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Estados Unidos convierte las stablecoins en política de Estado para fortalecer el dólar digital

Washington permite que empresas privadas emitan stablecoins, siempre que estén respaldadas por activos líquidos como efectivo, depósitos o deuda pública estadounidense a corto plazo.

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Estados Unidos convierte las stablecoins en política de Estado para fortalecer el dólar digital
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Estados Unidos ha dado un giro estratégico con la ley GENIUS, permitiendo que empresas privadas emitan stablecoins respaldadas por activos líquidos en lugar de lanzar un dólar digital oficial. Esta decisión integra el ecosistema cripto en el sistema financiero tradicional y ha impulsado el mercado por encima de los 250.000 millones de dólares, con gigantes como Visa y Mastercard ya adoptando esta infraestructura para sus pagos. Mientras Washington acelera su dominio, la Unión Europea sigue un camino más lento y burocrático con el euro digital, cuya emisión no se prevé hasta 2029. Esta brecha temporal genera el temor de que el dólar consolide su hegemonía en los pagos globales y las remesas, convirtiendo a las stablecoins en un pilar fundamental para la financiación de la deuda pública estadounidense.

El gobierno de Estados Unidos ha decidido dar un giro estratégico en su gestión de los activos digitales, permitiendo que empresas privadas emitan stablecoins siempre que estas cuenten con el respaldo de activos líquidos. Este respaldo debe consistir en efectivo, depósitos o deuda pública estadounidense a corto plazo, estableciendo así un marco donde la moneda digital privada actúa como una extensión del sistema financiero tradicional.

Este movimiento se formaliza a través de la ley GENIUS, la cual no solo busca ordenar el ecosistema cripto, sino que establece el primer gran marco federal para los dólares digitales privados. Bajo este modelo, Washington ha optado por no lanzar un dólar digital emitido directamente por la Reserva Federal (Fed), delegando la emisión en entidades privadas como Tether, USD Coin o PayPal USD. Al vincular estas monedas al dólar y exigir reservas en activos líquidos, las stablecoins se transforman en una nueva capa digital de la moneda estadounidense.

El crecimiento de este mercado ha sido notable. En el momento en que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, el mercado de stablecoins se situaba en torno a los 200.000 millones de dólares. En la actualidad, esa cifra ya ha superado los 250.000 millones de dólares, una expansión que Washington ha decidido integrar plenamente en su política de Estado. Una de las principales ventajas de este enfoque es que el sistema no comienza desde cero, ya que estos activos digitales ya existen, se utilizan activamente y se están integrando en los sistemas de pagos globales antes de que muchos bancos centrales hayan concretado sus propias alternativas públicas.

La adopción corporativa ya es una realidad tangible. Visa, por ejemplo, se encuentra ejecutando un piloto en el que liquida parte de sus operaciones mediante stablecoins, alcanzando un ritmo anualizado de 7.000 millones de dólares. Esta cifra representa un incremento del 50% respecto al trimestre anterior y permite que tanto emisores como compradores realicen liquidaciones en monedas digitales, evitando el uso exclusivo de las vías bancarias tradicionales. Por su parte, Mastercard ha iniciado la construcción de capacidades para gestionar remesas, pagos y desembolsos utilizando stablecoins, mientras que Stripe ha reforzado su infraestructura adquiriendo Bridge, una plataforma especializada en el movimiento de dinero mediante tokens.

En contraste, la Unión Europea sigue un camino distinto y más lento. El Banco Central Europeo (BCE), con sede en Fráncfort, está preparando la creación de un euro digital público. Sin embargo, los plazos son considerablemente más extensos: las pruebas piloto no se iniciarían hasta la segunda mitad de 2027 y la posible emisión no se prevé antes de 2029, condicionado a que la regulación europea sea aprobada en 2026.

Aunque el modelo privado estadounidense no es necesariamente más seguro o estable que uno público, posee la ventaja de la inmediatez en el acceso al usuario. Para el consumidor final, la transición podría ser imperceptible, ya que seguirían utilizando sus aplicaciones bancarias habituales y viendo sus saldos de la misma forma. La diferencia radicaría en la infraestructura subyacente, donde el dinero se movería a través de stablecoins o euros digitales en lugar de depender únicamente de la banca tradicional.

El BCE observa este escenario con cautela, consciente de que el mercado global de estos instrumentos está dominado por el dólar. Existe el temor de que, si las stablecoins ganan un peso determinante en el comercio digital, las remesas y los pagos, el nuevo dinero privado circule mayoritariamente en dólares, incluso fuera de las fronteras de Estados Unidos, ampliando la hegemonía internacional de su moneda en detrimento del euro.

Además, el auge de las stablecoins tiene una implicación directa en la financiación de la deuda estadounidense. Para mantener la paridad con el dólar, los emisores deben acumular reservas que incluyen letras del Tesoro de Estados Unidos. Según cálculos del Banco de Pagos Internacionales, a finales de 2025, los activos de los tokens de pago superaban los 270.000 millones de dólares, de los cuales aproximadamente 153.000 millones estaban invertidos en letras del Tesoro. Esto convierte a las stablecoins en una fuente de demanda estructural para la deuda pública estadounidense a corto plazo.

Frente a este dominio, en Europa también surgen iniciativas privadas. Qivalis, una compañía con sede en Ámsterdam, ha logrado el respaldo de 37 bancos europeos de 15 países diferentes para lanzar una stablecoin en euros. Entre las entidades participantes se encuentran nombres como Banco Sabadell, Bankinter, ABN Amro, Rabobank, Nordea, Handelsbanken y Bank of Ireland. No obstante, estos activos digitales en euros aún no cuentan con la escala, la liquidez ni el uso global de las stablecoins vinculadas al dólar. El riesgo real para Fráncfort es que, para cuando el euro digital sea una realidad, el uso práctico del dinero digital ya esté consolidado a través de las soluciones estadounidenses.

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