Villa Angelina, Crucero Belgrano y Alejandro Heredia, en el sur de San Miguel de Tucumán, se han convertido en los principales focos del brote de chikungunya de esta temporada. El olor a espiral es omnipresente, mezclándose con la humedad, las pérdidas cloacales y el humo de los insecticidas, mientras el miedo se instala en los vecinos. La enfermedad, transmitida por el mosquito Aedes aegypti, está alterando la rutina diaria y saturando los centros de salud de la provincia.
Yanina Díaz, enfermera de 39 años, es una de las afectadas. Apenas puede caminar debido a los intensos dolores articulares que le provoca la enfermedad. No quiero salir. Todavía tengo miedo , confiesa, mientras se aplica repelente antes de sentarse con dificultad. El origen de su malestar se remonta a su hijo Benicio, de ocho años, quien amaneció con fiebre alta y dolores en las articulaciones. Tras ser atendido en la policlínica local, se confirmó la sospecha: chikungunya. Poco después, Yanina comenzó a experimentar los mismos síntomas, llegando al punto de no poder levantarse de la cama. A él tuvieron que ponerle pañales porque no llegaba al baño , relata con angustia. La familia tuvo que recurrir a la ayuda de vecinos para trasladar a Benicio en silla de ruedas hasta el centro de salud y a Yanina en auto, debido a la imposibilidad de moverse.
La situación en Villa Angelina refleja la gravedad del brote. Los vecinos viven prendiendo espirales, usando repelentes y espantando los mosquitos que sobrevuelan constantemente. Las familias han reorganizado sus rutinas para evitar la exposición a los insectos, cerrando puertas y ventanas, limitando las actividades al aire libre e incluso evitando salir de sus hogares. La alta presencia del Aedes aegypti se atribuye a la falta de mantenimiento de los barrios, con calles en mal estado, pérdidas de agua, microbasurales, cacharros en las veredas y malezas.
Oficialmente, San Miguel de Tucumán registra 246 casos confirmados de chikungunya, representando casi el 70% de los contagios provinciales, que ascienden a 346. Sin embargo, la percepción de los vecinos es que la cifra real es mucho mayor, ya que muchos enfermos optan por no buscar atención médica y se cuidan solos en sus hogares.
El CAPS Doctora Delia de Palma se encuentra desbordado por la afluencia de pacientes con síntomas de chikungunya: fiebre, dolores articulares, vómitos y agotamiento. Los profesionales de la salud atienden a personas que esperan ansiosamente los resultados de los análisis de sangre, mientras algunos reciben sueros para combatir la deshidratación y la baja presión arterial. No existe un tratamiento específico para la enfermedad, por lo que se recomienda paracetamol y reposo para aliviar los síntomas.
Eduardo Medina, de 45 años, espera los resultados de sus análisis en el CAPS. Tras días de dolor de piernas, fiebre y cansancio inexplicable, decidió buscar atención médica. Primero pensé que era agotamiento por el trabajo , cuenta. Después ya me agarró la fiebre y no podía más . El hombre, que ya ha padecido dengue en tres ocasiones, se muestra resignado ante la nueva enfermedad. Señala el estado de abandono de las calles, el agua acumulada y la suciedad como factores que favorecen la proliferación de mosquitos. Uno se cuida, usa repelente, pone espirales pero el mosquito está en todos lados , lamenta.
Belén Páez observa que muchos de sus vecinos evitan acudir al médico, prefiriendo cuidarse en casa. Reconoce que el problema de los mosquitos se agrava por la acumulación de basura y el desborde de las cloacas. El recuerdo de las epidemias de dengue de 2020, 2023 y 2024 aún está presente en la memoria de los vecinos, quienes denuncian el abandono, la infraestructura deteriorada y la saturación del sistema sanitario.
Elsa Gallardo, de casi 70 años, ya ha sufrido dengue dos veces y ahora chikungunya. La enfermedad la ha dejado débil y sin energías. Me dejó más flaca, sin ganas , cuenta. A pesar de las dificultades económicas, invierte sus recursos en comprar espirales, citronela y repelentes. A veces uno siente que no puede hacer más nada , admite, señalando las pérdidas de agua en la calle como focos de reproducción de mosquitos.
En el barrio Crucero Belgrano, las calles se asemejan a un pantano, obligando a los vecinos a improvisar caminos con tablones y maderas para evitar el barro. El olor a cloaca es insoportable. Mirta Raquel Morales, residente del barrio, afirma que viven encerrados debido a la situación. Ella y su familia, compuesta por diez personas, se han contagiado con el virus. Empezó uno y después ya estábamos todos , relata. Denuncia el estado de las zanjas tapadas, la basura acumulada y el agua servida como factores que contribuyen a la proliferación de mosquitos.
Jorge Ale coincide en que el estado de las calles y el agua estancada favorecen la reproducción de los mosquitos. Expresa su temor a que la situación empeore y señala que muchos niños faltan a clases debido a la fiebre y los vómitos.
En el barrio Alejandro Heredia, Ester, una vecina, denuncia la presencia de un enorme basural improvisado, generado por personas que arrojan residuos en la zona. Aunque la Municipalidad limpió el sector recientemente, este se ha vuelto a llenar de basura. Mire cómo está otra vez. No solo hay mosquitos, también hay víboras , advierte, expresando su miedo a que el barrio se convierta en un foco permanente de enfermedades. A pesar de no haber contraído dengue ni chikungunya, Ester vive pendiente de los mosquitos, utilizando ventiladores incluso en los días fríos para espantarlos. Prefiero estar resfriada antes que me pique , resume.
A pesar del avance del otoño, los mosquitos persisten, representando una amenaza constante para la salud de los vecinos de estos barrios del sur de San Miguel de Tucumán. La situación exige una respuesta urgente por parte de las autoridades para abordar las causas de la proliferación de los mosquitos y brindar atención médica adecuada a los afectados.












