La guerra en Medio Oriente podría impulsar en u$s10.000 millones anuales el superávit comercial energético de Argentina, alcanzando un récord de u$s48.000 millones para 2030, según un estudio de la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos (CEPH). El informe, liderado por el experto Nicolás Arceo, analiza tres escenarios moderado, expansivo y acelerado para el desarrollo de los hidrocarburos, con foco en los no convencionales y la actividad en Vaca Muerta, y los traslada a los precios actuales impactados por el conflicto bélico.
El estudio revela que, de cumplirse las proyecciones, el sector energético podría generar más ingresos en dólares que el sector agroindustrial, que en 2025 registró un superávit de u$s42.196 millones, mientras que el energético alcanzó los u$s7.829 millones. Bajo los precios actuales del petróleo (u$s90 el barril Brent) y el gas (u$s16,2 por millón de BTU), la balanza energética podría superar los u$s48.000 millones anuales para 2035 en el escenario más optimista.
Los escenarios "base" se elaboraron inicialmente con precios de noviembre de 2025 (Brent a u$s62 y gas a u$s9,3 por millón de BTU), considerando una reducción en el costo de un pozo terminado de u$s15 millones a u$s13 millones. Sin embargo, la guerra en Medio Oriente ha alterado significativamente estas proyecciones, elevando los precios de los hidrocarburos y modificando la evolución de las balanzas comerciales.
El informe subraya la importancia de inversiones en infraestructura de transporte (VMOS, midstream para gas asociado al shale oil, ampliaciones de gasoductos, reversiones), proyectos de GNL, plantas de bombeo y tratamiento, nuevos puertos exportadores, la vigencia del RIGI y la estabilidad regulatoria y fiscal para maximizar el potencial del sector. "Sólo la conformación de un horizonte macroeconómico y regulatorio estable, en un entorno fiscal competitivo a nivel internacional, permitirá incrementar sustantivamente los niveles de inversión y, con ello, de la producción hidrocarburífera en la próxima década", enfatiza el reporte.
La duplicación de la actividad en Vaca Muerta requerirá inversiones significativas, que se verán impactadas por el aumento de los costos de producción y los insumos. Además, los escenarios analizados no incluyen el desarrollo de la Cuenca Cuyana, Palermo Aike, proyectos offshore ni el no convencional de la Cuenca San Jorge, lo que sugiere un potencial aún mayor.
Desde 2017, la producción de petróleo y gas en Argentina ha experimentado una recuperación notable, alcanzando niveles récord tanto en producción como en exportaciones. Entre 2022 y 2023, el sector hidrocarburífero aportó u$s12.000 millones adicionales en divisas. El desarrollo de los recursos no convencionales, especialmente en Vaca Muerta, se presenta como la clave para el futuro energético del país.
Carlos Ormachea, presidente de la CEPH, destaca que Vaca Muerta es un proyecto de exportación y que el autoabastecimiento no es el objetivo principal. "En el futuro se avanzará hacia la transición energética, pero en el mundo ya no se usan subsidios para proyectos que no son rentables: se invierte donde hay negocio, en proyectos rentables que se pagan", afirma. Ormachea subraya la necesidad de aprovechar la ventana de oportunidad que ofrecen los recursos hidrocarburíferos antes de que la transición energética avance demasiado.
Nicolás Arceo, consultor privado y director de Economía y Energía, señala que existe una demanda creciente de petróleo hasta la próxima década, aunque la Agencia Internacional de la Energía revisa constantemente sus proyecciones. "Lo que se sostiene es un aumento de la demanda de gas natural producto de la disminución del uso del carbón en el mundo, y eso es una oportunidad para el GNL argentino. Para el petróleo hay diferencias en las proyecciones, pero coinciden en que el declino comienza recién en 2035", explica.
El escenario moderado de la CEPH proyecta una producción de 1 millón de barriles de petróleo y 213 MMm /d de gas en 2030, con un saldo de la balanza comercial energética de u$s17.741 millones. Para 2035, la producción ascendería a 1,204 millones de barriles y 218 MMm /d, con un saldo de u$s18.535 millones. A los precios de guerra, estos números se elevan a u$s18.442 millones en 2030 y u$s23.226 millones en 2035.
El escenario expansivo, compartido por el secretario coordinador de Energía y Minería de la Nación, Daniel González, prevé un crecimiento más significativo, con una producción de 1,14 millones de barriles de petróleo y 281 MMm /d de gas en 2030, escalando a 1,688 millones de barriles y 301 MMm /d en 2035. El saldo de la balanza comercial en este escenario alcanzaría los u$s24.639 millones en 2030 y u$s37.678 millones en 2035. A los precios de guerra, las balanzas comerciales subirían a u$s32.576 millones en 2030 y a u$s48.681 millones en 2035.
El escenario acelerado, que anticipa a 2030 los objetivos previstos para 2035, proyecta una producción de 1,676 millones de barriles de petróleo y 281 MMm /d de gas en 2030, con un saldo de la balanza comercial de u$s36.768 millones. Para 2035, la producción se mantendría en niveles similares, con un saldo de u$s37.271 millones. A los precios de guerra, el superávit de las balanzas comerciales subiría a u$s47.225 millones en 2030 y a u$s48.190 millones en 2035.
El informe destaca que la guerra en Medio Oriente está reconfigurando el mapa energético global, y Argentina tiene la oportunidad de posicionarse como un proveedor confiable de hidrocarburos. En materia de GNL, se espera una reducción en la necesidad de importaciones, con un posible saldo neto positivo para 2026.
A pesar de las oportunidades, persisten desafíos en materia de competitividad, con costos de producción más altos que en la cuenca Permian en Estados Unidos. Además, el conflicto podría impactar los costos globales de desarrollo, especialmente para proyectos de GNL. Sin embargo, la guerra también podría generar un incremento de alrededor de u$s10.000 millones anuales en la balanza comercial energética hacia 2030 y 2035, impulsando la economía argentina.










