Estados Unidos busca acceder a tres bases militares adicionales en Groenlandia, incluyendo dos que fueron abandonadas tras su uso durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, según declaraciones del general Gregory M. Guillot, alto mando del Pentágono, reveladas recientemente. El objetivo, según el general, es “desarrollar más puertos y aeródromos” para ampliar las opciones estratégicas de Estados Unidos en el Ártico.
Si bien la ubicación exacta de estas bases no ha sido divulgada, la teniente comandante Teresa C. Meadows, portavoz del Comando Norte estadounidense, ha confirmado que las ciudades de Narsarsuaq y Kangerlussuaq son puntos de interés clave. Narsarsuaq ofrece un puerto de aguas profundas, mientras que Kangerlussuaq cuenta con una pista de aterrizaje extensa, adecuada para aviones de gran tamaño. Ambas localidades fueron utilizadas por las fuerzas estadounidenses durante décadas, hasta su retirada en los años 50 y 90 respectivamente.
Actualmente, Estados Unidos mantiene una única base militar activa en Groenlandia: Pituffik, anteriormente conocida como Thule, dedicada a la defensa antimisiles. La solicitud de acceso a nuevas instalaciones se enmarca en un contexto de creciente interés estratégico en la región ártica, impulsado por la rivalidad con Rusia y China, así como por la apertura de nuevas rutas marítimas y la explotación de recursos naturales.
El interés de Washington en Groenlandia no es nuevo. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión de Dinamarca por las tropas nazis, Estados Unidos extendió su protección a Groenlandia, desplegando miles de soldados en más de una docena de bases militares en la isla. Esta cooperación se formalizó en 1951 a través de un acuerdo que fue actualizado en 2004, un pacto que Dinamarca y Groenlandia han invocado para demostrar su alianza con Estados Unidos en materia de seguridad.
El general Guillot ha enfatizado que el acuerdo de 1951 es “muy completo y favorable” a las operaciones estadounidenses en Groenlandia, sugiriendo que no es necesario un nuevo tratado para ampliar la presencia militar en la isla. Además, ha restado importancia a posibles objeciones por parte del gobierno danés, describiendo a Dinamarca como un “socio que ha brindado un apoyo enorme”.
El deseo de Donald Trump de adquirir Groenlandia se hizo público durante su primer mandato, cuando planteó la posibilidad de comprar la isla a Dinamarca. Trump ha insistido en que la adquisición de Groenlandia es vital para la “seguridad nacional” y del hemisferio, vinculándola a la explotación de recursos minerales y energéticos, la apertura de nuevas rutas marítimas y la competencia estratégica con Rusia y China. En un momento dado, Trump incluso amenazó con imponer aranceles a los países europeos que desplegaran tropas en la isla, lo que generó un rechazo generalizado por parte de los gobiernos de la Unión Europea.
Las tensiones comenzaron a disminuir a finales de enero de 2026, después de que Trump anunciara en el Foro Económico Mundial de Davos “el marco de un futuro acuerdo” con la OTAN sobre Groenlandia y suspendiera sus amenazas de imponer nuevos aranceles. Sin embargo, las recientes declaraciones de los militares ante el Congreso estadounidense demuestran que la Casa Blanca no ha abandonado su interés en el territorio ártico.
La nueva estrategia para aumentar la presencia estadounidense en Groenlandia se está llevando a cabo de manera discreta, en contraste con la retórica más agresiva utilizada por Trump en el pasado. La administración actual parece optar por un enfoque más diplomático, buscando fortalecer la cooperación con Dinamarca y la OTAN para lograr sus objetivos estratégicos en la región.
El acuerdo de cooperación de 1951, que ha sido resaltado por funcionarios estadounidenses, establece las bases para la colaboración en materia de defensa y seguridad. Sin embargo, la interpretación y aplicación de este acuerdo podrían ser objeto de debate, especialmente en lo que respecta al acceso a bases militares y la realización de ejercicios conjuntos.
La creciente presencia militar de Estados Unidos en Groenlandia podría tener implicaciones significativas para la seguridad y la estabilidad en el Ártico. Rusia ha advertido que tomará “medidas castrenses” si Groenlandia es militarizada, y la OTAN ha lanzado una misión de seguridad en la región para responder a las crecientes tensiones.
El futuro de Groenlandia y su relación con Estados Unidos dependerá de una serie de factores, incluyendo la evolución de la situación geopolítica en el Ártico, la voluntad política de los gobiernos involucrados y la opinión pública en Groenlandia, donde existe un debate sobre los beneficios y los riesgos de una mayor presencia militar extranjera. La isla, con su ubicación estratégica y sus recursos naturales, se ha convertido en un punto focal en la competencia por el control del Ártico, y su destino podría tener un impacto duradero en la seguridad y la estabilidad de la región.

