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Cáncer de ovario en Chile: El desafío de un diagnóstico silencioso que afecta a miles de mujeres

Distensión abdominal, dolor pélvico o sensación de saciedad precoz son algunos de los síntomas que suelen pasar desapercibidos en un cáncer que, en la mayoría de los casos, se detecta en etapas avanzadas.

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Cáncer de ovario en Chile: El desafío de un diagnóstico silencioso que afecta a miles de mujeres
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El cáncer de ovario representa un desafío crítico en Chile debido a su naturaleza silenciosa y la ausencia de exámenes de detección precoz. Esta situación provoca que el 70 por ciento de los casos se diagnostiquen en etapas avanzadas, afectando principalmente a mujeres entre 50 y 69 años y elevando significativamente la tasa de mortalidad nacional. Expertos advierten que síntomas como la distensión abdominal persistente y el dolor pélvico suelen confundirse con problemas digestivos, por lo que es vital acudir al especialista ante cualquier señal. Además, se recomienda el uso de test genéticos para detectar mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 en mujeres con antecedentes familiares, permitiendo una intervención más oportuna. Para combatir esta patología, la Fundación Arturo López Pérez impulsa un estudio clínico con un fármaco diseñado para retrasar la progresión de la enfermedad y desarrollar terapias personalizadas. La clave para mejorar la supervivencia radica en el diagnóstico temprano y la atención en centros multidisciplinarios con estándares internacionales de cirugía.

El cáncer de ovario se ha posicionado como uno de los desafíos más complejos en la oncología femenina actual. A pesar de ser menos frecuente que otros tumores, su naturaleza agresiva y la dificultad para obtener un diagnóstico precoz lo convierten en una enfermedad con una alta tasa de letalidad. La principal problemática radica en que la mayoría de los casos se detectan en etapas avanzadas, específicamente en los estadios III y IV, lo que impacta negativamente en las probabilidades de sobrevida de las pacientes.

De acuerdo con datos preliminares del Departamento de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud (Minsal), el impacto de esta patología en Chile es significativo. Entre los años 2020 y 2025, se registraron 3.369 fallecimientos a nivel nacional, de los cuales 570 ocurrieron únicamente durante el año 2025. La distribución geográfica muestra que la Región Metropolitana concentra la mayor cantidad de defunciones con 1.271 casos, seguida por las regiones de Valparaíso, con 356, y Biobío, con 334.

En el caso particular de la Región de Atacama, las cifras reflejan que cinco mujeres fallecieron por esta causa durante el mismo periodo, alcanzando un acumulado de 29 muertes en los últimos seis años. En cuanto a los grupos etarios, la enfermedad muestra una mayor incidencia de mortalidad en mujeres adultas y adultas mayores. El grupo más afectado es el de mujeres entre 50 y 69 años, con 1.671 fallecimientos en los últimos cinco años, seguido por el segmento de 70 a 89 años, con 1.228 defunciones. No obstante, el riesgo no es exclusivo de la edad avanzada, ya que se registraron 381 fallecimientos en mujeres menores de 50 años.

El Dr. Clemente Arab, jefe de Ginecología Oncológica de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), explica que aproximadamente el 70% de las pacientes son diagnosticadas en etapas tardías. Esto ocurre debido a que la enfermedad suele ser silenciosa y no presenta señales claras hasta que ya se encuentra avanzada. Un factor crítico es que, a diferencia de lo que sucede con el cáncer de mama, de cuello uterino o de colon, no existe actualmente un examen de pesquisa o tamizaje que permita detectarlo de forma precoz en la población general.

Uno de los mayores obstáculos para el diagnóstico oportuno es que los síntomas son inespecíficos y suelen confundirse con patologías digestivas o cambios hormonales comunes. Entre las señales de alerta que las mujeres no deben ignorar se encuentran la distensión abdominal persistente, la sensación de saciedad precoz (sentirse llena rápidamente al comer), el dolor pélvico o abdominal, y cambios evidentes en los hábitos intestinales.

Ante este escenario, el Dr. Arab enfatiza la importancia de acudir al especialista frente a cualquier molestia abdominal o síntoma digestivo que no ceda, advirtiendo que no se debe asumir automáticamente que se trata de colon irritable u otras afecciones menores. Asimismo, aclara que los controles ginecológicos rutinarios con ecografía no garantizan la ausencia de la enfermedad, ya que el cáncer de ovario puede desarrollarse en el intervalo entre un control y otro.

El diagnóstico tardío no solo reduce las probabilidades de curación, sino que complejiza el tratamiento, el cual suele requerir una combinación de cirugía, quimioterapia y terapias dirigidas. Sin embargo, existen avances en la medicina molecular que permiten identificar a mujeres con mayor riesgo hereditario. Mediante test genéticos, es posible detectar mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2. El especialista señala que las mujeres portadoras de una mutación en el gen BRCA1 tienen hasta un 50% más de riesgo de desarrollar cáncer de ovario a lo largo de su vida, por lo que recomienda a quienes tengan antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario consultar en unidades de asesoramiento genético.

Además de la genética, el Dr. Arab destaca que los mejores resultados en términos de calidad de vida y supervivencia se obtienen en centros multidisciplinarios. Es fundamental que la cirugía se realice bajo estándares internacionales y por equipos entrenados permanentemente en el manejo de esta patología específica.

Finalmente, en el ámbito de la investigación, la Fundación Arturo López Pérez ha iniciado desde marzo de este año un estudio clínico orientado a retrasar la progresión del cáncer de ovario en mujeres que ya han recibido quimioterapia. Esta investigación evalúa un fármaco que bloquea la producción de hormonas esteroidales, una vía biológica clave en diversos tumores. El estudio también incluye el análisis de muestras biológicas para identificar biomarcadores que permitan comprender por qué algunas pacientes responden mejor al tratamiento, buscando así desarrollar terapias más personalizadas.

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