un 4,3%. En contraste, algunos segmentos lograron mantener el crecimiento, como el software, que avanzó un 2%, y el hardware, que subió un 1,5%.
Un movimiento destacado en el mercado fue la trayectoria de Apple, que registró un incremento semanal del 5,8%. Este crecimiento posiciona al gigante tecnológico en una situación donde amenaza con desplazar a Nvidia como la empresa más valiosa del mundo. Nvidia, que ha sido uno de los principales motores del auge de la inteligencia artificial (IA), sufrió una caída del 3,9% durante el mismo periodo.
Los analistas atribuyen la debilidad de Nvidia a las dudas crecientes sobre la sostenibilidad del crecimiento exponencial de la IA. A esto se suma la irrupción de la firma china Moonshot, que ha lanzado un nuevo modelo de IA que, según la propia compañía, compite directamente con los desarrollos de OpenAI y Anthropic. Expertos del sector han alertado sobre el riesgo que representan los modelos chinos de código abierto y bajo coste para los laboratorios estadounidenses, cuyos modelos se basan en el cobro por el uso de ‘tokens’ (unidades de procesamiento de sistemas de IA).
Otro golpe significativo ocurrió con IBM, que perdió un 26% de su valor semanal. Esta caída se produjo luego de que la compañía notificara que sus resultados próximos serían inferiores a lo estimado, debido a una demanda insuficiente de su computadora z17, un equipo específicamente diseñado para gestionar cargas de trabajo de inteligencia artificial.
No obstante, no todas las noticias fueron negativas. La semana estuvo marcada por la publicación de los resultados trimestrales de la banca y otras entidades financieras. En general, estas instituciones reportaron un incremento en sus beneficios e ingresos, impulsados principalmente por mayores márgenes de interés y el aumento en las comisiones derivadas de las inversiones.
En el ámbito geopolítico, los inversores siguieron con preocupación la escalada de ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán. Esta inestabilidad provocó que el precio del petróleo superara los 82 dólares, lo que representa un incremento semanal del 14,7%. Este encarecimiento del crudo genera inquietud en los mercados, ya que podría impactar negativamente en el consumo y presionar al alza la inflación.
En cuanto a los indicadores macroeconómicos, el Índice de Precios de Consumo (IPC) de Estados Unidos bajó siete décimas en junio, situándose en el 3,5%, impulsado por el descenso en los precios de la energía. Paralelamente, el Índice de Precios al Productor (IPP) descendió hasta el 5,5%, datos que han aliviado las expectativas sobre la necesidad de ajustes bruscos en la política monetaria a corto plazo.
Finalmente, Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, compareció ante el Congreso para subrayar que el banco central no aceptará una inflación persistentemente elevada. Warsh se comprometió a trabajar en la estabilización de los precios y reconoció que la entidad fracasó en su misión durante el último lustro.


