El sector del transporte profesional se encuentra en una encrucijada marcada por una compleja arquitectura normativa, la transición tecnológica y una creciente vulnerabilidad ante las amenazas digitales. Estas problemáticas fueron analizadas recientemente en una jornada especializada donde expertos en derecho laboral, asesoría empresarial y ciberseguridad expusieron los riesgos y retos que enfrentan las empresas y los trabajadores del sector.
Francisco Pérez de los Cobos, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Complutense de Madrid, puso el foco en uno de los problemas estructurales más graves: la regulación fragmentada y compleja de la jornada de trabajo del conductor profesional. Según el experto, el sector se enfrenta a una superposición de normativas, directivas y normas internas de diversos ámbitos que dificultan el cumplimiento legal. Esta situación se vuelve aún más intrincada al sumar los convenios colectivos negociados y vigentes en el transporte, creando una amalgama normativa que perjudica la seguridad jurídica.
Entre los puntos más controvertidos señalados por Pérez de los Cobos se encuentra la gestión del tiempo de acompañamiento del vehículo en ferris o trenes, así como la determinación del descanso mínimo diario entre jornadas. En relación al primer punto, el catedrático recordó que, aunque una sentencia del Tribunal Supremo sobre un trayecto entre Valencia y Baleares consideró este tiempo como "tiempo de presencia", la falta de una definición precisa de "tiempo de descanso" en el reglamento europeo permite que, si el conductor permanece en un camarote, se entienda como descanso.
Asimismo, el experto mencionó un caso tratado por un juzgado de Figueras (Gerona), donde un conductor con contrato a jornada completa hasta 2025 denunció la falta de compensación en el descanso entre jornadas, centrándose la disputa en la diferencia entre las 11 horas de descanso reglamentarias y la posibilidad de establecer una extraordinaria de nueve horas. Para Pérez de los Cobos, ambos casos evidencian cómo la regulación "profusa y difusa" genera una inseguridad jurídica que, en sus palabras, es la "lacra de nuestro tiempo", beneficiando únicamente a quienes bordean la ley, haciendo efectivo el refrán "a río revuelto, ganancia de pescadores".
Por su parte, Miguel Pereira, asesor laboral de la CETM, abordó la realidad operativa y tecnológica del sector. Pereira subrayó un hecho irrefutable: las mercancías deben seguir transportándose de un lugar a otro, y en este proceso la tecnología desempeñará un papel fundamental. Recordó que ya en 2006 existían registros de vehículos capaces de recorrer 500 kilómetros sin conductor, y que en la actualidad existen proyectos de taxis y autobuses autónomos, aunque la incorporación del transporte de mercancías autónomo aún no se haya materializado plenamente.
Pereira advirtió que el sector enfrenta retos decisivos donde las empresas y las organizaciones empresariales deben jugar un rol activo. Destacó que gran parte de las normativas provienen de Europa, donde se negocian actualmente reglas sobre riesgos psicosociales, economía de plataformas y normas de calidad que impactarán directamente en las compañías. A esto se suma la presión administrativa interna, ya que el Ministerio de Trabajo y Economía Social tiene previstas 17 iniciativas para desarrollar de cara a 2026.
El asesor de la CETM sintetizó los desafíos inmediatos de las empresas de transporte en cuatro ejes principales: la correcta aplicación de la jornada de trabajo de los conductores, la persistente falta de conductores profesionales, la negociación colectiva y, específicamente, la negociación colectiva sectorial.
Finalmente, la jornada cerró con una advertencia crítica sobre la seguridad digital a cargo de Carles Flamerich, CEO de Apolo Cybersecurity. Flamerich reveló que España es el país más atacado del mundo por ciberataques, debido en parte a una falta de conciencia sobre los riesgos. El experto describió a los hackers como empresas organizadas y especializadas en la extorsión que observan a sus víctimas durante meses antes de actuar.
Según los datos proporcionados por Flamerich, se produce un ciberataque cada tres segundos a nivel global. Para las pequeñas y medianas empresas (pymes) del transporte, las consecuencias financieras son severas, con costes de recuperación y reparación de sistemas que oscilan entre los 50.000 y los 500.000 euros. Además, alertó sobre la posibilidad de que el Gobierno imponga multas a aquellas compañías que no estén debidamente preparadas para hacer frente a estos ataques, instando al sector a buscar un asesoramiento profesional para evitar que estas amenazas comprometan la viabilidad de sus negocios.

