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Venezuela: Expectativas vs. Realidad Económica Tras Cambios Políticos

Venezuela: Expectativas vs. Realidad Económica Tras Cambios Políticos
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A pesar de los recientes cambios políticos y la flexibilización de sanciones, la cotidianidad económica de los venezolanos permanece marcada por la inflación y la precariedad, evidenciando una desconexión entre las expectativas de mejora y la realidad palpable en las calles. Un centro comercial en Chacao, en el este de Caracas, refleja esta situación: repleto de gente, pero con pocas compras concretas, salvo en ofertas específicas como las de una marca de ropa interior que atrajo a una fila de 30 personas. Esta escena, común antes de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por Estados Unidos el 3 de enero, persiste a pesar de los anuncios de inversión y crecimiento económico.

La popularidad de las aplicaciones de crédito para compras, incluso para artículos básicos como hamburguesas, subraya la dificultad de acceso a tarjetas de crédito debido a la hiperinflación y el encaje legal bancario. Mientras tanto, Delcy Rodríguez ha superado los 100 días como presidenta encargada, prometiendo mejoras económicas y destacando un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de casi 9% con 20 trimestres consecutivos de expansión. Sin embargo, esta cifra contrasta fuertemente con la realidad del salario mínimo, que actualmente no alcanza ni siquiera un dólar por tres meses.

La flexibilización de las sanciones estadounidenses sobre varios bancos venezolanos y el reinicio de conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial son pasos concretos hacia la estabilización económica. Rodríguez ha enfatizado la atracción de inversiones gracias a la reforma de las leyes de hidrocarburos y minas, y afirma que la producción petrolera ha alcanzado los 1.100.000 barriles diarios.

No obstante, la disparidad económica es evidente. Mientras algunos centros comerciales prosperan, otros permanecen solitarios con tiendas cerradas. El sector de restaurantes experimenta un auge, pero con alta rotación. Los venezolanos priorizan el gasto en insumos básicos antes de que el dinero pierda valor, enfrentando precios elevados, especialmente en proteínas como la carne, que oscilan entre US$ 7 y US$ 10 por kilo.

Un comerciante, que prefirió el anonimato, anunció el cierre de su bodegón de productos importados, argumentando que ya no es rentable, y planea cambiar a la venta de artículos para el hogar, anticipando un consumidor más cauteloso. Mientras los bodegones, característicos de la economía de 2019-2020, disminuyen, el mercado de concesionarios de vehículos se expande, impulsado por la promesa de prosperidad y la disponibilidad de créditos en dólares, aunque esta opción es accesible solo para una minoría.

La mayoría de la población lucha por lo básico. Ángel García, conocido por sus protestas con un hueso en la mano, simboliza la insuficiencia del salario mínimo, que actualmente equivale a US$ 0,27 mensuales, incluso para comprar un hueso. Describe la precariedad que enfrentan los jubilados y la necesidad de recurrir al rebusque de 20 , la venta informal de productos para subsistir.

Un hombre de 71 años, también anónimo, expresa su hartazgo ante la falta de medicamentos, alimentos y seguridad, lamentando la desigualdad donde algunos pueden gastar el equivalente al salario de 100 obreros. A pesar de sus dificultades, continúa trabajando informalmente en tareas ocasionales para complementar sus ingresos.

El economista José Guerra reconoce que las mejoras económicas no son inmediatas, pero confía en la recuperación de Venezuela. Destaca la importancia de estabilizar el tipo de cambio y frenar la inflación para aliviar la carga económica de los ciudadanos. La inflación anual a marzo se situó en 650%, según el Banco Central de Venezuela.

Guerra sugiere que el aumento salarial prometido por Rodríguez, junto con la desaceleración de la devaluación del bolívar (1,5% en abril frente al 13% en marzo), podría ofrecer un primer alivio. Sin embargo, advierte que los cambios estructurales y más profundos podrían no sentirse hasta finales de 2026. El aumento de la oferta de dólares del Banco Central a la banca privada también se considera un factor positivo para la estabilización del tipo de cambio y la reducción de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.

A pesar de las expectativas generadas por los cambios políticos, muchos venezolanos se muestran impacientes por ver mejoras tangibles en sus vidas. La prosperidad económica, para muchos, debe ir acompañada de una estabilidad política a largo plazo, un horizonte que aún no se vislumbra con claridad. La situación actual refleja una profunda crisis que se extiende por más de dos décadas, abarcando aspectos económicos, políticos y sociales.

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