Colombia acude a las urnas este domingo para celebrar elecciones presidenciales en un clima de marcada polarización. El electorado se enfrenta a la disyuntiva de otorgar continuidad al primer Gobierno de izquierda de su historia moderna o cambiar el rumbo político hacia la derecha. La contienda electoral tiene como ejes centrales la situación económica del país y la persistente violencia armada.
Con un total de 11 candidatos en competencia, tras el retiro de tres fórmulas, la incertidumbre principal radica en quién acompañará a segunda vuelta al senador oficialista Iván Cepeda. Cepeda, quien ha liderado las encuestas durante los últimos meses con su plataforma de “revolución democrática”, no cuenta con los votos suficientes para obtener la presidencia de manera directa.
En el espectro de derecha, la senadora Paloma Valencia, representante del uribismo y el Centro Democrático, ha quedado rezagada frente al avance del abogado Abelardo de la Espriella. El candidato, autodenominado “el Tigre”, compite con un discurso de mano dura contra la guerrilla y la delincuencia, siguiendo una línea similar a la implementada por el presidente salvadoreño Nayib Bukele.
La politóloga Sandra Borda, docente de la Universidad de los Andes, analiza que Colombia no solo atraviesa una polarización, sino un “ensanchamiento del panorama político”. Según Borda, el proceso de paz firmado en 2016 con las FARC abrió camino a la izquierda y, por consecuencia, también a la derecha. No obstante, considera que el escenario de 2026 es más complejo para la izquierda, ya que los candidatos ya no pueden presentarse como una alternativa ajena al ejercicio tradicional de la política ni como figuras “inmunes” a la gestión gubernamental.
La jornada electoral se percibe asimismo como un plebiscito sobre la gestión del presidente Gustavo Petro. Aunque Petro mantiene niveles considerables de popularidad, solo ha logrado concretar una parte de las reformas prometidas. La oposición ha centrado sus críticas especialmente en la política de “paz total”, una estrategia de negociación con diversos grupos criminales y guerrilleros cuyos ceses al fuego han sido cuestionados por la falta de mecanismos de verificación.
La campaña ha estado marcada por la inseguridad, iniciando con el asesinato de un precandidato y continuando con diversas amenazas y el atentado más grave registrado en varios años, lo que pone en riesgo las garantías democráticas. Borda señala que la seguridad es uno de los clivajes más claros, mientras la oposición atribuye el deterioro de la situación al empoderamiento de actores ilegales permitido por el Gobierno. En este contexto, el discurso de De la Espriella es visto por algunos analistas como alguien que busca resolver la crisis mediante la mano dura, situándose en el borde de una ruptura institucional.
Por otro lado, el politólogo Alejo Vargas, de la Universidad Nacional, advierte que el debate sobre la violencia no afecta a todo el electorado por igual. Mientras que en zonas donde el conflicto armado es fuerte la seguridad es la prioridad, para la clase media urbana el empleo es el tema central, mientras que otros sectores demandan mejoras en los servicios de salud.
Felipe Botero, director de Ciencia Política en la Universidad de los Andes, destaca la importancia de las regiones. Según Botero, la victoria de Petro en 2022 demostró que las elecciones no se ganan únicamente en Bogotá. Mientras la izquierda apuesta por la inclusión social, la paz y los derechos humanos, la derecha busca unificar su voto a través de la seguridad y el combate a las economías ilícitas.
En el ámbito internacional, la relación entre Petro y Donald Trump ha sido un punto de tensión, aunque recientemente se ha observado un pragmatismo por parte del mandatario colombiano para normalizar los vínculos a cambio de concesiones en la lucha contra el narcotráfico. Esta normalización ha restado relevancia a los vínculos que el Centro Democrático intentaba exhibir con la Casa Blanca.
Finalmente, la crisis en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro siguen siendo temas de debate. Vargas señala que existe un temor en sectores de la población a que un segundo gobierno de izquierda siga la dirección del chavismo. A esto se suma la preocupación económica por un déficit fiscal creciente y un lento crecimiento, lo que ha hecho que la campaña esté más marcada por el miedo que por la esperanza, dejando al centro político sin espacio para candidatos moderados como Claudia López o Sergio Fajardo.


