El embalse Mazar, vital para el suministro eléctrico de Ecuador, continúa descendiendo a un ritmo alarmante. Datos de la Corporación Eléctrica de Ecuador (Celec) Sur revelan que, hasta el 4 de abril de 2026, la cota del embalse ha bajado 15,69 metros desde el 15 de marzo del mismo año, cuando superaba los 2.153 metros sobre el nivel del mar. Actualmente, se encuentra en 2.137,31 msnm, situándose a tan solo 25,31 metros del nivel mínimo de operación segura (2.112 msnm) y a 39 metros del nivel mínimo establecido en su diseño (2.098 msnm).
La situación es crítica debido a que el complejo hidroeléctrico Paute Integral, del cual Mazar es parte, genera aproximadamente el 40% de la demanda nacional de energía. Este complejo está conformado por Mazar (170 MW), Molino (1.100 MW) y Sopladora (487 MW), sumando un total de 1.757 MW. La disminución en los niveles de Mazar, por lo tanto, impacta directamente en la capacidad de generación de energía del país.
La escasez de lluvias en la cuenca oriental es la principal causa de esta preocupante situación. El flujo que llega al embalse se ubicó en 23,17 metros cúbicos por segundo (m /s) este 4 de abril, una cifra significativamente inferior al mínimo requerido de 146 m /s, según el consultor eléctrico Ricardo Buitrón. De hecho, los caudales actuales son comparables a los de abril de 2024, un período marcado por apagones de hasta ocho horas diarias en Ecuador.
Si bien en 2024 el caudal promedio fue de 56,08 m /s y llegó a descender hasta los 12,6 m /s el 13 de abril, la diferencia con la situación actual radica en que Mazar contaba con menores reservas de agua en ese entonces, llegando a los 2.106,66 msnm, por debajo del punto de operación seguro.
A pesar de la disminución en los niveles del embalse, las reservas de Mazar aún están sosteniendo la generación hidroeléctrica del país. Según datos del Operador Nacional de Electricidad (Cenace) hasta el mediodía del 4 de abril, la generación hídrica representó el 65,5% del total, con un aporte de 985,3 MW por parte del complejo Paute Integral, equivalente al 56% de su capacidad total.
El resto de la generación se cubre con centrales térmicas y barcazas alquiladas (33,6%), mientras que las fuentes renovables (eólica, fotovoltaica y biomasa) contribuyen con un 0,9%. Además, el sector privado ha activado su autogeneración por hasta 14 horas diarias en días ordinarios y cuatro horas en fines de semana y feriados, aportando alrededor de 170 MW, con un potencial de alcanzar los 470 MW según el Ministerio de Ambiente y Energía.
Sin embargo, la situación se complica aún más debido a la suspensión de las importaciones de energía de Colombia, que alcanzaban los 450 MW. Esta medida, tomada por el gobierno colombiano el 22 de enero de 2026, fue una respuesta a la tasa de seguridad impuesta por el presidente ecuatoriano Daniel Noboa a las importaciones colombianas, que inicialmente era del 30% y luego ascendió al 50%.
Ante este panorama, Ricardo Buitrón estima que las reservas de Mazar permitirán sostener la generación de energía hasta finales de abril de 2026, siempre y cuando no se produzcan cambios significativos en las condiciones climáticas. Sin embargo, advierte que el gobierno no ha implementado soluciones propias para cubrir el aumento anual de la demanda eléctrica, que se estima en alrededor de 300 MW.
La prolongación del estiaje, similar a lo ocurrido en 2024, podría generar problemas en el suministro eléctrico si se agotan las reservas de Mazar. El especialista advierte que, de mantenerse la escasez de lluvias, Ecuador podría enfrentar una crisis energética similar a la experimentada en años anteriores.
La situación exige una respuesta urgente por parte de las autoridades ecuatorianas, que deben considerar medidas para diversificar la matriz energética, aumentar la eficiencia en el uso de la energía y garantizar el suministro eléctrico a la población y a las industrias del país. La dependencia excesiva de la generación hidroeléctrica, combinada con la vulnerabilidad a los fenómenos climáticos y las tensiones comerciales con países vecinos, pone en riesgo la estabilidad energética de Ecuador.












