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SpaceX excluye a inversores de China y Hong Kong en su OPI de 75 mil millones de dólares

Los suscriptores de la oferta pública inicial de SpaceX fueron informados que no deben acertar pedidos de inversores de Hong Kong y China, ¿por qué?

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SpaceX excluye a inversores de China y Hong Kong en su OPI de 75 mil millones de dólares
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SpaceX, valorada en 75 mil millones de dólares, ha prohibido la entrada de inversores de China y Hong Kong en su próxima oferta pública inicial. Esta medida responde a las estrictas regulaciones estadounidenses ITAR sobre la exportación de tecnología crítica, buscando evitar riesgos de seguridad nacional y complicaciones legales con el gobierno de Estados Unidos. El bloqueo no es solo financiero, ya que la compañía también ha restringido el acceso a su sitio web oficial desde ciudades como Shanghái y Hong Kong. Este movimiento refleja un cambio drástico en Silicon Valley, donde las empresas tecnológicas ahora priorizan la seguridad geopolítica sobre la captación de capital chino, marcando el fin de una era de inversión abierta y discreta.

La compañía aeroespacial SpaceX, valorada en 75 mil millones de dólares, ha implementado restricciones estrictas en el proceso de su Oferta Pública Inicial (OPI). Se ha informado a los suscriptores de la operación que no deben aceptar pedidos provenientes de inversores radicados en Hong Kong y China, una medida fundamentada en las regulaciones estadounidenses sobre la exportación de tecnología crítica.

De acuerdo con fuentes cercanas a la operación, los bancos principales encargados de supervisar el proceso han emitido instrucciones claras al resto de los bancos que integran el consorcio de colocación. La directriz es explícita: no se debe permitir que los clientes de Hong Kong y China, incluyendo a aquellos vinculados a servicios de banca privada, realicen pedidos para participar en la oferta de acciones.

La decisión de excluir a los inversores de China continental y Hong Kong no es arbitraria, sino que se basa en las directrices del Reglamento estadounidense sobre el tráfico internacional de armas (ITAR, por sus siglas en inglés). Bajo este marco normativo, las jurisdicciones mencionadas están sujetas a restricciones severas de distribución, lo que impide que capitales de estas regiones tengan acceso a empresas que manejan tecnologías sensibles.

Hasta el momento, las entidades financieras que lideran la operación, Goldman Sachs Group y Morgan Stanley, no han respondido a las solicitudes de comentarios sobre estas restricciones. De igual manera, no ha sido posible establecer contacto con un representante de SpaceX para obtener declaraciones oficiales, debido a que los intentos de comunicación se realizaron fuera del horario laboral habitual de la compañía.

Como evidencia complementaria a estas medidas financieras, se detectó que el viernes pasado el sitio web oficial de SpaceX se encontraba inaccesible desde ciudades como Hong Kong y Shanghái. Los usuarios que intentaron ingresar al portal recibieron un mensaje de error, lo que indica que la empresa ha procedido a bloquear el acceso a su plataforma desde direcciones de Internet originadas en esas ubicaciones geográficas.

Este movimiento se enmarca en una tendencia creciente observada en los últimos años, donde las empresas estadounidenses especializadas en tecnología e inteligencia artificial han adoptado una postura mucho más cautelosa respecto a la aceptación de capital proveniente de inversores chinos. Este cambio de actitud refleja un escrutinio cada vez más riguroso por parte de los reguladores y los clientes, quienes advierten sobre posibles riesgos relacionados con la protección de datos y la seguridad nacional.

En particular, aquellas compañías que dependen de contratos gubernamentales o que operan en sectores estratégicos y sensibles procuran mantener una base de accionistas libre de inversores que pudieran provocar investigaciones por parte de las autoridades estadounidenses. El objetivo es evitar cualquier inquietud entre sus clientes potenciales o complicaciones legales con el Estado.

Esta situación contrasta significativamente con la dinámica financiera de la década anterior. Durante aquel periodo, las firmas de capital riesgo chinas, los fondos de capital privado, las oficinas familiares y los inversores individuales de alto patrimonio participaban de manera activa y frecuente en el ecosistema de las startups de Silicon Valley.

En aquellos años, era común que muchos de estos inversores operaran a través de vehículos de propósito especial y estructuras de fondos establecidas en paraísos fiscales. Estas configuraciones permitían ocultar el origen último del capital, facilitando que los inversores chinos respaldaran empresas tecnológicas de alto crecimiento junto a otros inversores globales sin levantar alertas regulatorias.

Sin embargo, el endurecimiento de las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín ha transformado este panorama. Actualmente, tanto los fundadores de las empresas como los suscriptores de las ofertas públicas se han vuelto mucho más selectivos con respecto a las estructuras de capitalización antes de proceder a una salida a bolsa. Como resultado, algunas empresas no solo están evitando la participación china, sino que están reduciendo activamente la presencia de este capital en sus libros.

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