La búsqueda de una vivienda propia en Estados Unidos se ha convertido en una experiencia profundamente desigual, dependiendo enteramente de la ubicación geográfica. Mientras que en algunas regiones los compradores enfrentan una competencia feroz que los obliga a superar los precios de lista por sumas exorbitantes, en otras zonas el poder ha comenzado a desplazarse hacia quienes buscan comprar, dejando a los vendedores en una posición vulnerable.
El caso de David y Lindsay Lepinsky ilustra la brutalidad del mercado en el centro de Nueva Jersey. Durante más de dos años, la pareja intentó adquirir una propiedad en una de las zonas más competitivas del país. A pesar de realizar ofertas que superaban el precio solicitado, renunciar a diversas condiciones de compra y extender su presupuesto al máximo, sus propuestas eran sistemáticamente rechazadas. En este entorno, las viviendas suelen venderse por decenas o incluso cientos de miles de dólares por encima del precio inicial.
"Realmente te desanima cuando haces ofertas de US$ 100.000 por encima del precio solicitado y te dejan totalmente fuera de la competencia", explicó David Lepinsky, de 36 años, a CNN. Para él y Lindsay, de 34, la urgencia era clara: querían establecerse antes de formar una familia. Sin embargo, se encontraron con un mercado donde la demanda supera con creces el número de viviendas disponibles, obligando a los interesados a competir por un inventario sumamente limitado.
Esta situación no es nueva a nivel nacional, pero sí ha evolucionado. Hace cinco años, gran parte de Estados Unidos experimentaba un fenómeno similar impulsado por tasas hipotecarias históricamente bajas y una demanda creciente de espacio durante la pandemia. Actualmente, el panorama es más fragmentado. Según Brad Case, economista jefe de Homes.com, aunque a nivel nacional prevalece un mercado de vendedores, el país está transitando hacia una fase distinta, aunque el proceso avanza a ritmos diferentes según la zona.
Para comprender quién lleva la ventaja, los economistas analizan métricas clave como el volumen de inventario disponible, el tiempo que una propiedad permanece en el mercado y si las ventas finales se cierran por encima o por debajo del precio pedido. Una regla general indica que si la oferta de viviendas supera los seis meses, el mercado favorece al comprador; si es inferior, el poder reside en el vendedor.
Datos recientes de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios (National Association of Realtors) sugieren que el equilibrio podría estar cambiando. En abril, el inventario de viviendas sin vender en Estados Unidos alcanzó los 4,4 meses, lo que supone un incremento del 5,8 % respecto al mes anterior. A pesar de esto, el noreste del país, incluyendo Nueva Jersey, así como Chicago y el Área de la Bahía en California, siguen siendo bastiones donde los vendedores mantienen el control total.
En contraste, el llamado "Cinturón del Sol" (Sun Belt) muestra una tendencia opuesta. En estados como Texas, el aumento en la construcción de nuevas viviendas ha incrementado el inventario, enfriando la demanda. En Florida y Louisiana, el factor determinante ha sido el vertiginoso aumento de los costos de los seguros, lo que ha generado indecisión en los compradores y ha empujado a más propietarios a poner sus casas a la venta.
En Nueva Orleans, la agente inmobiliaria Leslie Heindel afirma que los compradores ahora tienen el control. "Dado que tenemos un inventario tan abundante y las casas permanecen en el mercado durante mucho más tiempo, los compradores lo quieren todo", señaló. Heindel explica que es común que los compradores negocien para que los vendedores cubran las reparaciones y los gastos de cierre, presentando ofertas por debajo del precio solicitado. Esta situación ha llevado a algunos vendedores a recuperar apenas su inversión inicial o, en casos extremos, a tener que aportar dinero de su propio bolsillo para cerrar la operación. Heindel mencionó casos de clientes que tuvieron que aportar US$ 5.000 e incluso hasta US$ 30.000 al momento del cierre.
Para los Lepinsky, el agotador proceso terminó hace un mes, coincidiendo con el nacimiento de su primer hijo. Finalmente lograron que se aceptara una oferta, aunque tuvieron que ceder en aspectos que consideraban esenciales, como el tamaño del garaje y la instalación de aire acondicionado central. A pesar de las concesiones, la pareja siente el alivio de haber cerrado este capítulo. Paradójicamente, ahora que han logrado comprar, los Lepinsky podrían beneficiarse de la escasez de viviendas en su zona, ya que tienen previsto poner a la venta su actual casa adosada el próximo mes.


