La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado oficialmente que el actual brote de la enfermedad por el virus del Ébola, causado por la especie Bundibugyo, constituye una "emergencia de salud pública de importancia internacional" (ESPII). Esta decisión, tomada el pasado 17 de mayo de 2026, se produce tras la detección de casos en la República Democrática del Congo y Uganda, activando alertas sanitarias en diversos niveles globales.
El cronograma de la emergencia comenzó el 5 de mayo de 2026, cuando la OMS recibió la primera alerta sobre un brote de una enfermedad desconocida con una elevada tasa de mortalidad en Mongbwalu, localidad de la provincia de Ituri en la República Democrática del Congo. La gravedad del cuadro clínico fue evidente desde el inicio, afectando incluso a varios sanitarios locales. Posteriormente, el 15 de mayo, el Africa Centres for Disease Control and Prevention (Africa CDC) informó que el brote estaba causado por el virus del Ébola, específicamente la especie Bundibugyo, tras obtener resultados positivos en 13 de las 20 muestras estudiadas.
La propagación se extendió rápidamente hacia Uganda, donde se detectó un caso en un paciente procedente del Congo. Para mediados de mayo, el Africa CDC ya reportaba 246 casos sospechosos y 65 fallecimientos, concentrados principalmente en Mongwalu (Ituri) y Kampala (distrito de Rwampara, Uganda), cifras que, según los informes actuales, ya han sido ampliamente superadas.
Desde el punto de vista epidemiológico, la enfermedad por el virus del Ébola es grave y frecuentemente mortal. Se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas y sintomáticas, materiales contaminados o los cuerpos de personas fallecidas. Para detener la transmisión comunitaria, la OMS enfatiza la importancia de la detección temprana, el aislamiento inmediato, la atención médica, el rastreo de contactos, la prevención de infecciones, la participación de la comunidad y la realización de entierros seguros y dignos.
El análisis genómico preliminar realizado por científicos de ambos países sugiere que este brote es el resultado de un episodio de "salto" o spillover entre especies. Se plantea que el virus pasó de un reservorio animal al ser humano, probablemente desde la fauna silvestre del bosque de Ituri, destacando a los murciélagos frugívoros u otros mamíferos capaces de albergar filovirus como las fuentes más plausibles. Cabe señalar que el linaje genético de este virus actual no coincide con ninguna de las cepas de Bundibugyo secuenciadas anteriormente.
En cuanto a la respuesta médica, la situación es compleja debido a que no existen tratamientos específicos ni vacunas autorizadas para la especie Bundibugyo. Actualmente, la OMS busca acelerar ensayos clínicos con antivirales como el remdesivir y el MBP134. Existe un debate científico y ético sobre el posible uso compasivo y experimental de la vacuna Ervebo, la cual está autorizada para la especie Zaire. Aunque hay indicios limitados en primates no humanos de que Ervebo podría ofrecer protección cruzada contra la especie Bundibugyo, no hay datos suficientes en humanos para confirmarlo.
Sobre el riesgo global, la OMS elevó el nivel de riesgo a "muy alto" en la República Democrática del Congo y a "alto" en Uganda. Se han emitido recomendaciones para nueve países fronterizos, incluyendo Sudán del Sur, Kenia, Tanzania, Ruanda y Burundi. No obstante, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y el Ministerio de Sanidad español han señalado que el riesgo para los ciudadanos residentes en la Unión Europea, incluyendo España, es muy bajo.
La situación actual ha generado preocupación al recordar los inicios del gran brote de 2014-2016. La detección tardía, con ya decenas de muertes y casos en múltiples puntos, sugiere que el origen pudo ser anterior a las fechas oficiales. A esto se suma la incertidumbre provocada por el desmantelamiento de entidades del CDC estadounidense y la decisión de Estados Unidos de restringir la entrada de visitantes de la zona afectada, medida que contraviene las recomendaciones de la OMS. A pesar de ello, se destaca la experiencia de la República Democrática del Congo en la lucha contra esta enfermedad y el apoyo de organizaciones como Médicos Sin Fronteras.


