¿Plantar árboles siempre es bueno para el ambiente? No necesariamente. En Argentina y el resto de Sudamérica, el modelo de monocultivos de pinos y eucaliptos se promociona como una solución ecológica, pero la realidad es distinta.
A diferencia de un bosque nativo, donde conviven decenas de especies, estas plantaciones son clones diseñados para la extracción rápida de madera. Esto crea "desiertos verdes" que impiden el paso de la luz y eliminan el alimento para la fauna local.
Los impactos ambientales son severos: estas especies consumen grandes cantidades de agua, acidifican el suelo y son pirófitas, lo que significa que facilitan la propagación del fuego. Un ejemplo crítico ocurrió en Corrientes, donde los incendios forestales pasaron de 3,000 hectáreas arrasadas en 2019 a más de un millón en 2022.
A pesar del crecimiento de esta industria, Corrientes sigue siendo una de las provincias con peores índices de pobreza e indigencia, evidenciando que el beneficio económico queda en manos de unas pocas corporaciones.
Ante esta situación, el Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza visitó la provincia y emitió una sentencia preliminar. El organismo reconoció que este modelo forestal ha provocado un ecocidio, violando los derechos de la naturaleza y los derechos humanos. El Tribunal denunció además la complicidad del Estado nacional, provincial y municipal, y aclaró que las plantaciones industriales no son bosques, sino monocultivos que no reproducen la vida.
El veredicto advierte que el uso de bonos de carbono y certificaciones de manejo no compensan la destrucción de humedales y pastizales, ecosistemas esenciales que ahora son considerados sujetos de derechos.
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