El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega a la jornada final de su visita de Estado a China este viernes, marcando el cierre de una estancia en territorio chino que se ha desarrollado en un plazo inferior a las 48 horas. Según la agenda prevista, el mandatario estadounidense mantendrá un último encuentro con su homólogo chino, Xi Jinping, antes de emprender el viaje de regreso a su país durante la tarde local.
El punto culminante de este cierre diplomático tendrá lugar en torno al mediodía, momento en el cual Trump se desplazará hacia Zhongnanhai. Este complejo, situado estratégicamente junto a la Ciudad Prohibida, funciona como sede de gran parte de la actividad de la cúpula dirigente de la República Popular China. En este espacio, se espera que ambos líderes sostengan un almuerzo de trabajo que servirá como espacio final de interlocución antes de la partida del presidente estadounidense.
La elección de Zhongnanhai como lugar de encuentro posee una carga simbólica y diplomática relevante. El recinto, que fue residencia de figuras clave en la historia china como Mao Zedong, ha sido tradicionalmente el escenario de reuniones de alto nivel entre los dirigentes locales y mandatarios extranjeros. No obstante, el acceso de líderes foráneos a este complejo no es un hecho habitual, por lo que la invitación se interpreta habitualmente como un gesto de cercanía política y diplomática por parte del gobierno chino hacia el visitante.
Esta visita representa la segunda vez que Donald Trump se desplaza a China desde la primera que realizó en 2017 durante su primer mandato, y constituye su primer viaje a Pekín tras su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025. La brevedad de la estancia, que no ha superado las 48 horas, ha concentrado una agenda densa de reuniones y diálogos estratégicos.
Durante la jornada del jueves, Xi Jinping y Donald Trump llevaron a cabo una primera reunión en el Gran Palacio del Pueblo, la cual se extendió por más de dos horas. En dicho encuentro, el líder chino fue enfático al advertir sobre los riesgos asociados a la gestión de la cuestión de Taiwán. Xi señaló la posibilidad de que se produzca un «choque» o, incluso, un «conflicto» si este asunto, considerado por Pekín como el punto más importante de la relación bilateral, es gestionado de manera inadecuada.
Además de la tensión sobre Taiwán, los mandatarios utilizaron el tiempo de reunión para abordar una amplia gama de temas de geopolítica global y economía. Entre los asuntos discutidos figuran la guerra en Irán, la situación de la reapertura del estrecho de Ormuz, la evolución del conflicto en Ucrania y la estabilidad en la península coreana. En el ámbito técnico y económico, las conversaciones se centraron en el desarrollo de la inteligencia artificial, el comercio bilateral y las condiciones de acceso al mercado chino para las empresas provenientes de Estados Unidos, detalles que fueron recogidos en los comunicados oficiales difundidos por ambas delegaciones.
El componente empresarial ha sido un eje transversal de la visita. Durante la primera jornada completa en Pekín, el entorno de la cumbre contó con la presencia de figuras prominentes del sector tecnológico y empresarial estadounidense. Entre los asistentes destacaron Elon Musk, director de Tesla; Jensen Huang, máximo responsable de Nvidia; y Tim Cook, director de Apple, subrayando la importancia de los intereses corporativos en la relación entre ambas potencias.
A pesar de la intensidad de los encuentros y la cordialidad destacada por ambas partes, la visita no ha dado lugar, hasta el momento, a anuncios de gran calado. No obstante, persiste una fuerte expectativa internacional sobre posibles avances en las áreas comercial y tecnológica. Especialmente, se sigue atento a la posibilidad de una extensión de la tregua arancelaria que fue pactada el pasado octubre en la ciudad surcoreana de Busan, durante la reunión previa sostenida por los mandatarios. El almuerzo final en Zhongnanhai podría ser el espacio donde se definan los siguientes pasos de esta compleja relación bilateral.


