Las primeras siete semanas de gestión del actual gobierno confirman una tendencia observada en décadas de política: la capacidad de un ejecutivo se mide por su respuesta a imprevistos. Si bien es pronto para definir una tendencia definitiva, la administración actual exhibe una feble capacidad de gobernanza , según el análisis del Doctor en Educación, Sebastián Donoso Díaz. Esto, a pesar de las promesas de campaña que pregonaban eficiencia y soluciones a los problemas existentes.
El análisis, publicado el 4 de mayo de 2026, señala un baño de realidad tanto para el gobierno como para la ciudadanía. El ejecutivo, según Donoso, ha demostrado inexperiencia en el diseño e implementación de políticas públicas orientadas al bienestar general. La ciudadanía, por su parte, percibe que las prioridades de la gestión responden a intereses de barras bravas políticas y económicas de la ultraderecha , dejando de lado las necesidades de la mayoría.
La gestión política, define el autor, es la traducción de ideales y principios a la realidad. Sin embargo, los estudios de opinión pública reflejan una pérdida de confianza en la capacidad del gobierno para comprender los problemas del país y ofrecer soluciones adecuadas.
Durante la campaña presidencial, las prioridades del Presidente Kast se centraron en seguridad, migración y reactivación económica. La educación, según el análisis, no ocupó un lugar central en su agenda y, tras un mes y medio de gobierno, la falta de orientaciones concretas para el sector es evidente. El programa de gobierno presenta iniciativas aisladas, pero carece de un marco integral de política educacional.
Donoso Díaz define la política educacional como un conjunto articulado de principios que guían la acción gubernamental, incluyendo la capacidad de abordar situaciones imprevistas. En este contexto, la situación actual de la educación no resulta sorprendente, ya que la administración, fiel a sus principios ideológicos, prioriza la economía empresarial, relegando la educación pública a un segundo plano. La reciente ola de violencia en las escuelas, aunque importante, no ha generado una respuesta sustancial más allá de medidas puntuales.
El autor distingue entre violencia y convivencia escolar, enfatizando que la escuela es un espacio fundamental para la construcción de virtudes cívicas y el aprendizaje en comunidad. Si bien reconoce la necesidad de abordar la violencia, critica el proyecto Escuelas Protegidas por enfocarse en medidas punitivas sin abordar las causas de fondo ni asignar recursos suficientes.
Un punto crucial del análisis es la asignación de tareas adicionales a los docentes, en detrimento de su rol principal: el aprendizaje de los estudiantes. La falta de recursos para contratar personal de apoyo en seguridad, según Donoso, desprotege a los estudiantes de un tiempo de enseñanza de calidad.
En un mundo en crisis, argumenta el autor, se necesita una política educacional empoderada , con fundamentos sólidos y herramientas claras para preparar a los estudiantes para el presente y el futuro. Esta política debe trascender las soluciones puntuales y superar los ideologismos mezquinos , como la supresión del Sistema de Admisión Escolar, ignorando sus resultados y la experiencia internacional. También, advierte sobre los riesgos de privatizar la educación pública y asfixiar económicamente a los Sistemas Locales de Educación, promoviendo la educación municipal como una alternativa, a pesar de su historial de fracasos.
El análisis subraya la importancia de abordar las brechas en los resultados educativos, las desigualdades en las trayectorias de los estudiantes y las presiones gubernamentales por obtener resultados con recursos limitados. Se requiere, según Donoso, acciones deliberadas y articuladas para dotar a los ciudadanos de las capacidades necesarias para enfrentar los desafíos del mundo actual.
La falta de una política pública integral y relevante en materia de educación es, para el autor, una orfandad preocupante. La situación actual exige certezas y orientaciones claras para preparar a los ciudadanos para un futuro incierto. La gestión actual, hasta el momento, no ha demostrado la capacidad de ofrecerlas.
El texto concluye enfatizando la necesidad de una política educacional que responda a las demandas de un mundo en constante cambio, que priorice el aprendizaje de los estudiantes y que aborde las desigualdades existentes. La falta de una visión clara y de recursos adecuados, advierte Donoso Díaz, podría tener consecuencias negativas para el futuro del país. La urgencia de la situación requiere una respuesta inmediata y efectiva por parte del gobierno, que hasta ahora, parece estar ausente. La educación, en definitiva, no puede seguir siendo una prioridad secundaria en un contexto de crisis global.










