El Banco Central de Costa Rica (BCCR) ha incrementado su actividad en el mercado cambiario, realizando intervenciones con el objetivo específico de moderar la caída del tipo de cambio, una estrategia que no se implementaba desde 2015. A pesar de haber comprado $575 millones en operaciones de estabilización desde el 19 de febrero de este año, equivalente al 49% de todos los dólares negociados en el Monex durante ese período, la efectividad de estas acciones es cuestionable.
Estas intervenciones se enmarcan dentro del artículo 87 de la ley orgánica del BCCR, que le permite participar para evitar fluctuaciones violentas . El BCCR compra dólares para atenuar caídas y los vende para suavizar aumentos. Sin embargo, un análisis exhaustivo realizado por El Financiero sobre las intervenciones desde febrero de 2015, cuando se adoptó el régimen de flotación administrada, revela resultados mixtos.
Es crucial distinguir los diferentes tipos de intervención del BCCR. La mayoría de las operaciones diarias se realizan para reponer las divisas vendidas al Sector Público no Bancario (SPNB) o para gestionar sus reservas propias. Estas intervenciones, aunque impactan el mercado, no tienen como objetivo principal influir en el tipo de cambio. No obstante, Rodrigo Cubero, expresidente del BCCR, argumenta que todas las operaciones del Banco Central tienen una vocación estabilizadora, ajustando los montos de compra y venta según las condiciones del mercado.
La intervención por estabilización es la que busca un objetivo más explícito de influir en el mercado, creando un techo o piso para la divisa, aunque no límites estrictos como en el régimen de banda cambiaria anterior. Cuando el BCCR compra, busca aumentar la demanda de dólares para evitar una caída pronunciada, y cuando vende, busca aumentar la oferta para evitar un aumento excesivo.
Pablo González, gestor Jr de Portafolios de Mercado de Valores, explica que estas intervenciones generan expectativas en el mercado que pueden detener o acelerar los procesos de apreciación o depreciación. La definición de fluctuación violenta queda a discreción del BCCR, bajo criterios técnicos acordados por la Junta Directiva. El presidente del ente emisor, Róger Madrigal, ha expresado que el BCCR se siente más cómodo con un precio del dólar que responda a las fuerzas del mercado, sugiriendo que una fluctuación violenta debe ser un cambio en el precio no explicado por las condiciones normales de oferta y demanda.
Madrigal ejemplifica que intervendría en situaciones donde el tipo de cambio baja y las ventanillas están muy secas, o ante transacciones atípicas que generan un choque en el mercado. Además del efecto tangible en el mercado, las operaciones de estabilización tienen un efecto psicológico, enviando un mensaje al mercado sobre la voluntad del BCCR de suavizar las subidas o caídas.
El análisis de El Financiero contabilizó 44 episodios de estabilización desde febrero de 2015, definiendo cada episodio como una racha de intervenciones (ventas y compras) que termina tras cinco días hábiles sin actividad. Para medir la efectividad, se calculó la volatilidad del precio del dólar diez días antes y diez días después de cada episodio. Los resultados revelan que el BCCR no siempre logra reducir la volatilidad: en un 46% de los episodios la volatilidad se redujo, pero en el 54% restante aumentó.
El éxito no aumenta significativamente con intervenciones más dominantes. En los seis episodios en los que el BCCR vendió el 50% o más del total negociado en el Monex, solo redujo la volatilidad en tres ocasiones. Tampoco hubo una mejora con mayores montos nominales: solo tres de los diez episodios de mayores desembolsos tuvieron éxito inmediato. Curiosamente, la volatilidad bajó en 8 de los 11 episodios en los que el BCCR vendió menos de un 10% del total del Monex.
Sin embargo, en cuatro de las mayores operaciones de estabilización, se observó un cambio de tendencia en el corto y mediano plazo, como el episodio de junio de 2022, que detuvo la alza del dólar a casi 700 e inició su caída a 500.
Las compras de dólares por parte del BCCR son menos frecuentes y más difíciles de medir en términos de efectividad. Solo se contabilizaron tres episodios entre febrero de 2015 y marzo de 2026. El episodio de febrero de 2024, con la compra del 54% del Monex ($259 millones), redujo la volatilidad en un 51% y el tipo de cambio varió menos de 4. Sin embargo, la tendencia bajista continuó, llevando al BCCR a un nuevo episodio en marzo, que aún no ha concluido y cuya efectividad aún no se puede medir.
Esta asimetría entre operaciones de venta y compra refleja la nueva realidad cambiaria del país, donde el BCCR ahora considera necesario estabilizar la caída del tipo de cambio después de una década de concentrarse en suavizar las alzas. Esta nueva situación plantea diferentes interpretaciones para el mercado, ya que el BCCR tiene un margen de maniobra mayor a la baja debido a su capacidad de emitir colones sin la limitante de quedarse sin reservas.
A pesar de su participación activa, el poder del BCCR tiene limitaciones. No puede nadar contra la corriente de las fuerzas de oferta y demanda a largo plazo. En períodos de alta incertidumbre, como la crisis fiscal de 2017-2018 y la pandemia de 2020-2021, es difícil revertir una tendencia alcista.
Por lo tanto, las operaciones de estabilización buscan ayudar a la formación de precios cuando el mercado se desordena , como en casos de ataques especulativos. Además, la comunicación clara por parte del BCCR es fundamental para maximizar el impacto de sus intervenciones, según Cubero y Daniel Ortiz, economista y director de Cefsa.
El éxito de los recientes episodios de estabilización dependerá de la credibilidad del mercado en la capacidad del BCCR de acotar las volatilidades sin contrariar las fuerzas de oferta y demanda, ya que el objetivo no es ganarle al mercado, sino convencerlo de que la tendencia no se convertirá en un tsunami.











