El reciente respaldo electoral a Ricardo Belmont (Obras) y Carlos Álvarez (País para Todos) plantea un escenario de incertidumbre para la conformación del Congreso a partir de 2026, a pesar del anuncio de ambos líderes de retirarse de la política tras las elecciones generales. La irrupción de estas figuras, ajenas a los partidos tradicionales, podría generar una representación parlamentaria fragmentada y volátil, complicando la gobernabilidad y abriendo la puerta a acuerdos transaccionales de corto plazo.
Belmont, quien logró un 10.03% de los votos, y Álvarez, con un 8.06%, capitalizaron el descontento popular y la búsqueda de alternativas fuera del sistema político convencional. Obras asegura una bancada en la Cámara de Diputados, mientras que País para Todos aspira a obtener representación legislativa. Sin embargo, la repentina salida de sus líderes plantea interrogantes sobre la cohesión y el futuro de estas agrupaciones.
Analistas políticos coinciden en que Obras y País para Todos operaron como vehículos electorales personalistas, carentes de una dirección ideológica clara y una estructura partidaria sólida. Enrique Castillo, analista político, señala que “no estamos hablando de una bancada, sino de un grupo de personas que va a actuar según lo que convenga. La ausencia de liderazgo destruye cualquier institucionalidad que pudiera haber en el partido. Obras ha sido un vehículo para que personas sin trayectoria partidaria lleguen al Congreso sin saber por qué”.
La falta de una guía política definida, especialmente en el caso de Obras, podría conducir a la dispersión de sus integrantes en otras bancadas, según Castillo. En el caso de País para Todos, el control orgánico recaería en Vladimir Meza, dueño del partido con el que postuló Carlos Álvarez.
El politólogo Alonso Cárdenas describe este fenómeno como “vientres de alquiler” o “combis electorales”, plataformas improvisadas que permiten a candidatos sin arraigo partidario llegar al poder sin construir organización, ideología ni militancia. “Cuando el líder ya no está, la bancada tiende a implosionar y emerge el transfuguismo”, advierte Cárdenas.
La eventual bancada de Obras se enfrentaría a una fragmentación casi inevitable, y sus integrantes, liberados de la influencia de Belmont, podrían buscar alianzas oportunistas en otras bancadas. Esta situación, en lugar de facilitar la gobernabilidad, podría complicar aún más la formación de mayorías estables.
Cárdenas enfatiza que esta volatilidad parlamentaria incentivaría acuerdos transaccionales de corto plazo, “negociaciones bajo la mesa”, que erosionarían la transparencia y la rendición de cuentas. Este escenario se asemejaría a la inestabilidad observada con bancadas como Perú Libre, pero con una intensidad aún mayor.
Eduardo Hernando, por su parte, argumenta que una “corporación sin cabeza” –en referencia a la renuncia de Belmont y Álvarez– se traduce inevitablemente en curules desarticuladas y huérfanas. Esta situación agravaría el ya debilitado estado de la institucionalidad del Congreso y alimentaría el riesgo de acuerdos “no necesariamente malos” pero con consecuencias nefastas para el país.
“Esta situación se presta más bien a incentivar negociaciones o acuerdos que de pronto no necesariamente van a tener que ser siempre malos, pero que sí pueden fácilmente ser convertidos en ‘pactos mafiosos’ o en ‘mafias congresales’, lo que debilita aún más a la institución, paradójicamente”, explica Hernando.
La conformación del Congreso para el periodo 2026-2031 se perfila con una mayoría de Fuerza Popular en la Cámara de Senadores (22 escaños), seguida de Juntos por el Perú (11), Renovación Popular (8) y Partido del Buen Gobierno (8). Obras obtendría 6 escaños y Ahora Nación, 5. Entre los candidatos con mayores posibilidades de obtener una curul se encuentran Rafael López Aliaga, Katherine Ampuero, Miguel Torres, Martha Chávez, José Castillo Terrones, Patricia Iturregui, Jaime Delgado, Alfonso López Chau y Marco Miyashiro.
En la Cámara de Diputados, Fuerza Popular lideraría con 41 escaños, seguida de Juntos por el Perú (22), Renovación Popular (20), Partido del Buen Gobierno (19), Obras (18) y Ahora Nación (10).
La inestabilidad que podrían generar las bancadas de Obras y País para Todos, sumada a la fragmentación política existente, plantea un desafío para la gobernabilidad del próximo gobierno. La capacidad de construir consensos y formar mayorías estables dependerá de la habilidad de los partidos políticos para negociar y llegar a acuerdos, evitando caer en prácticas clientelistas y transaccionales que erosionen la confianza ciudadana en las instituciones.
La salida de Belmont y Álvarez deja un vacío de liderazgo que podría ser aprovechado por otros actores políticos para consolidar su poder o para promover agendas particulares. La vigilancia ciudadana y el control de los medios de comunicación serán fundamentales para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en el Congreso, evitando que la falta de institucionalidad se convierta en un caldo de cultivo para la corrupción y el clientelismo. El futuro del Congreso, y por ende, del país, dependerá de la capacidad de los actores políticos para superar la fragmentación y construir un proyecto común que responda a las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía.


