Los mercados energéticos globales experimentaron un descenso en los precios del petróleo este martes, tras el anuncio oficial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien informó la suspensión de un ataque militar que estaba previsto contra Irán. Esta decisión, orientada a abrir un espacio para las negociaciones diplomáticas, tuvo un impacto inmediato en las cotizaciones del crudo, mitigando las tensiones que habían impulsado los precios al alza en sesiones previas.
En detalle, los futuros del Brent para entrega en julio registraron una caída de 1,13 dólares, lo que representa un descenso del 1%, situándose en 110,97 dólares por barril. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI) de Estados Unidos también mostró una tendencia a la baja. El contrato para entrega en junio, que vence este martes, cedió 28 centavos de dólar (0,3%), cerrando en 108,38 dólares. Asimismo, el contrato de julio, que es el más activo del mercado, declinó 61 centavos, o un 0,6%, ubicándose en 103,77 dólares.
Este movimiento ocurre después de que el brent y el WTI hubieran alcanzado sus niveles máximos desde el 5 de mayo y el 30 de abril, respectivamente. La volatilidad del sector energético está estrechamente ligada al conflicto en el Medio Oriente, el cual ha provocado el cierre de facto del estrecho de Ormuz. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, esta vía marítima es fundamental, ya que por ella transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado, lo que ha derivado en la mayor interrupción de envíos en la historia.
La suspensión de la ofensiva estadounidense se produjo luego de que los líderes de Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos solicitaran al mandatario aplazar el ataque. Estos países mediadores sostienen que las negociaciones actuales podrían estar cerca de concretar un acuerdo aceptable tanto para Estados Unidos como para la región del Medio Oriente. No obstante, la pausa es condicional; Donald Trump ha instruido al Pentágono mantener la preparación para ejecutar una ofensiva a gran escala en cualquier momento, en caso de que no se logre un acuerdo que garantice que Irán no poseerá armas nucleares.
Desde Teherán, la última propuesta de paz presentada implica el cese total de las hostilidades en todos los frentes, incluyendo el Líbano, la retirada de las fuerzas estadounidenses de las zonas cercanas al territorio iraní y el pago de reparaciones por los daños causados durante la guerra. A pesar de estos movimientos, analistas como Ole Hansen, de Saxo Bank, advierten que el mercado sigue saltando de un ciclo de noticias a otro con mucho ruido, aunque sin avances significativos que confirmen el inicio del fin del conflicto.
Paralelamente a la situación internacional, el mercado cambiario en Colombia refleja una marcada inestabilidad. El dólar ha estado sujeto a una gran volatilidad impulsada por factores internos y externos. En el ámbito local, las expectativas generadas por las elecciones y diversas maniobras de mercado implementadas por el Gobierno han contribuido a la devaluación del peso colombiano. La divisa cerró la jornada en 3.797,28 pesos, lo que supone un alza leve de 0,5 pesos frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM), que se ubicó en 3.796,78 pesos. Durante la sesión, se registró un precio mínimo de 3.768,10 y un máximo de 3.817,99 pesos, con un total de 1.495 movimientos que sumaron un monto de 1.157 millones de dólares.
Mauricio Acevedo, estratega de mercados y derivados de Corficolombiana, señaló que la semana anterior se observó un comportamiento alcista y una volatilidad pronunciada, calificando el movimiento como errático debido a que el país se encuentra en semanas preelectorales.
A nivel global, los inversionistas permanecen atentos a la evolución del conflicto en Medio Oriente y a la postura de la Reserva Federal de Estados Unidos. Existe la expectativa de un posible giro hacia una política monetaria más restrictiva por parte de la Fed con el objetivo de frenar la inflación, la cual ha sido impulsada principalmente por el incremento en los precios de la energía. Este escenario se suma a la fragilidad del peso colombiano, que entre el 1 y el 15 de mayo se posicionó como la moneda emergente más devaluada, con una caída del 3,84%.


