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Alarma por brote de hantavirus en crucero MV Hondius: ¿Existe riesgo de una nueva pandemia?

El hantavirus no se convertirá en pandemia, según la infectóloga Nancy Sandoval, pero el riesgo de ingreso de casos a Guatemala es real.

Alarma por brote de hantavirus en crucero MV Hondius: ¿Existe riesgo de una nueva pandemia?

La reciente noticia sobre la muerte de tres personas y el reporte de diversos pacientes hospitalizados tras contraer hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha generado una ola de inquietud a nivel global. El temor se ve intensificado por el recuerdo aún vigente de la pandemia de covid-19, la cual se propagó rápidamente desde Wuhan, China, al resto del planeta en cuestión de semanas. Ante este escenario, la infectóloga Nancy Virginia Sandoval Paiz, jefa de Servicio del Departamento de Medicina Interna y de la Unidad de Infectología del Hospital Roosevelt, especialista en enfermedades infecciosas y parasitarias tropicales, ha salido al frente para aclarar las dudas sobre este virus y evaluar el riesgo real de una crisis sanitaria mundial.

De acuerdo con la doctora Sandoval Paiz, se puede descartar que el hantavirus se convierta en una crisis sanitaria de escala global similar a la provocada por el SARS-CoV-2. No obstante, la experta enfatiza que los sistemas de salud deben mantenerse alerta, ya que existe un riesgo latente debido al ingreso de casos importados a través de viajeros.

Para comprender la naturaleza de esta amenaza, es necesario revisar el origen del virus. El término hantavirus proviene del río Hantan, en Corea del Sur. Durante la Guerra de Corea, entre 1950 y 1953, más de tres mil soldados de las fuerzas de la ONU presentaron cuadros de fiebre, hemorragias y falla renal. El agente causal permaneció en el misterio hasta 1976, año en que el científico surcoreano Ho Wang Lee aisló el virus en el ratón de campo Apodemus agrarius, capturado precisamente cerca del río Hantan. Este hallazgo no solo resolvió el enigma de una enfermedad que afectaba a soldados desde la Segunda Guerra Mundial, sino que permitió la identificación de toda una familia viral.

El hantavirus es un agente zoonótico que circula en la naturaleza alojado en roedores silvestres, principalmente ratas y ratones de campo, quienes actúan como reservorios sin sufrir daños por el virus. El contagio humano ocurre cuando las personas entran en contacto con estos animales o con espacios que han sido habitados por ellos. La principal vía de entrada es la inhalación; cuando un roedor infectado deposita saliva, heces u orina en lugares cerrados —como cabañas, bodegas, graneros o la cabina de un barco—, estas secreciones se secan y sus partículas quedan suspendidas en el aire. Al respirar en estos espacios sin protección o al realizar labores de limpieza como barrer o sacudir, el virus ingresa por las vías respiratorias. Aunque es menos frecuente, también puede ocurrir la transmisión por contacto directo con las excretas del roedor y posterior contacto con la nariz o la boca.

Un punto crítico en el brote del MV Hondius es la cepa involucrada. Generalmente, los hantavirus se transmiten exclusivamente del roedor al humano y no hay riesgo de contagio entre personas. Sin embargo, existe una excepción documentada: la cepa Andes, presente en Argentina y Chile. Esta es la única variante capaz de transmitirse de persona a persona mediante un contacto estrecho y prolongado a través de secreciones respiratorias. Dado que el crucero zarpó de Ushuaia, Argentina, una zona endémica de la cepa Andes, se confirmó la presencia de este serotipo. Esto implica que las 149 personas a bordo no solo estuvieron expuestas a roedores, sino potencialmente entre sí.

Respecto a la gravedad, el riesgo de enfermar gravemente o morir depende más del entorno y la actividad que de características personales, aunque los adultos mayores, personas con obesidad, diabetes, inmunocomprometidas o quienes padecen enfermedades cardíacas y pulmonares previas son más vulnerables. En el caso del MV Hondius, que transportaba pasajeros mayoritariamente mayores de 50 años, esto explicaría la severidad del brote. La enfermedad progresa en dos etapas: una inicial con fiebre y dolores musculares, y una segunda fase caracterizada por síndrome pulmonar, dificultad respiratoria y choque cardiovascular. Mientras que la tasa de mortalidad en América Latina oscila entre el 30% y 40%, el brote en el crucero reportó un 37%, cifra que podría estar vinculada a la carencia de soporte médico avanzado en alta mar.

Sobre la posibilidad de una pandemia, la doctora Sandoval Paiz es clara: la respuesta es no. A diferencia del SARS-CoV-2, el hantavirus no posee una transmisión aérea eficiente ni se propaga a través de personas asintomáticas. La cepa Andes, aunque transmisible entre humanos, lo hace con baja eficiencia y sus brotes han sido autolimitados a grupos reducidos. Además, el virus requiere reservorios animales específicos y no hay evidencia de que pueda adaptarse para circular sostenidamente solo entre humanos. Sin embargo, la especialista advierte que la deforestación, el cambio climático y la expansión humana hacia ecosistemas silvestres aumentan los encuentros con animales reservorios, sugiriendo que, aunque no sea el hantavirus, la próxima pandemia podría originarse en la interfaz humano-animal.

Finalmente, sobre el contexto de Guatemala, se informó que el país no cuenta con reservorios silvestres confirmados, pero el riesgo de ingreso por viajeros es real. Esto plantea desafíos significativos para el sistema de salud: la falta de pruebas de confirmación rutinarias en el sistema público (requiriendo envío de muestras al CDC de EE. UU. o laboratorios internacionales, lo que genera retrasos críticos), la limitada capacidad de unidades de cuidados intensivos con ventilación mecánica avanzada y la posibilidad de que el personal médico no reconozca la enfermedad en el diagnóstico diferencial debido a su baja frecuencia en el país. La preparación real requeriría protocolos actualizados en puntos de entrada y mecanismos ágiles de confirmación diagnóstica.

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