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Lombana abre la puerta a Ricardo Martinelli de cara a las elecciones de 2029

Las recientes declaraciones de Ricardo Lombana reabren el debate sobre los límites éticos de las alianzas políticas y la vigencia del pragmatismo electoral.

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Lombana abre la puerta a Ricardo Martinelli de cara a las elecciones de 2029
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Ricardo Alberto Lombana ha generado polémica al admitir que no se negará a dialogar ni a dar la mano a ninguna figura política, incluyendo al condenado Ricardo Martinelli, con tal de alcanzar la presidencia de Panamá en 2029. Este giro pragmático choca frontalmente con su discurso de dignificar la política nacional, sugiriendo que sus ambiciones electorales pesan más que sus principios éticos. Esta tendencia de conveniencia se extiende a otros sectores, como el PRD, que paradójicamente promete erradicar la corrupción en el futuro. El escenario actual refleja una aplicación del manual maquiavélico, donde la moral es sacrificada en favor de la conquista del poder y el pragmatismo extremo.

El panorama político panameño se encuentra nuevamente bajo el escrutinio público tras las recientes declaraciones de Ricardo Alberto Lombana, quien ha manifestado su disposición a entablar diálogos y acercamientos con figuras cuestionadas con el objetivo de alcanzar la presidencia de la República en el año 2029. Este giro en el discurso ocurre en un contexto donde la búsqueda de "otro camino" para dignificar la política nacional parece chocar frontalmente con la realidad de las ambiciones electorales.

El punto de partida de esta controversia fue un comentario emitido por Ricardo Martinelli Berrocal, quien sugirió que para el año 2029 un "Ricardo Alberto" llegaría a la presidencia. Ante este guiño político, Lombana respondió en una entrevista reciente, dejando clara su postura frente a la posibilidad de una reunión con el exmandatario, quien se encuentra actualmente residente en Colombia y ha sido condenado por delitos de corrupción y blanqueo de capitales.

Lombana fue categórico al afirmar: “Yo no me voy a negar a conversar con nadie. No me voy a negar a darle la mano a nadie de cara a las elecciones de 2029, pues mi objetivo es llegar a ser mandatario de Panamá”. Esta declaración ha sido interpretada como una intención velada de tender puentes políticos con Martinelli, priorizando la viabilidad electoral sobre los principios y valores que el político suele pregonar como indispensables para hacer una diferencia en el país.

Para los observadores de la escena política, este episodio no representa un hecho aislado ni un desliz involuntario de un político novato. Se trata, más bien, de una conducta reincidente. Ya durante el período preelectoral de 2023, Lombana protagonizó un encuentro similar donde, tras un efusivo apretón de manos con Martinelli, señaló que, además de compartir el mismo nombre, a ambos los unía el hecho de que "querían lo mejor para este país". Esta recurrencia sugiere que el cálculo político prevalece sobre la coherencia ética.

La situación de Lombana no es el único caso de contradicciones en la política panameña actual. Recientemente, durante una gira de promoción de su partido, la señora Balbina Herrera y el diputado Benicio Robinson lograron movilizar a sus bases con una consigna que ha despertado incredulidad: la promesa de que, en 2029, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) llegará al poder con el propósito de acabar con la corrupción. Este anuncio ha sido percibido como una paradoja dada la trayectoria y la naturaleza de las estructuras políticas tradicionales.

Desde una perspectiva analítica, estas posturas y cálculos parecen seguir fielmente el "manual maquiavélico" de hacer política, donde la moral se percibe como un lastre y la efectividad para conquistar el poder se convierte en la única brújula. La obra "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo sirve como espejo para entender estas dinámicas, ya que el libro plantea la naturaleza del poder y su disposición a sacrificar la ética en aras de la estabilidad y la consecución de metas personales.

Específicamente, el comportamiento de figuras como Lombana podría alinearse con los preceptos del capítulo IX, donde Maquiavelo sostiene que “un príncipe prudente debe buscar el apoyo de los más ricos y poderosos”, o con el capítulo XVII, que indica que “un príncipe no debe preocuparse por la reputación de los malos si, unido a ellos, consigue su propósito”.

A pesar de que la crudeza de la obra de Maquiavelo ha sido criticada a lo largo de los siglos, sigue siendo una herramienta utilizada en secreto por una clase política que, aunque públicamente reniegue de ella, aplica sus tácticas de conveniencia y pragmatismo extremo. En última instancia, estos eventos recuerdan que, en el ejercicio del poder, las máscaras tienden a caer y los actores políticos terminan mostrando su verdadera naturaleza; solo es cuestión de tiempo para que las acciones revelen quiénes son realmente.

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