Daniel Paradiso, fundador de Helados Daniel, ha sido testigo y protagonista de la evolución del mercado del helado artesanal en Argentina desde la apertura de su primera sucursal en 1978. A través de cuatro décadas de gestión, el empresario ha navegado por diversos ciclos económicos, incluyendo hiperinflaciones y recesiones, consolidando hoy una red de 80 franquicias distribuidas en la provincia de Buenos Aires. En un análisis detallado sobre el estado actual del sector, Paradiso advierte que la industria enfrenta hoy un escenario complejo marcado por un exceso de oferta que condiciona la rentabilidad de los negocios.
La trayectoria de Helados Daniel refleja los cambios en los hábitos de consumo de los argentinos. Durante la década del 80, el mercado estaba dominado por marcas líderes con precios rígidos, hasta que surgió una corriente de helados más económicos que generó una revolución en el consumo. Para sobrevivir y crecer, la empresa debió transitar un camino de diferenciación: primero a través de la calidad y, posteriormente, durante la estabilidad de los años 90, mediante la innovación en la variedad de sabores. Fue en esa etapa donde la marca desarrolló propuestas como el súper dulce de leche, el alfajor y el bombón suizo, sabores que lograron perdurar en el tiempo.
Un aspecto fundamental que Paradiso destaca es la resiliencia del helado ante las crisis económicas, citando específicamente el colapso de 2001. Según el empresario, el helado se ha consolidado como "el permitido más barato". En contextos donde los consumidores deben renunciar a bienes de mayor valor, como el cambio de un vehículo o otros lujos, el helado permanece como un premio accesible, lo que permite que el sector se recupere rápidamente tras los choques financieros.
Sin embargo, la situación actual presenta un desafío distinto: la saturación del mercado. Paradiso señala que desde 2016 o 2017, y con un incremento notable tras la pandemia, se ha producido un exceso de oferta. La facilidad para instalar nuevas heladerías, sumada al crecimiento de cadenas ya establecidas, ha llenado el mercado de opciones. Si bien este fenómeno favorece al cliente, quien ahora diversifica su consumo visitando distintas heladerías según el sabor que busque, impacta negativamente en los productores al limitar su capacidad de fijar precios y reducir el ritmo de crecimiento.
A pesar de esta saturación, el consumo per cápita en Argentina ha mostrado un crecimiento sostenido. De 3,5 kilos a principios de los años 2000, la cifra ascendió a 7,5 kilos hace algunos años y actualmente se sitúa en torno a los 9 kilos. Paradiso observa que aún existe margen de crecimiento si se toma como referencia el consumo de Estados Unidos, que alcanza los 15 kilos per cápita. Otro cambio estructural fue la ruptura de la estacionalidad; desde 1998, la empresa adoptó la estrategia de abrir todo el año, logrando que un tercio de las ventas anuales se concentren en los meses de invierno.
En cuanto al impacto económico actual, la inflación ha presionado severamente los costos de materia prima, servicios y mano de obra. Ante la imposibilidad de trasladar la totalidad de estos aumentos al precio final debido a la fuerte competencia y a que los clientes ya poseen precios de referencia, la empresa ha optado por achicar su propia rentabilidad. Paradiso admite que, si bien hasta 2025 el volumen de ventas se mantuvo gracias a agresivas campañas de promociones y al uso de aplicaciones de delivery, durante 2026 se ha empezado a notar una baja en las ventas, aunque de manera irregular según la zona y la gestión de cada franquicia.
De cara al futuro, el fundador de Helados Daniel define su estrategia como "surfear la ola", manteniendo la salud de la cadena de franquicias y apostando a la adaptación permanente en sabores y marketing. Paradiso reconoce que el sector es altamente dependiente del clima y del estado anímico de la sociedad, especialmente en Capital Federal y el AMBA, donde el clima emocional puede influir en la decisión de consumo. En un mercado cíclico, la empresa permanece a la espera del rebote económico, manteniendo la convicción de que la innovación constante es la única forma de sostener el negocio.


