El panorama del comercio exterior de Ecuador muestra una tendencia preocupante al cierre del primer trimestre de 2026, caracterizada por una desaceleración en el crecimiento de las exportaciones y una crisis estructural en el sector petrolero que comienza a despojar al país de su identidad como potencia cruda. Según los datos más recientes, los dólares provenientes de las exportaciones, que al finalizar el año 2025 presentaban un crecimiento del 7,9 %, han experimentado una caída drástica en su ritmo de expansión, registrando apenas un incremento del 1 % hasta marzo de 2026.
Dentro del análisis detallado de los productos exportados, se observa un desempeño dispar. La minería ha logrado posicionarse nuevamente como el segundo producto de exportación no petrolero, solo por detrás del camarón, tras registrar un crecimiento anual del 56 % al comparar los primeros trimestres. Otros sectores también muestran avances, como el camarón con un incremento del 14 % y el banano con un 12 %. Por el contrario, el sector del cacao y sus elaborados han sufrido un retroceso significativo, con una caída cercana al 60 %, lo que devuelve los ingresos en dólares de este producto a los niveles registrados en el año 2023.
Estos productos principales concentran el 78 % del total de las exportaciones nacionales. El resto de la canasta exportadora incluye al atún, pescado y otros elaborados del mar, que representan el 5,5 % del total y han crecido apenas un 1 %. Este sector se encuentra en una posición vulnerable, ya que el incremento en el precio del diésel podría empujar sus resultados hacia números rojos en los próximos meses. Por su parte, las flores naturales, que representan el 3,3 % de las exportaciones, mantienen un crecimiento modesto pero consistente del 3,6 % en los primeros 90 días del año. Finalmente, otras exportaciones menores, que suman el 11 % del total, crecieron un 16 %. Ante este escenario, surge la necesidad de que el Banco Central del Ecuador (BCE), en su Información Estadística Mensual, otorgue a la minería una visibilidad adecuada separándola de la categoría de otros primarios.
El sector petrolero, a pesar de beneficiarse de un entorno externo favorable, no ha logrado traducir la subida de precios en resultados netos positivos. El conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán ha impulsado los precios del crudo desde marzo. El petróleo ecuatoriano, que en febrero se cotizaba en 56,9 dólares, alcanzó los 83,7 dólares en marzo. A pesar de esta mejora y de que el castigo respecto al WTI se ha mantenido estable en siete dólares y centavos, las exportaciones de petróleo y derivados cayeron un 7 % en el primer trimestre.
Esta contradicción se explica por la grave deficiencia en la refinación local, que ha obligado al país a incrementar la importación de derivados. Actualmente, Ecuador importa más del 80 % del diésel que consume internamente, una cifra alarmante si se considera que hace una década la dependencia era ligeramente superior al 50 %. Como resultado, la balanza comercial petrolera de marzo fue de 110 millones de dólares, una cifra significativamente inferior a los 293 millones registrados un año atrás, a pesar de que en aquel entonces el precio era 22 dólares menor.
Este fenómeno evidencia un cambio estructural en la economía nacional. Mientras que en 2023 el sector externo dependía fuertemente de los dólares del petróleo para compensar las importaciones no petroleras, en 2024 la balanza no petrolera comenzó a inclinarse favorablemente hacia la exportación. Para el año 2025, el sector no petrolero llegó a ser casi cinco veces más importante que lo generado neto en el comercio exterior del petróleo.
La situación se agrava con presiones externas y factores inflacionarios. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha insistido en la eliminación de las compensaciones, mientras que la economía interna comienza a sentir el impacto de los costos energéticos. La inflación de abril alcanzó el 0,53 %, cifra que en un solo mes igualó la inflación acumulada de los primeros cuatro meses de 2025, que fue de 0,55 %. De mantenerse esta tendencia, no sería inesperado que la inflación cierre el año cerca del 3 %, proceso en el cual el precio del petróleo desempeña un rol fundamental. En resumen, la combinación de caída en la producción, deficiencias en la refinación y el aumento de la demanda de diésel está erosionando la capacidad del país para sostenerse como una economía petrolera.


